Coloquio 3

Señoras y señores:

Hoy 10 de octubre de 1989, en mi calidad de Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato, tengo el honor y la satisfacción de declarar inaugurado este Tercer Coloquio Cervantino Internacional, que reúne a connotados literatos, estudiosos, amantes de nuestra lengua y de la máxima obra del insigne Miguel de Cervantes Saavedra.

      Al mismo tiempo, hago patente mi reconocimiento y esperanza de que los trabajos que se realicen en el transcurso de este Coloquio contribuirán al engrandecimiento de nuestro idioma y al mejoramiento de la comunicación de la cultura en el mundo.

Rafael Corrales Ayala

Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato

JULIÁN MARÍAS, filósofo español nacido en Valladolid en 1914. En la universidad de Madrid, donde llevó a cabo sus estudios, fue discípulo de J. Gaos, X. Zubiri, M. García Morente, y, sobre todo, de José Ortega y Gasset, de cuya filosofía es considerado continuador. En 1948 fundó junto con este último el Instituto de Humanidades en aquella universidad. Ha impartido sus cursos de filosofía en universidades de Estados Unidos, Perú y Puerto Rico, además de la de Madrid.

     Entre sus obras, dedicadas preferentemente a temas antropológicos y sociales, destacan: Historia de Ia filosofía (1941), Miguel de Unamuno (1943), San Anselmo y el insensato (1944), Introducción a la Filosofía (1947), El método histórico de Ias generaciones (1949), La filosofía en sus textos (1950), Idea de Ia metafísica (1954), La escuela de Madrid (1960), La España posible de Carlos 111(1963), Nuevos ensayos de filosofía (1969), Antropología metafísica (1970), La España real (1976), La filosofía española de 1931 a 1936 (1978). En 1960 fue elegido miembro de Ia Hispanic Society of America y de la Society for the History of Ideas, de Nueva York; y en 1964, de la Academia Española de la Lengua. Además ha recibido varios premios por los méritos de su obra, y la distinción de doctor en filosofía de la Universidad de Madrid, y doctor honoris causa de la Nacional de Tucumán y de la de Buenos Aires.

 

 

CERVANTES COMO CLAVE ESPAÑOLA

 

 

COMO SE SABE, sobre Cervantes se ha hablado interminable-mente, se han escrito no ya centenares, millares de libros. Se le ha estudiado durante siglos de una manera que parece exhaustiva. ¿Se puede añadir algo? Yo creo que únicamente se puede añadir algo cuando se elige una perspectiva nueva; lo cual no quiere decir buscar la originalidad, sino todo lo contrario.

        Yo pienso hace tiempo que desde hace por lo menos un siglo, algo más de un siglo, se produjo en el mundo intelectual, europeo y americano, una voluntad de originalidad que nunca había existido; es decir, antes de ese tiempo el que escribía sobre asuntos científicos, de pensamiento, pretendía decir algo que fuera verdad. El artista pretendía realizar una obra bella y no le preocupaba primariamente que fuera original o no. Pero desde hace algo más de un siglo, una devastadora voluntad de «original» ha aparecido en la cultura occidental; se trata de hacer algo original, algo distinto, que no se haya hecho nunca. En el fondo es un poco ingenuo, porque si alguien hace lo que sea, desde sí mismo, desde su realidad auténtica, por fuerza es original; porque cada uno tiene un punto de vista, una perspectiva única. Lo que cada uno ve, no lo puede ver otro. La perspectiva es rigurosamente personal; por consiguiente, el que hace algo, el que crea cualquier tipo de obra desde sí mismo, aunque no quiera, es original en cierta medida, porque es propio de él, es personal. Y creo que lo fundamental es hacer lo que nazca de uno mismo, decir lo que uno ve, lo que realmente ve, no preocuparse de que si es original o no, porque lo será, incluso a pesar de uno mismo. Y esto proporciona cierta tranquilidad.

     Piensen ustedes que en una época en la cual se ha escrito interminablemente sobre todo, en que no hay tiempo de leer, no ya las obras, sino los títulos de las obras publicadas sobre cualquier cuestión, esto produciría una parálisis intelectual; no sería posible hacer nada; pero no hace falta, basta con ser fiel cada uno a su propio punto de vista, a su propia perspectiva.

        Cuando nos enfrentamos con un autor como Cervantes, yo sé muy poco de todo; pero tampoco se trata de buscar fuentes, de analizar minuciosamente ciertos textos. No es tampoco fácil hacer una biografía.

Otras Notas: