Cronología del vino

Parte I

Otras Notas: 

Motivos de la cocina mexiana

Nuestro país es el más antiguo del Continente Americano en cuanto a producción de vinos pues su historia inicia con la conquista española. Después del Descubrimiento de América, en 1492, se importaron las primeras barricas de vino para consumo de los conquistadores y tiempo después se importaron sarmientos y semillas de Vitis Vinífera para iniciar la producción de vides y vinos en la Nueva España.

 

En Tenochtitlán, se sabe que en muchas de sus festividades los aztecas usaban una bebida tipo Acachul a la que llamaban Acacholli (esta bebida actualmente se produce en puebla a base de cerezas silvestres y alcohol), como después el conquistador Juan de Grijalva, lo constatara, aunque su bebida favorita era el Octli (pulque).

 

Al llegar los españoles al Nuevo Mundo encontraron muchas vides silvestres, pero se desconocía el proceso de elaboración del vino.

 

El vino que comenzó a beberse en México era de origen español, hasta que los misioneros empezaron a traer las vides y cultivarlas en nuestro país.

 

Durante la colonización Hernán Cortés, decretó en una de sus Ordenanzas, dictada en 1524, que “cualquier vecino que tuviese indios de repartimiento sea obligado a poner en ellos en cada año, con cada cien indios de los que tuviera de repartimiento, mil sarmientos, aunque sean de la planta de su tierra, escogiendo la mejor que pudiera hallar. Entiéndase que los ponga y los tenga bien pesos y bien curados, en manera que puedan fructificar, los cuales dichos sarmientos pueda poner en la parte que a él le pareciere, no perjudicando terceros, y que los ponga en cada año, como dicho es, en los tiempos en que convienen plantarse, hasta que llegue a dicha cantidad con cada cien indios cinco mil cepas; so pena que por el primer año que no las pusiere y cultivase, pague medio marco de oro, (…) que habiendo en la tierra plantas de vides de las de España en cantidad que se pueda hacer, sean obligados a engerir las cepas que tuvieren de las plantas de la tierra”

 

El vino tuvo gran aceptación, aunque tardó poco tiempo para que esta bebida pasara a ser parte del consumo colectivo, pues al principio solamente los sacerdotes, los reyes y la gente de poder podían consumirlo.

 

Hacia 1531 el emperador Carlos I de España y V de Alemania ordenó que todos los navíos con destino a las Indias llevarán “plantas de viñas y olivos”, pues se consideraba conveniente que los viñedos y olivares se multiplicaran por doquier en  la extensa superficie de las colonias hispanas en América.

 

Los misioneros principales propagadores

 

Los misioneros requerían de las uvas para elaborar el vino necesario para oficiar las misas. De tal modo los viñedos crecieron en torno a los conventos en forma semejante como había ocurrido en Europa siglos atrás.

La Misión de Santa María de las Parras, en tierras de la Nueva Extremadura, la fundó, en 1568, fray Pedro de Escobedo, pero debido a la agresividad de los indígenas de esa región fue abandonada. Lorenzo García llegó a ese lugar a finales de 1592 y logró establecerse en lo que actualmente es la Hacienda de San Lorenzo. Una vez que el rey de España le concedió la merced mediante la cual entraba en posesión de las tierras solicitadas, el 18 de agosto de 1597 fundó las bodegas de San Lorenzo, las más antiguas del continente americano, que hoy llevan el nombre de Casa Madero.

 

La calidad y sabor del vino mexicano orilló a que por el año de 1595, el Rey Felipe II, prohibiera el cultivo de uvas y la producción del vino en México, para que no representara una competencia para la producción española, que se vio seriamente afectada por la “filoxera” (plaga que ataca la raíz de la vid).

 

Los jesuitas llevaron el cultivo de la vid a tierras bajacalifornianas a finales del  siglo XVII. Fray Juan de Ugarte trasladó las primeras parras a la Misión de San Javier en los primeros años del siglo XVIII y desde allí los religiosos de esa orden difundieron esta actividad agrícola a regiones más septentrionales, donde fundaron ocho misiones. En el año 1767 los jesuitas fueron expulsados de los territorios hispanos en América merced a una orden del rey Carlos III. Al frente de esos recintos religiosos quedaron los monjes franciscanos, quienes al mismo tiempo que promovían el evangelio cristiano, difundían el cultivo de la vid y elaboraban vino.