Artesanías Guanajuatenses

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A continuación se presentan algunas de las artesanías que se elaboran en el estado de Guanajuato, su historia y municipios donde se desarrollan:

Textiles:

 

En el estado de Guanajuato se fabrican gran cantidad de artesanías textiles, por ejemplo: sarapes, rebozos, deshilados, bordados, trajes de charro, etc. 

Luego de que los españoles trajeran el ganado en el siglo XIV, se pudo proveer de lana a los primeros obrajes locales logrando el auge en las postrimerías del siglo XIX en algunos municipios del estado, se comenzaron a elaborar los jorongos, cobijas, sarapes y más, en diferentes colores, diseños y calidad.

Los sarapes de San Miguel son los más afamados en el Bajío, conservan el diseño de diamante policromo, la bocamanga con grecas y numerosas franjas de uno o varios colores, aunque también se aprovechas los tonos naturales de la lana que logra matices en gris y pardo.

Los de San Luis de la Paz se advierten la textura de las franjas de brillante colorido y el uso de figuras geométricas entretejidas sobre campos lisos y neutros. En esta región también se elaboran cobijas de un peinado más o menos rústico adornadas con motivos florales.

En la región de Coroneo se elabora un sarape de escaso colorido, en el que descuellan el negro, el blanco y los diversos tonos de gris. Su firmeza se adquiere gracias al buen vellón, sedoso y largo, de la lana producida en la región. Junto a sus motivos geométricos sobresalen sus delga das franjas y el rizado de sus flecos.

Asimismo, en otras partes del estado (Silao, Dolores Hidalgo, Moroleón, Uriangato y Guanajuato capital, entre otras) se manufacturan cobijas y jorongos sin características, pero no exentas de belleza, colorido y calidad en sus tejidos y texturas.

Alfarería:

El término cerámica proviene del griego Keramos-arcilla, y alfarería del árabe alfar; ambos conceptos son aplicables al trabajo alfarero, ya que el primero es todo material de arcilla fusionable a determinada temperatura, sin importar el tipo de tecnología utilizada; el segundo se aplica al trabajo de barro, indiscriminadamente.

Los primeros historiadores que llegaron a la Nueva España describieron algunos de los objetos que se encontraban en estas tierras, se asombraron de la gran habilidad y destreza que tenían para aprovechar los recursos naturales de su entorno y transformarlos en satisfactores de sus necesidades físicas, sociales y espirituales.

La alfarería de la que surgen enseres de uso cotidiano y doméstico, es tal vez la más difundida y popular de las artesanías de Guanajuato, sus orígenes pueden remontarse desde la época prehispánica, en la zona de Chupícuaro que es conocida por la riqueza y variedad en cerámica, sus colores brillantes, iconografía y formas. 

La alfarería tradicional de Guanajuato tiene su origen en una loza cubierta por un esmalte grueso, blanco y brillante, traído a México por los españoles en el siglo XVI, y que se conoce con el nombre de Mayólica, a diferencia de la producción de Puebla, que la llaman Talavera.

Los primeros artesanos de Talavera de la Reina que llegaron a la Nueva España, se instalaron en Jalisco, Guanajuato, Puebla y Aguascalientes. 

Don Lucas Alamán, a pesar de la antipatía que sentía por el Cura Miguel Hidalgo y Costilla, reconoció que la loza que se desarrollaba en sus talleres era mejor que la que se hacía en Puebla.

El tiempo hizo que en la ciudad de Guanajuato olvidara lo aprendido, y no fue sino hasta hace cincuenta años que Gorky González rescató la técnica perdida de la cerámica mayólica.

Máscaras: 

El uso de máscaras y disfraces era una parte muy importante dentro de la cultura Mesoaméricana mucho antes de la llegada de los españoles. Las máscaras tradicionales tienen diversos usos, principalmente para ceremonias y rituales, especialmente en representaciones de bailes y procesiones.

Fueron utilizadas por los sacerdotes para reencarnar deidades, se vestían como el Guerrero jaguar o el Águila Guerrera con el fin de obtener su fuerza y poder. 

Muchas de las máscaras que se desarrollaron durante la época colonial eran utilizadas para burlarse de las autoridades por esta razón, durante algún tiempo, las máscaras y bailes fueron prohibidos por las autoridades desde el Siglo XVI hasta el XVIII.

Desde el origen de la civilización, la máscara ha acompañado al ser humano en gran parte de sus ceremonias religiosas y Guanajuato no ha sido la excepción, a las tradiciones se han amalgamado elementos tanto indígenas como españoles para dar paso a una serie de festividades en las que destacan ciertas máscaras para pastorela o Semana Santa.

