Doña Rita Pérez, esposa de Pedro Moreno

La verdadera insurgente militar

 

Integrante de una familia acomodada, casada a los veinte años y decidida a acompañar a su marido en la guerra de Independencia, la vida de Doña Rita Pérez representa el mayor de los sufrimientos cuan madre, esposa y luchadora insurgente.

 

Cuando en el año de 1814 Don Pedro Moreno resolvió lanzarse a la insurgencia escribió a su esposa, Doña Rita Pérez desde la hacienda la Sauceda, que era ella “libre en conciencia para seguirlo o para quedarse con sus hijos en Lagos o en San Juan de Los Lagos al lado de su madre”. En respuesta, a los pocos días, la señora hizo acto de presencia con sus hijos ante su marido para declararas a favor de la lucha insurgente.

 

A partir de esa fecha Doña Rita acompañó en todo momento a su marido, quien actuó durante tres años y seis meses en las sierras de Guanajuato y de Comanja. Pedro Moreno hizo suya como fortaleza el cerro del Sombrero. Su labor era de auxilio a los heridos y de ánimo a los combatientes.

 

A la pareja y a los hijos les acompañaba su pequeña hija Guadalupe, de tan sólo 2 años de edad, a quien finalmente dejan el sacerdote Don Ignacio Bravo en la hacienda de Cañada Grande, quien al ser puesto en prisión la niña estuvo a punto de ser decapitada por un sanguinario realista.

 

Doña Rita también mantuvo la entereza cuando el gobierno virreinal le confiscó a su marido todas sus propiedades.

 

Otro golpe para la familia fue la muerte de su hijo menor de nombre Luis, de tan sólo quince años de edad y quien murió combatiendo en la acción de La Mesa de los Caballos. El joven, dicen las crónicas, mostró semejante valor al de su padre durante la batalla.

 

Para Doña Rita el atardecer de sufrimiento en su lucha por la Independencia no paró allí. Ella y sus hijos pequeños fueron hechos prisioneros en una celda oscura para sentenciarlos a muerte. Allí, en prisión, su hija Prudenciana, que había nacido campaña y se sólo año y un mes de edad, murió tras diversos padecimientos que la aquejaban.

 

Llena de fatiga y de desesperación la señora tuvo un aborto en los siguientes días y pasado esto recibió la orden de ser trasladada a México para ser juzgada. Sin embargo su defensa alegó su mal estado físico. Unos días después su hijo Severiano, de dos años y seis meses también falleció.

 

Ante esta pérdida de su familia y desde el campo de batalla Pedro Moreno le escribe el siguiente texto:

 

“Un fondo de sufrimiento y de conformidad vale un mayorazgo, y es la única felicidad de que se puede disfrutar en la turbulenta época que nos ha tocado; ármate de tan fuerte escudo, y todo será para ti llevadero”.

 

Luego de esta carta, a las pocas semanas, Doña Rita mártir se enteró de que su marido había muerto a manos de los realistas, los cuales habían mandado colocar la cabeza del célebre insurgente a orillas de Lagos, en la parte superior de una asta de madera.

 

Así, para la señora hubieron de continuar más lágrimas de dolor, pues estuvo presa hasta el mes de junio de 1819, tiempo en que fue a establecerse a la población de San Juan de los Lagos, en donde habitó la casa que heredó de sus padres hasta su muerte, el 27 de agosto de 1861.

 

Fuente: Alejandro Villaseñor y Villaseñor, Biografías de los Héroes y caudillos de la independencia (1910)

 

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Pedro Moreno