El proceso a los victimarios 

Mártires de León

Los asesinos y el publico
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Coroneles Cano y barrón
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Los agentes de MP
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Generales Abitia y Cardenas
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Otras Notas: 

El 2° Agente Adscrito a la Procuraduría  de Justicia Militar en México, General Brigadier Lic. Enrique A. Enríquez, leyó aquel día, 8 de enero, el oficio 65 del Procurador: el C. Srio, de la Defensa Nacional ordenaba, con fecha 7 de enero en su oficio 392, que se practicase la investigación correspondiente sobre los sangrientos sucesos acaecidos en León el 2 de enero del año corriente. El Procurador le asignaba la tarea, ordenándole trasladarse al lugar de los acontecimientos, lo que llevó a efecto desde luego.

 

A su llegada a León, pululaban dos versiones de los sucesos: la popular y la militar. Una tercera, la de los jueces, se incubaba ya: el Agente del Ministerio Público del orden común había procedido a efectuar las averiguaciones iniciales.

 

Versiones

 

La popular:

 

El Presidente Municipal Sr. Salvador Muñoz Orozco, preparó en connivencia con el Gobernador del Estado —líder de la “Democracia dirigida” don Ernesto Hidalgo—, la imposición en la Presidencia, Municipal, de León del Dr. Ignacio Quiroz. Sin embargo, el candidato independiente don Carlos A. Obregón arrastró entusiastamente al pueblo durante su campaña y en las mismas elecciones, obteniendo en éstas una abrumadora mayoría de sufragios a pesar de los chanchullos de costumbre. Sintiéndose inseguro, Muñoz Orozco solicitó el auxilio de los coroneles Olvera Barrón y Cano Martínez—se rumora que este auxilio fue solicitado directamente a Bonifacio Salinas Leal, Comandante de la Zona, y que éste fue quien ordenó a los coroneles prestarlo —quienes en vista de las, circunstancias y con plena conciencia de lo que hacían se lo ofrecieron, complicándose con ello en la maniobra imposicionista del Gobernador y del Presidente Municipal.

 

Al declararse oficialmente triunfante en las elecciones municipales al Dr. Quiroz el pueblo no se conformó. El día 1° de enero, mientras tres mil reservistas armados a las órdenes de Olvera Barrón guardaban las espaldas a Quiroz en su toma de posesión, apostados en la Plaza Principal, el pueblo celebraba un mitin de protesta en el Parque. Cano Martínez abordó entonces un jeep y provisto de carabineros, ametralladoras y un buen número de soldados de infantería y caballería, cercó a los manifestantes, golpeando personalmente a varios, en tanto que sus soldados realizaban parecidas proezas con la gente del pueblo.

 

El día 2, se celebraron varios mítines de los obregonistas en la Plaza Principal. EI pueblo mostraba nuevamente su repudio a la imposición y quemaba un ataúd con las letras PRM, en una numerosa manifestación en la cual hacía fuerte bullicio, llevando muchos de los manifestantes botes y hojalatas que golpeaban con piedras y palos. En el Palacio Municipal se encontraban—indebidamente—tres pelotones de soldado guardándolo.

 

Un niño tiró una piedra que cayó cerca de los soldados de guardia en tanto que la gritería y el bullicio continuaban. La furia de la soldadesca estalló al impulso de una orden de fuego. Los maussers dispararon produciendo la hecatombe. El pueblo huyó en desorden y entonces, la tropa avanzó en dos alas envolviéndolo y disparando incesantemente. Uno de los testigos oculares del suceso, Hilario Vallejo Suárez, que resultó lesionado por puntapiés de varios soldados que lo creyeron muerto porque se encontraba tirado e inmóvil, y cuya declaración obra en autos, relata que en tanto que se lanzaban en la persecución de la gente, los soldados gritaban: “No hay que tener compasión de estos perros” y otras: lindezas por el estilo. Y de ahí la mortandad y el sinnúmero de heridos.

 

La de los militares:

 

Por el estado de ánimo de la gente con ocasión de las elecciones municipales, el Presidente Municipal SMO solicitó el auxilio de las fuerzas federales que se lo otorgó. “La plebe”, “injuriando” al PRM, al Pte. Municipal y al Ejército Nacional, pretendió asaltar a tiros y pedradas el Palacio Municipal y fue repelida por la tropa. Los primeros disparos provinieron del Hotel Condesa y el Casino de León, partiendo algunos de la multitud.