En lo que se refiere al empleo del cartón, muchos artesanos, sobre todo de Celaya, dedican parte de su producción a la fabricación de máscaras zoomorfas, de personajes diversos, como los 'judas', muñecos y caballos, de brillante colorido y simple concepción, propias de las celebraciones de Carnaval, Semana Santa y Corpus Christi, sin dejar de estar presentes en las festividades lugareñas.

En Purísima del Rincón se elaboran las máscaras para la Judea de trozos de madera de patol o colorín. La mayoría de las veces el diseño, a través de la destreza e ingenio del artesano, aprovecha el corte del tronco para acentuar los rasgos de alguna debilidad humana. Esta tradición data del año 1873, a iniciativa del pintor Hermenegildo Bustos.

Estas máscaras comienzan a elaborarse desde el mes de septiembre y llegan a tener un costo entre 3 mil y 15 mil pesos, por su bello y fino trabajo en que son manufacturadas.

Cerería:

 

El uso de la cera en el arte popular mexicano data desde la época colonial, aunque en las culturas mesoamericanas se empleó como material en la técnica de joyería “cera perdida”.

El antecedente más antiguo de artículos de cera se encuentra durante el Virreinato, con la llegada de los medallones religiosos de cera blanca conocidos como Agnus Dei originarias de Italia en el siglo IV.

Las diferentes artes elaboradas en cera, tuvieron sus inicios en los conventos, donde las monjas se ocupaban de hacer diversas figuras: santos, ángeles, ramilletes de flores y lazos para las coronas de las novicias.

En el siglo XIX proliferaron otros motivos de escultura en cera, destacando los retratos en bulto de aristócratas de la época, los medallones con retratos de personajes religiosos y militares.

El trabajo artesanal de las ciudades de Salamanca, Valle de Santiago, Villagrán y Yuriria destacan tanto por su materia prima como por la singularidad de sus productos. De los talleres de los artesanos salen velas, cirios revestidos de escamas de cera, en formas diversas sobre todo en flores y espigas con tonalidades que van desde el blanco hasta el palo de rojo carmín o amarillo.

Fueron los frailes Agustinos los forjadores de la identidad local y quienes seguramente introdujeron en la Villa de Salamanca la tradición de los nacimientos y el arte en cera durante la época virreinal.

La cerería salmantina varía en dos clases de obras de arte: la ceriescultura y la cera escamada, que le ha valido a ese municipio reconocimiento a nivel nacional e internacional.

Hacia 1878, aparecen en Salamanca las primeras velas con cera escamada, la cual toma una especial relevancia en las festividades de la Octava de Corpus. 

Desde 1930, en Salamanca se realizaban exposiciones y venta de figuras de cera del 12 al 24 diciembre, se podían adquirir figuras para los tradicionales nacimientos. 

 

Juguete popular: 

Con la llegada de los españoles los juguetes novohispanos y mesoamericanos se mezclaron, dando paso a una amplia gama, como son: el trompo, la pirinola, los yoyos, los baleros, figurillas de barro o madera y las muñecas de trapo.

Durante el virreinato, el 6 de enero, Día de la Epifanía o Día de Reyes se obsequiaban a los niños cascos de cartón, junto con espadas de madera y muñecas de trapo para las niñas.

Alrededor de 1860, la producción de juguetes comenzó a realizarse en grandes fábricas, lo que amenazó la elaboración artesanal.

En el libro “El Juguete popular guanajuatense” de Gabriel Medrano Luna apoyado en el libro de “Las Artes Populares Guanajuatense” en lista los jugetes que se elaboran en el estado: 

“…Celaya, cartonería y lámina; en Juventino Rosas, juguetes, muñecas y cartonería; … Silao, máscaras de la Danza del Torito y juguetes; … en Guanajuato alfarería, alfarería mayólica, juguete de arroz, cartonería, cantería, forja, orfebrería, juguetes de barro, madera, alfeñique, etcétera”.

Un caso de éxito son los “juguete de arroz” o trastecitos, “piezas de barro que no sobrepasan los veinte milímetros: platitos, ollitas, tacitas, jarritos, bandejitas, teteritas, etcétera”, en colores café, rojo, azul, verde y amarillo. Que son elaborados por Guillermo Chávez Noriega, quien señala que: 

“Hacer miniatura, servía para que las niñas comenzaran desde temprana edad a “enseñarse” a los quehaceres del hogar: “con esos juguetes jugaban las niñas, jugaban a las comiditas y ya desde ahí empezaba el gusto por la cocina y las actividades domésticas.

Señala que como cada estado, región o comunidad en México le imprime su sello, así los juguetes populares son un reflejo de la sociedad y cultura de los pueblos que los crean.

Cartonería:

La cartonería casi con dos siglos de antigüedad ha adquirido presencia artesanal en México, principalmente por la elaboración de juguetes: cabezas de caballo, muñecas, calaveras, máscaras, 'judas', entre otros. 

