Cronología del vino

Parte II

Otras Notas: 

Miguel Hidalgo y Costilla, iniciador de la guerra de independencia, promovió la vitivinicultura en la Intendencia de Guanajuato.

 

A finales de 1821, tras la lucha por la Independencia, y en el proceso de  recuperación y replantación de los viñedos,  las cepas francesas fueron seleccionadas y predominaron en los viñedos mexicanos.

 

En 1822, Agustín de Iturbide emperador de México, trató de fomentar la incipiente industria vitivinícola nacional. Tres siglos después del decreto expedido por Hernán Cortés, Iturbide ordenó que se aplicasen impuestos hasta del 35% a los vinos importados como una forma de estimular la producción en México.

 

En el centro de estadísticas de Parras, concluido en 1825, la sesión dedicada a distinción de oficios estaban registrados 12 toneleros y 596 prácticos divididos en los siguientes oficios: 318 en operaciones de viña, 81 en las operaciones de licores; 70 en las operaciones de cuadratura de la tierra; 81 en plantíos frutales y 46 en sus injertos.

En 1843, Antonio López de Santa Anna, atendiendo las recomendaciones de Lucas Alamán, ministro en su gabinete, fundó la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo, desde donde se procuró favorecer la difusión de las viñas en territorio mexicano.

 

Hacia 1855, Parras era el centro vitivinícola más importante de México. El aguardiente era el principal producto y, en menor escala, los vinos: dulces sacramentales y de mesa, blancos y tintos; todos ellos bien posicionados en el mercado nacional y en los Estados de Texas y Nuevo México.

 

Instalación de viñedos en México

En 1870, se fundó la Bodega de San Luis Rey en la población de San Luis de la Paz, Guanajuato. Las Bodegas de Santo Tomás se remontan a 1888 y fueron establecidas en el sitio donde, en 1791, José Loriente fundó la Misión de Santo Tomás de Aquino. Y en 1907 un grupo de familias venidas de Rusia se asentaron en un predio de la ex Misión de Guadalupe, fundada en 1834 por fray Félix Caballero con el nombre de Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte, allí sembraron trigo para después cambiarlo por vides. Éstos fueron los iniciadores de la producción de vino en el Valle de Guadalupe, ubicado a corta distancia al noreste de Ensenada, área geográfica donde se elaboran algunos de los mejores vinos de México. Otros de estos caldos etílicos de señalada calidad, finura y exquisito sabor se producen en los valles de Parras y de Tequisquiapan.

 

En el siglo XIX, el general Porfirio Díaz ordenó que hubiera al menos un viñedo en cada estado de la República Mexicana para volver a producir vinos tintos y blancos.

 

 A partir de la tercera década del siglo XX comenzó cierto auge en la vitivinicultura nacional.

 

Durante Revolucionaria se perdieron los viñedos en el territorio nacional; fueron abandonados y destruidos por las diligencias de Francisco Villa en 1910. Los vinos mexicanos empezaron a producirse seriamente hasta 1920, pero no se logró que tuvieran buena calidad por muchos factores: faltaba más conocimiento de la vinicultura, se utilizaba equipo defectuoso y no había una adecuada selección de variedades. El resultado era vinos blancos amarillentos, tintos oxidados: les faltaba o sobraba dulzor o acidez y la consecuencia era mala calidad de los vinos de México.

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