El investigador

 

Presentes en el ánimo del investigador militar Bonilla estas versiones, procedió a iniciar las averiguaciones examinando los documentos aportados por el Agente del Ministerio Público del orden común, recibiendo las declaraciones de los reos, escuchando las que le rendían los heridos y la gente del pueblo y recogiendo todos los elementos de convicción necesarios para el esclarecimiento del difícil y escabroso asunto. El resultado fue la acusación en contra de los coroneles Pablo Cano Martínez y Emilio Olvera Barrón, el teniente Jesús Hernández Orozco, los subtenientes Isaac Rodríguez Hernández y Blas Salazar Anaya, los sargentos segundo, Ángel Hernández Silva y Ricardo Hernández Romero, el cabo Salvador Reyes Revilla y los soldados Pascual Martínez Hernández, Valentín Zea Ramírez, Guadalupe Flores Barajas, Enrique Méndez García, Nazario Espinosa López, Merced Torres García, Jerónimo Martínez Robles, Pío Soto Medrano, Salvador Vega Ramírez, Jesús Salazar Ruiz y Pedro' Marcos Altamirano. Es decir, diecinueve procesados por los delitos de abandono de autoridad, extralimitación y usurpación de mando, infracción de deberes militares y violencia contra las personas causando homicidios y lesiones.

 

El proceso se radicó en el Juzgado 1° del Ramo de la Plaza de Guadalajara cuyos titulares son: El General Brig. Lic. Rafael Cárdenas Mora, Juez 1° Militar y el Teniente Coronel, Lic. Rafael Román Mondragón, Srio. del anterior, Un enorme expediente conteniendo multitud de documentos se formó y sigue creciendo.

 

Primeras irregularidades

 

A este respecto debemos señalar desde luego varias irregularidades: 1ª Si se tiene conocimiento de que en los acontecimientos intervinieron civiles como sujetos activos y pasivos ¿por qué no se han iniciadolos procesos y las averiguaciones correspondientes de orden civil, en conexión con los del fuero militar? 2° ¿Por qué no se llamó a declaraciones al General Bonifacio Salinas Leal, Comandante de la 16ª Zona, superior de los Coroneles Olvera Barrón y Cano Martínez y que radicando en León forzosamente tuvo que darse cuenta completa de todos los acontecimientos y a cuyo cargo y responsabilidad estaba y está la fracción del Ejército de la décimasexta zona militar con sus jefes, oficiales y soldados? Graves omisiones revelaría el hecho de que Salinas Leal no se hubiese dado cuenta de los sucesos todos con ser  tan notables como eran. En este caso debería sin duda alguna considerársele responsable de abandono de mando e infracción de deberes militares y de las sangrientas consecuencias ocurridas.

 

Documentos procesales

 

El expediente es el correspondiente a la causa 9/946 y comprende un enorme número de hojas con numerosos, variados y curiosos documentos. Por ejemplo: los oficios de la SdelaDN y la Procuraduría ordenando abrir la investigación, telegramas de informe y solicitando instrucciones, largos informes mal escritos en la Jerigonza judicial, escasos de sintaxis y de ortografía. Uno de aquellos dice que los “alborotadores sinarquistas y de Acción Nacional” azuzaron al pueblo y provocaron disturbios. Está dirigido con el carácter de urgente y fecha 3 de enero por el Coronel Pablo Cano Martínez desde Irapuato a la SdelaDN.

 

Otro informe documental narra, en varios puntos, esta versión de lo ocurrido: 1) Los sinarquistas se ensoberbecieron por haber logrado apagar una huelga movilizando al pueblo en contra de los huelguistas, lo que los hizo insolentarse más tarde; 2) dos mil reservistas asistieron a la toma de posesión del doctor Quiroz causando la indignación del pueblo que ese mismo día fue atropellado mientras celebraba una manifestación, por Pablo Cano Martínez al frente de sus tropas; 3) Emilio Olvera Barrón “le faltó criterio” para conducirse en aquella situación. Narra luego los sucesos que según él fueron así: lucha inicial de un soldado y un civil que provoca la balacera; ataque a la Cruz Roja y asesinato del ambulante Horta; ataque de la gendarmería en dos alas envolventes al pueblo. Su autor contó 50 impactos en las casas, 36 en las bancas de la Plaza y 7 en el Palacio Municipal de cuarenta y cinco reglamentaria, fusil y pistola treinta y ocho. Consigna que no hay huellas de apedreo y habla de que cuatro civiles estuvieron en el Palacio Municipal disparando con los soldados en contra de la multitud, dos de ellos con proyectiles expansivos. Fueron estos el encargado del Rastro de la ciudad, un chofer al que apodan el “Volobán”, Delfino Carranza y Manuel Carmona. Dice que Pablo Cano Martínez dictaba órdenes desde la Escuela La Granja (a tres kilómetros de León) por teléfono y que algunos elementos del 15° Regimiento de Caballería también tomaron parte en la matanza.

 

El Comandante

 

Otro informe curioso es el del general Bonifacio Salinas Leal. Este, escurriendo el bulto y lavándose las manos, se limita a transcribir el informe que a él le rindió Olvera Barrón, agregando con demofobia y clerofobia: “Lo que a mi vez transcribo a esa superioridad permitiéndome aunar (quiso decir agregar) a lo anterior que en la Plaza Mencionada (León) ha tenido asiento firme la Unión Nacional Sinarquista que, apoyada por el Clero ha venido criando en el ánimo popular la repudiación hacia el régimen Revolucionario actual, al que consideran enemigo de la teoría que sustenta; aprovechando el fanatismo del pueblo que aundado (quiso decir aunado) a su ignorancia ha llegado a atacar por la fuerza las fuerzas (textual) federales como principio de desorden y de franca rebeldía hacia el Gobierno de la República…”

 

El Coronel

 

EI informe de Olvera Barrón expresa que “los sinarquistas” sublevaron al pueblo que destruyó varias casas, comercios, dos cines, hizo desmanes horribles, asaltó varios locales y quemó dos palmeras en la Plaza, paseando después, en medio de insultos al régimen y al Ejército Nacional, un féretro con las letras del PRM. Después, dice, se desató una lluvia de piedras y dos balazos destrozaron dos fusiles de los soldados de guardia que repelieron la agresión. Sin embargo, admite implícitamente que no resultó ningún herido de los soldados. Advierte luego que el resultado fue de “nueve muertos y algunos heridos sin conocerse exactamente el número”. Cabe apuntar aquí que según las declaraciones del doctor Jesús Solís Segura que obran en autos, los heridos ascendieron a más de trescientos, la mayor parte lesionados por la espalda, siendo treinta y nueve los muertos encontrados e identificados. Hay desplantes cínicos en este informe que mueven a risa por su redacción y a indignación por todo lo demás. Uno de ellos dice por ejemplo: “Se prudenció en forma exagerada tratando de evitar actos de violencia, los cuales se hubieran logrado de no haber atacado los menciona dos elementos a las fuerzas federales que se vieron obligadas a hacer uso de sus armas”.

Después aparecen el dictamen de balística, certificados de defunción, certificados de lesiones, declaraciones de testigos, las declaraciones preparatorias de los acusados, más declaraciones de ellos mismos, volantes varios, uno de estos invitando a una fiesta en honor de un Congreso Eucarístico celebrado días antes, otro de la Unión Cívica Leonesa invitando a los ciudadanos a manifestar su duelo, y dos más, de Acción Nacional, uno que empieza diciendo “Está en tus manos” en el que se subrayaron varias frases, y otro en el que AN protesta por los sucesos origen de este proceso. Por fin, las conclusiones acusatorias del Agente Investigador, el auto de formal prisión dictado por el Juez 1° en Guadalajara, la apelación de los reos y la sentencia del Supremo Tribunal de Justicia Militar.

 

Versión documental

 

La versión que de los documentos se desprende es la siguiente: La tarde del día 2 el Palacio Municipal estaba guardado por tropas a las órdenes del teniente Jesús Hernández Orozco y los Subtenientes Isaac Rodríguez Hernández y Blas Salazar Anaya con tres pelotones, sometidos éstos a las superiores del Coronel Emilio Olvera Barrón quien a su vez debería recibirlas del Jefe del Estado Mayor Coronel Pablo Cano Martínez—y éste a su vez del Comandante de la Zona, supremo responsable de todo lo concerniente ella, General Bonifacio Salinas Leal— no se encontraba en la Plaza ni en Irapuato. (En realidad se hallaba despreocupadamente en la ciudad de México desde días atrás).

 

El pueblo realizaba mítines en la Plaza Principal. Después paseó un ataúd negro con las letras PRM y se aproximó a los soldados quienes se creyeron atacados y dispararon. El cuerpo de guardia a las órdenes de Blas Salazar Anaya fue el primero en hacer fuego. Después el pelotón de refresco a las órdenes de Jesús Hernández Orozco salió del edificio e hizo fuego también. El que se encontraba apostado en la azotea jefaturado por Isaac Rodríguez Hernández al oír que el de la guardia hacía fuego, también disparó. En seguida Emilio Olvera Barrón que desde antes de esta primera balacera se había ausentado del lugar ordenó a la gendarmería que también intervino en la matanza, que se desplegara en dos flancos en movimiento envolvente sobre la gente ordenándoles que hicieran fuego en caso de necesidad. Y éstos encontraron la necesidad e hicieron fuego en efecto.