Con los conquistadores y los nuevos habitantes llegó la tradición de la quema de  los 'Judas', que eran elaborados con  trapo o paja. Al abrirse las primeras fábricas de papel y de cartón en México, los artesanos de Celaya (Guanajuato) y de la Ciudad de México, utilizaron el nuevo material para fabricar además de los juguetes a los Judas, enormes figuras policromadas de cartón y de estructura de carrizo que eran dotados de cohetes de pólvora para ser quemados el sábado de gloria.

'Las Lupitas'

En México, previo a la independencia, las personas comunes difícilmente podían acceder a las muñecas de porcelana que eran traídas de Europa, así inició la tradición de las “Lupitas” o las muñecas de cartón.

Su origen específico no está ubicado, pero comenzaron a producirse en grandes cantidades en la Ciudad de México y en Celaya a base de papel maché, técnica originaria de India, China y Persia.

Alebrijes 

La cartonería también se emplea en la elaboración de alebrijes y figuras de esqueletos para el Día de los Muertos. 

Su creador fue el artista Pedro Linares quien al estar muy enfermo e inconsciente se soñó en un bosque, donde vivían animales extraños y fantásticos algunos parecían un burro con alas, un león con cabeza de perro o un gallo con cuernos de toro y todos ellos le gritaban el nombre de “Alebrijes”.

Cestería: 

 

La cestería es una de las actividades artesanales más antiguas y comunes en todo el mundo, en México contamos con evidencias arqueológicas de la existencia de cestería anteriores a la elaboración de cerámica. Consiste en entrelazar fibras duras o blandas para crear objetos diversos, para lo cual se requiere una gran habilidad y un profundo conocimiento sobre los materiales que se utilizan para su fabricación.

Existen dos técnicas de tejidos artesanales en la actualidad: 

La primera elaborada con textiles, que son los tejidos de cualquier fibra suave de origen vegetal, como el lino y el algodón, o de origen animal, como la lana, la alpaca y la seda. 


La segunda comúnmente denominada cestería, ésta se compone por  tejidos de fibras duras como los carrizos, otates, los agaves, el junco, el bejuco, la vara, el carrizo, el pasto y la palma.

Durante la época prehispánica, se elaboraron muchos utensilios de cestería, sobresaliendo los petates y los tompetates o tortilleros. Mónica Abedrop en su artículo “La cestería. Un arte creado desde la naturaleza”, dice que los historiadores que llegaron al México antiguo pudieron constatar el uso de los cestos desde esa época.

Los estilos de la cestería se distinguen por zonas en el estado de Guanajuato:

El norte del estado —San Miguel de Allende, Santa Catarina, Tierra Blanca, Victoria, entre otros municipios— manifiesta una rusticidad consecuente con las circunstancias de vida ofrecidas por la geografía anfractuosa y árida de aquellos lares, sin que esto demerite sus cualidades.

En contraste, en la zona del sur se encontrarán técnicas de tejido más elaboradas, afiligranadas y de urdimbres más exquisitas, acordes también con la generosidad del paisaje. Canastas, maceteros, baúles, estanteros y muebles surgen de los municipios de Acámbaro, Apaseo, Jerécuaro, Tarandacuao, Tarimoro y Yuriria.

Talla de madera:

Los mejores ejemplos que subsisten de antigua madera tallada provienen de la Edad Media en Italia y Francia los temas típicos de aquella época era la iconografía cristiana. En Inglaterra subsisten ejemplos de los siglos XVI y XVII, época en la que el medio preferido era el roble.

Después de la conquista, los artesanos indígenas no sólo emplearon sus habilidades para trabajar la piedra y los metales, sino que también las aplicaron en la madera; la actividad fue combinada con la tradición española de la ebanistería.

La talla en madera siguió utilizándose desde entonces, sobre todo en los tiempos de auge económico. En el siglo XVIII los talladores tuvieron gran actividad en el labrado de los retablos barrocos que aún se aprecian en los templos católicos del país. 

En el porfiriato muchos propietarios de grandes casas contrataron ebanistas y escultores para realizar diseños de lujo en las enormes puertas de sus zaguanes. Las casas en diferentes ciudades de México comenzaron a lucir leones, escudos de armas, dragones y otros motivos que hablaban de la alcurnia de cada familia. 

Los principales artesanos de este ramo se localizan sobre todo en Apaseo el Alto y San Miguel de Allende. 

Apaseo el Alto tiene una herencia prehispánica de los grupos guerreros chichimecas quienes al verse colonizados por los españoles y al dar paso a un pueblo mestizo se heredó la técnica y el talento de los hombres que aprendieron de los religiosos la técnica para fabricar santos, señala el cronista del pueblo Francisco Sauza: “aun siendo autodidactas enriquecieron la imaginería religiosa que adorna los templos y capillas de esta zona.” 

