Traición de Elizondo y aprehensión del Generalísimo Ignacio Allende y demás insurgentes

Otras Notas: 

La mañana del domingo 21 de marzo de 1811, el coronel Ignacio Elizondo, mandó a varios hombres al encuentro del Generalísimo Ignacio Allende, para ofrecerle ayuda y guía por el desierto, asegurándole que en Acatita de Baján, Coahuila, encontrarían agua suficiente. Los insurgentes viajaban en una caravana de coches hacia los Estados Unidos, por el lugar que les había dicho Elizondo.

 

Traición del coronel Ignacio Elizondo

En Acatita de Baján, el coronel Elizondo, esperó la llegada de los insurgentes, deteniendo uno a uno los coches y aprehendiendo a los pasajeros. En el quinto coche de la caravana viajaba don Ignacio Allende, José Mariano Jiménez, Indalecio de Allende Herrera, hijo mayor del Generalísimo, entre otros. Elizondo que se dio cuenta de quiénes se trataba, ordenó a don Tomás Flores que con su gente rodeara el coche, mientras él les intimó rendición con estas palabras ¡Ríndanse a nombre del Rey! Allende, respondió con rapidez y decisión: ¡Eso nunca! ¡Yo no me rendiré! ¡Primero Morir! Y echando mano de su pistola disparó contra el coronel Elizondo, al mismo tiempo que le gritaba ¡Traidor!, sin lograr hacer blanco en él.

Muerte de Indalecio de Allende Herrera, hijo del Generalísimo

Al disparar Ignacio Allende sobre el coronel Elizondo, éste ordenó a sus soldados hacer fuego sobre el coche, pegando al teniente general don Indalecio, quien recibió un balazo en el corazón, muriendo en el acto. Allende fue hecho prisionero.

 

El Cura Miguel Hidalgo también fue capturado. Los insurgentes fueron conducidos a Chihuahua.

Comparecencias de Ignacio Allende

 

El 10 de mayo de 1811, comparece el Generalísimo don Ignacio Allende y   Unzaga ante el juez Comisionado don Ángel Abella. El interrogatorio que se formuló al Generalísimo Allende, fue el más largo y agotador de todos los que se hicieron a los jefes insurgentes.

 

 

Es fusilado el Generalísimo Ignacio Allende,

junto con Aldama y Jiménez

 

El 18 de junio, el licenciado Rafael Bracho, rindió su dictamen del caso de don Ignacio Allende y Unzaga. Expresó muchas frases y conceptos insultantes contra el Generalísimo, para fundar su petición de muerte.

 

En la Plaza de los Ejercicios de la ciudad de Chihuahua, un 26 de junio de 1811, el Generalísimo Ignacio Allende y Unzaga fue fusilado, junto con don Juan de Aldama, don José Mariano Jiménez y don Manuel Santamaría, sus compañeros de infortunio, que también habían sido sacados de la capilla y quienes fueron ejecutados por el mismo crimen: El de querer hacer su patria independiente y libre.

 

En tanto, en San Miguel el Grande, es fusilado el insurgente Bernardo Gómez de Lara, quien comandaba a los indios en Nola, Tula y Palma.

 

Cabezas de los insurgentes son llevadas a Zacatecas

 

El 24 de julio de 1811, el intendente  interino avisó a Calleja, quien a su vez envió  una carta a don Nemesio Salcedo: “Me ha participado ya el Yntendente interino de Zacatecas la llegada á aquella Ciudad de las Cavezas de Allende, Aldama y Ximenez, reos principales de la Ynsurrección, las quales dizpondré se figen en las poblaciones donde executaron sus primeros crímenes y donde puede producir mayor efecto este espectáculo, conforme á lo resuelto por el Excentilisimo Señor Virrey de estos Reynos…Félix Calleja. Señor comandante Gral. Brigadier Don Nemecio Salcedo”.-

 

(Texto original)

El 21 de agosto de 1811, Don Ignacio López Rayón y don José María Liceaga, vocales de la “Suprema Junta Gubernativa de América”, establecida en Zitácuaro, propusieron que se solemnizase el 16 de septiembre, los días de los santos de Ignacio Allende y Miguel Hidalgo, y el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe.

 

Inscripción sobre las cabezas de insurgentes:

 

El 14 de septiembre de 1811, Fernando Pérez Marañón, el infame individuo fue comisionado para que redactase la cruel inscripción: “Las cabezas de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, insignes facinerosos, y los primeros caudillos de la revolución; que saquearon y robaron bienes del culto de Dios y del Real Erario; derramaron con la mayor atrocidad la inocente sangre de sacerdotes fieles y Magistrados justos; y fueron causa de todos los desastres, desgracias y calamidades, que experimentamos y que afligen y deploran los habitantes de todos los de esta parte tan importante de la Nación Española”.

 

Las trágicas jaulas de hierro donde se colocaron las venerables cabezas, fueron fabricadas por Modesto Pérez, de los forjadores de Marfil. El mismo Pérez, fue el que instaló las jaulas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas.

 

Los restos de Allende, Aldama, Hidalgo y Jiménez llegan

a San Miguel el Grande

 

El 2 de septiembre de 1823, llegan los restos de los héroes insurgentes: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, a San Miguel el Grande. Los sanmiguelenses recibieron la urna, por cincuenta dragones al mando del teniente don Antonio de Alicante y don Antonio Agesta. Se les preparó un recibimiento grandioso, pues, con toda oportunidad se adornaron las calles.

 

El 3 de septiembre de 1823, en el templo de San Francisco la comitiva y la tropa, solemnizándose en la vigilia y misa de difuntos a los restos de Allende, Aldama, Hidalgo y Jiménez. La tropa se mantuvo en formación e hizo la artillería una descarga de quince cañonazos. Terminada la ceremonia fue bajada la urna de la pira, llevada por cuatro eclesiásticos y entregada al presidente del Ayuntamiento la llave y salió hacia la ciudad de Celaya y otras poblaciones.

 

Vicente Guerrero recibe los restos de los generales insurgentes

 

Llegaron a la Colegiata de la Villa de Guadalupe, en   la   ciudad   de   México, el 15 de septiembre, los restos de los héroes de la Independencia: Allende, Aldama, Hidalgo, Jiménez, y otros, procedentes de muchas partes del país, siendo recibidos por el Presidente de la República, Vicente Guerrero, con miembros del Congreso.

 

Dos días después los restos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, fueron depositados en  la Catedral de México, donde se levantó un sepulcro.

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