En sus declaraciones todos los soldados acusados declararon haber hecho fuego sin órdenes de nadie pero “al aire”. Sólo uno de ellos, de nombre Enrique Méndez García dice que el primer disparo lo hizo al aire y que los otros ya no supo si los hizo al aire o contra la multitud porque estaba nerviosillo. Sin embargo de estos disparos al aire la mala puntería de los “amedrentados” soldados hizo que no dieran en el viento, sino sobre la multitud que frente a ellos se movía acribillada.

 

Después, la gendarmería a las órdenes supremas de “Escipión” Olvera “el Africano”, flanqueando hábilmente a la multitud la derrotó por completo, consiguiendo un triunfo romano con inigualable estrategia y pericia y consumando una matanza que terminó con la vergonzosa fuga de los desarmados y reaccionarios atacantes.

 

Declaraciones

 

Emilio Olvera Barrón, que por sus generales dijo ser de Querétaro, de 50 años, casado, mexicano, sin apodo y alojado en Las Delicias, casa de asistencia de León, Jefe del Sector y Comandante del 48° Cuerpo de Defensa Rurales de Caballería, ratificó sus declaraciones e informes anteriores. Dijo que nunca dió órdenes de hacer fuego, pero admite que sí las dió a la gendarmería aunque advirtiéndoles que sólo lo hicieran en caso de necesidad; que dispuso el movimiento envolvente ordenando al Capitán Agustín Aguilar Martínez que tomara el mando del ala izquierda y a un “clase” el de la derecha. Más tarde dice que no, que siempre no; que el ala izquierda no se la dió a Aguilar sino a otro oficial. Por el estilo, en las declaraciones de este mílite se advierten una serie de contradicciones constantes.

Pablo Cano Martínez que dijo por sus generales ser originario de Ciudad Camargo, Chihuahua, 50 años, casado, militar sin apodo y mexicano, ratificando sus declaraciones e informes anteriores, admite que se fue a Guanajuato en lo más difícil de los acontecimientos, pero alega que todo lo hizo según el Reglamento y la Ley de Disciplina. Admite que conversó con los grupos políticos y que ordenó la concentración de tropas de Irapuato a León sin avisar a la Defensa Nacional ni solicitar su permiso, pero que no sabía que se trataba de política e insiste en que procedió de acuerdo con el Reglamento y la Ley de Disciplina militares. Y los oficiales teniente, subtenientes, sargentos segundos y cabos, exponen que no dieron orden de hacer fuego aunque también ellos dispararon uno que otro tiro, pero también al aire y para espantar a la gente. Los soldados, declaran que nadie les ordenó hacer fuego sino que lo hicieron por su voluntad y también al aire.

Formal prisión

 

En consideración de lo anterior el Juez 1° de lo Militar dictó auto formal de prisión en contra de Jesús Hernández Orozco, Emilio Olvera Barrón, Blas Salazar Anaya, Isaac Rodríguez Hernández, Ángel Hernández Silva, Ricardo Hernández Romero y Salvador Reyes Villa; todos los anteriores, jefes y oficiales que intervinieron de una o de otra manera en los acontecimientos. Dictó también la formal prisión de algunos de los soldados, exponiendo que respecto de los otros no existía comprobación del cuerpo del delito, requisito indispensable para que se pueda dictar el auto de formal prisión de acuerdo con la ley.

 

Apelación

Todos los reos, jefes oficiales y soldados, se mostraron inconformes con el auto de formal prisión del Juez 1° de lo Militar y con alegatos de agravios presentados por sus defensores Lics. Constancio Hernández Alvirde, Notario Público además, en Guadalajara y Humberto Castañeda Dyer aquí en México, ocurrieron ante el  Supremo Tribunal de Justicia Militar con el recurso que jurídicamente se denomina apelación para que revisase la decisión del inferior.

 

La ponencia (redacción del proyecto de sentencia) correspondió al General Licenciado Magistrado Aristeo Barrueta Mendiola y habiendo sido aprobada por el Tribunal reunido en pleno adquirió fuerza de sentencia. Considera el STdeJM responsables a Pablo Cano Martínez de abuso de autoridad, infracción de deberes militares, extralimitación de funciones, abandono de mando y además, en contra del parecer del Juez lo de lo Militar, de violencia contra las personas; a Emilio Olvera Barrón de usurpación de mando, abandono de autoridad, abuso de mando, infracción de deberes militares y violencia contra las personas; al Sargento Hernández Silva de violencia contra las personas y abuso de mando; al Sargento Ricardo Hernández Romero de violencia contra las personas; al cabo Salvador Reyes Revilla de violencia contra las personas. Y a todos los demás los exculpa considerando que respecto de ellos no se comprobó el cuerpo del delito.