El precursor de la talla en madera en el municipio fue el Maestro Domingo Galván Malagón quien en varias entrevistas señaló que nunca imaginó el impacto que tendría esta actividad.Junto con otros carpinteros realizó en 1986, el primer concurso de talla en madera en Apaseo el Alto, con motivo de la festividad al Señor San José. 

Sombreros: 

En México, el sombrero es una de las prendas de vestir más icónicas. Tal vez esto se deba a que a partir de la llegada del cine y la televisión a nuestro país, la imagen del charro mexicano con sombrero le dio la vuelta al mundo, convirtiendo este accesorio en un símbolo emblemático de los mexicanos

La artesanía del sombrero en México data de los grandes emperadores aztecas, y mucho antes, tal vez mil o dos mil años antes de Cristo, los indígenas ya cubrían sus cabezas con algo parecido a los sombreros pero no exactamente igual. Más tarde, eran tocados hechos con plumas de quetzales y águilas, como el gran Penacho de Moctezuma.

La actividad artesanal de San Francisco y Purísima del Rincón debe su reconocimiento a la elaboración de sombreros de todo tipo. 

En San Francisco del Rincón se elaboran los sombreros desde la época colonial, hacia mediados el siglo XVIII, ya se fabricaban con palma traída de la tierra caliente michoacana.

Actualmente se elaboran con papel arroz, algodón, poliéster, palma, pelo de conejo, algas marinas y torzal; las líneas que elaboran son sport, tejana, vaquero, clásico y de moda.

 Dos de los primeros sombrereros de San Francisco son Juan Isodoro de los Dolores y Zárate, quien además fue gobernador indígena del pueblo, y Joaquín León, quien se inició como obrero hacia el año de 1784.

En un reportaje de El Financiero, aseguran que elaborar “un sombrero en papel arroz involucra treinta y cinco procesos; en el caso de tela se realizan cincuenta; el 50 por ciento se hace aún de manera artesanal, el resto con máquinas”.

En el 2012, se fabricó un sombrero de charro especialmente para el Papa Benedicto XVI, y que fuera entregado durante su visita al estado de Guanajuato. Fue hecho a mano, con palma de trigo, lentejuelas y 10 mil metros de hilo dorado, con una imagen de la Virgen de Guadalupe en la parte interior.

Zapatos:

La fabricación de calzado mexicano, es una actividad comercial de renombre y prestigio, ya que tiene una historia de más de 400 años, que han servido para perfeccionar esta industria, y lograr así una cadena industrial en proveeduría-cuero-calzado, que es sumamente competitiva.

La Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato, realizó una investigación sobre la industria en León:

El dato más antiguo del que se tiene registró sobre la elaboración de calzado en la Villa de León data del año 1645. Andrés González Cabildo es el nombre del artesano zapatero más antiguo.

La primera fábrica de zapatos en forma fue “La Nueva Industria” que inició su producción en 1872 por don Eugenio Zamarripa. Su empresa, se dedicaba a la curtiduría y a la fabricación de calzado.

A principios del siglo XX la industria del calzado cobró auge y se convierte, junto con la industria textil, en la actividad económica más importante de León. 

Joyería y orfebrería:

La Joyería Tradicional Barroca de Guanajuato o Joyería de Pajaritos, se caracteriza por su diseño con “pajaritos” aunque realmente son unas palomas con sus nidos con huevos y las florecitas de cinco pétalos que se asemejan a unas flores que se llaman Cinco Llagas y que se dan en los campos de Guanajuato durante los meses de octubre a diciembre, algunas de las hojitas tienen un parecido a las hojitas de pirul.

La joyería alcanzó gran realce durante la época de la colonia, gracias a la industria minera de la zona.
 
Afínales de la década de los años 60´s del siglo pasado, renacieron los talleres y en los años 80´s, las nuevas creaciones adquirieron gran reconocimiento nacional.

Se le conoce como barroca por corresponder en sus características estéticas con la principal tendencia artística que prevaleció en la época de oro en Guanajuato.

Dentro de la arte de la joyería de pajaritos existe una leyenda a la que se le atribuye su origen al momento de traer a Guanajuato una imagen bellísima tanto como milagrosa, de España :

“...Según la tradición, en un momento de su travesía y hallándose desorientados, se dispusieron a acampar en la región hoy conocida como la Yerbabuena como a tres leguas de Guanajuato, ya casi para caer la noche el superintendente mandó colocar la Sagrada Imagen sobre un tambor a manera de peana, y ante tal conflicto acuden a la imagen de la que eran portadores y ruegan que ilumine su camino, con el sol ya en lo alto vieron dos palomas surcar el cielo y parecían anunciarles dicha, de modo que las siguieron y allí entre las lomas encontraron el humilde poblado de Guanajuato, sí la benigna señora escuchó su ruego”. 

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