Fiesta de La Cueva o de San Ignacio de Loyola en Gto Capital

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El 31 de julio es la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, conocida como los jesuitas, orden que desempeñó un importante papel en la contrarreforma. El santo maestro de los discernimientos de espíritus es además patrono de los ejercicios espirituales, de los retiros y de los soldados.

 

El proceso de conversión de San Ignacio se inició al leer el libro “Vida de Cristo”, así como “Flos sanctórum”. Al reflexionar sobre estas lecturas y la vida de los santos se cuestionaba a sí mismo: "¿Y si yo hiciera lo mismo que San Francisco o que Santo Domingo?".

 

“Ad Maiorem Dei Gloriam", que quiere decir en latín "Para mayor gloria de Dios" era el lema con que más se le identifica al santo, así como “Ruégale a Dios por todos los que como tú deseamos extender el Reino de Cristo, y hacer amar más a nuestro Divino Salvador”.

 

Una de las grandes obras dejadas por San Ignacio es el libro “Ejercicios espirituales”.

 

San Ignacio falleció el 31 de julio de 1556. Paulo V lo beatificó en 1609 y fue canonizado por Gregorio XV en 1622.

 

La Cueva de San Ignacio de Loyola

 

San Ignacio de Loyola vivió en una cueva en Manresa, España, durante once meses (de marzo de 1522 a febrero de 1523) las experiencias vividas en esta ciudad le ayudaron a consolidar su transformación espiritual, cuando decidió abandonar la vida militar par a dedicarse a la meditación y a la vida contemplativa. Sus experiencias místicas y raptos espirituales fueron claves para la redacción de su obra los Ejercicios Espirituales.

 

Por ello es que en Guanajuato Capital se dedicaron las cuevas del cerro de La Bufa para las celebraciones.

 

Origen de la celebración en Gto Capital

 

El Cronista Eduardo Vidaurri Aréchiga habla sobre el origen de la fiesta de La Cueva: "surgió a iniciativa del cura Diego Gómez, de una parroquia donde actualmente se ubica la Basílica. Desde el principio se fijó como fecha de la celebración el 31 de julio".

 

“En 1609 mandó colocar una capilla a San Ignacio de Loyola. Su insistencia, su pasión por el santo, de que debería ser el patrón para ayudar a los problemas de la ciudad, lo llevó a que en 1616 la población de Guanajuato y el padre declararan que San Ignacio de Loyola, entonces beato, era el patrón de Guanajuato, y le dedican las dos cuevas que están en el cerro de La Bufa.

 

En 1624, se solicitó al Cabildo eclesiástico de Valladolid (hoy Morelia) la aprobación oficial para que San Ignacio de Loyola, fuera nombrado patrón de Guanajuato.

 

La Fiesta de la Cueva

 

 

La Fiesta de la Cueva comienza desde la noche del 30 de julio, con la llegada de algunas personas al cerro de La Bufa, que es iluminado con velas y fuegos artificiales.

 

Los peregrinos realizan diferentes rituales y otros suben a acampar. En la mañana del 31 de julio, suben decenas de personas para escuchar la misa de ocho de la mañana y cantar las mañanitas a San Ignacio.

 

Como parte de la celebración se realizan algunas competencias, también se acostumbra visitar las cuevas y subir hasta la parte más alta del cerro que culmina en los Picachos.

 

Las familias acostumbran pasar un día de campo donde pueden disfrutan de la música, atracciones y los antojitos mexicanos que ofrecen los vendedores que se ubican en el cerro del Hormiguero.

 

En ese día también se recuerda la leyenda del Pastor y la Bufa, que narra la aparición, en ese cerro, de una princesa que se encuentra bajo un hechizo y de una ciudad de incalculables riquezas, oculta debajo del Guanajuato que hoy conocemos. También se cuenta que en las vísperas de la mencionada fiesta a San Ignacio, así como los jueves festivos, la cueva se abre permitiendo ver, a los valientes que se atrevan a entrar, dicha ciudad cubierta de riquezas.

 

Leyenda:

La Bufa y el Pastor

 

La riqueza de la ciudad, originada por la actividad minera surgida en la época de la colonia, fue de las más grandiosas del país, gracias a la cantidad de plata extraída del subsuelo. Fue una época de gran auge que permitió el desarrollo y esplendor en Guanajuato durante casi dos siglos. De ahí que se tenga la creencia de que aún existe oculta una ciudad con tales riquezas y que hay que romper algún tipo de hechizo para que ésta salga a la luz.

 

Se dice también que la cueva consagrada a San Ignacio de Loyola, ubicada en el cerro de La Bufa, se abre al medio día de cada jueves festivo, como el Jueves Santo o El Jueves de Corpus Christi, y se aparece una princesa encantada capaz de regresar a la ciudad su mencionado esplendor, pero para ello necesita que un hombre le ayude primero a romper el embrujo bajo el que se encuentra.

Sucedió entonces que un día, un joven pastor que acostumbraba llevar a su rebaño al mencionado cerro, escuchó una dulce voz detrás de las rocas y, aunque en un principio no le dio importancia pues ya había escuchado hablar a otros pastores sobre extrañas voces que se escuchaban en ese lugar sin otra explicación, más que la del viento silbando entre las rocas, la voz se hizo cada vez más clara e insistente por lo que el pastor rodeó la roca, encontrando detrás de ella una hermosa joven que clamaba ayuda.

 

La bella mujer dijo ser una princesa a quien un brujo había hechizado y le suplico ayuda, pidiéndole que la llevara en brazos hasta la parroquia, conocida hoy como Basílica Colegiata de Nuestra Señor de Guanajuato, de esta manera el embrujo desaparecería, ella recobraría su forma humana, la ciudad se desencantaría dejando ver todas sus riquezas y a cambio, el pastor podría quedarse con una parte de esas fortunas y el privilegio de desposar a la princesa.

 

El joven cedió ante la hermosura de la princesa y acepto ayudarla, sin embargo tendría que hacerlo bajo ciertas condiciones: en el transcurso del camino no debía voltear su vista hacia atrás bajo ninguna circunstancia, dejando pasar por desapercibida toda voz amenazante que pudiera escuchar, y tendría que llegar a la parroquia antes de que la cueva de ese cerro, que se abría sólo en determinados días, se cerrara.

 

El pastor, armándose de valentía, tomó a la joven en sus brazos e inició su travesía. Con apenas unos pasos transcurridos comenzó a escuchar amenazantes voces a sus espaldas que cada vez se volvían más infernales, a la vez que se agotaban por el esfuerzo de bajar las pendientes sin soltar a la mujer; sin embargo la promesa de la princesa lo animaba a continuar.

 

Después de un gran tramo recorrido, las estridentes voces le provocaron angustia y al sentir un extraño peso sobre su espalda volteo sin pensarlo, al instante la bella princesa se transformó en una serpiente mientras el pastor quedó petrificado. Se dice que ambos permanecen en la cima de aquel cerro, el joven convertido en un enorme peñasco conocido como “El Pastor” y la princesa en la gigante roca sobresaliente conocida como “La Bufa”.

 

Se cree que la princesa sigue apareciéndose en espera de un joven valeroso y atrevido que logre darle fin a su hechizo y al de la ciudad encantada.

 

Fuentes: