León recuerda a sus mártires

Otras Notas: 

Enero de 1947.- Hace un año, frente a la saña bestial de los matoides que se decían parte del Ejército, León tremoló banderas de martirios, y la sangre abrió surcos en la tierra para la siembra honda, que no deja la simiente para alpiste de pájaros, sino que la clava ahí en la carne morena del surco para la fecundidad de la cosecha.

 

Ahora, el largo gestar de duelos y recuerdos, ha hecho luz en las conciencias leonesas, ha dejado como conquista definitiva la concepción clara de lo que debe ser el Municipio: prolongación amable del hogar, primera “casa grande”, en la frase de González Luna. Y no el luto, sino el ejemplo, es lo que el pueblo leonés está recogiendo de aquéllos que murieron por el Municipio libre. Y León es ahora, como entonces, lección viva para los municipios mexicanos, frente a la delincuencia organizada contra ellos. ¡Viva León, miserables!

 

Honras fúnebres

El pueblo empezó por honrar a sus muertos de la manera más alta: celebrando, para ellos, 27 Misas en los diversos templos de la ciudad. Estas honras principiaron a las 5.45 de la mañana, en el templo de la Santísima Trinidad y se prolongaron, entre las voces hondas de los campanarios, hasta las 9 en las parroquias del Sagrario, de la Purísima, del Señor de la Salud, de San Miguel, del Espíritu Santo; en el templo Expiatorio, en el Calvario, en San Nicolás, en el Oratorio, en todas las iglesias, que se vieron totalmente invadidas por las crecientes multitudes. A las 7 de la mañana fue la Misa de la Catedral, oficiada por el Ilmo. Sr. Obispo Coadjutor.

 

Guardias

 

Frente al monumento provisional que se levantó en la plaza principal, hubo todo el día guardias de honor. Casi todas ellas depositaron sus ofrendas florales. Las guardias se relevaban, cada quince minutos, al toque de clarines y al doblar de campanas. Y, rodeando las guardias, una multitud incalculable.

 

Ocupó el primer turno en las guardias, la Junta de Administración Civil. Lástima que no podamos decir: el Ayuntamiento (Porque una Junta de Administración Civil, sin la autonomía que los mártires exigían para su Municipio, fue todo lo que la justicia oficial concedió, regateando, al pueblo de León).

 

Siguió en seguida el Comité Pro-Conmemoración del 2 de enero, cuyos Presidente, Secretario y Tesorero son, respectivamente, los señores Alfonso M. Durán, Hilario Torres Martínez y Faustino Gutiérrez. Y luego, en un momento de emoción intensa, los heridos y los deudos de las víctimas.

 

 

Plaza de los Mártires

 

A las 11 en punto se presentó en la plaza el Gobernador del Estado, Lic. Nicéforo Guerrero, quien procedió desde luego a hacer la declaratoria del cambio de nombre a la plaza y a descubrir la placa con el nombre nuevo, colocada al lado izquierdo de la Casa Municipal, precisamente frente al lugar de la hecatombe. Esa placa ahí, es un simbólico  reconocimiento del derecho que el pueblo tiene de escribir lo suyo en los muros que son suyos.

 

Un rumor gigantesco, mezcla de dolor y de júbilo, volcó en el aire diáfano el latido de cien mil corazones. Desde ese momento, la plaza principal de León se llama “Plaza de los Mártires del 2 de Enero”.

El Gobernador y su comitiva, con el hondo respeto que se debe a ese pueblo, hicieron su guardia.

 

Todos presentes

 

Con el pueblo de León estuvieron todas las organizaciones independientes.

 

Iniciaron estas guardias los dos periódicos libres de la ciudad: Rescate y Tiempos Nuevos, cuyos directores son, respectivamente, Adolfo Torres Portillo y Prof. Atanasio Hernández Romo.

 

Tuvieron también su turno en las guardias, la Alianza Leonesa de Trabajadores Organizados, el Gremio de Choferes, la Unión de Aseadores de Calzado, los fijadores de propaganda y otros grupos obreros.

 

La Unión Femenina Católica Mexicana, el Centro Social “León XIII”, la Unión Médica Leonesa, la Unión Nacional de Padres de Familia, el Club Rotario, el Club de Leones y otras asociaciones, hicieron también su guardia.

 

Lo mismo los partidos políticos --Acción Nacional, Partido Unificador Guanajuatense, Fuerza Popular—y las organizaciones de productores, tales como la Unión de Propietarios; de Panaderías, la Unión de Fabricantes de Helados y Similares, y otros muchos grupos que no mencionamos por no cansar al lector.

El pueblo de León dio de nuevo muestras de su cordura y patriotismo, pues no se registró ningún incidente en toda la ciudad. Las fuerzas federales permanecieron acuarteladas, medida prudente sugerida por el Presidente de la Junta de Administración Civil, Sr. Carlos Obregón, quien se comprometió a conservar el orden con el solo auxilio de la policía municipal. Así se demostró que los leoneses no necesitan presión alguna para conservar el perfecto orden que su civismo les dicta.

Exhibición

 

Lo único desagradable fue la triste exhibición de ruindad que dio la llamada Unión Cívica Leonesa, que se negó a participar en el homenaje. En su periodiquito La Voz de León dijo, con fecha 8 de diciembre: “El 2 de enero no debe haber algaradas ni mítines políticos. Que vaya el pueblo, en silencio, al cementerio”. Al hablar la UCL de “mítines políticos”, se refería insidiosamente a la conmemoración que se preparaba.

 

Tratando de Servir a los militares culpables, temía sobre todo la protesta del pueblo. Por eso pedía “silencio”; silencio a un pueblo que no podía callar.

 

Más cuando vio que hasta el Gobernador tomaría parte en el acto, la UCL comprendió que había errado la puntería, y se apresuró a hacer su guardia. Y se puso en ridículo, porque, queriendo sus dirigentes retratarse cerca del Gobernador, colocaron una guardia frente al monumento, dando la espalda al mismo y al pabellón nacional. Esto obligó al Comité Organizador a ordenarles que se retiraran.

 

Velada

 

A las 8 de la noche dio principio, con la marcha fúnebre ejecutada por la banda municipal, una concurridísima velada en la misma Plaza de los Mártires.

 

Fue un acto austero y breve, en el que sólo dos personas se dirigieron al pueblo: el Sr. José Ruiz Miranda y el Dr. J. Guadalupe Valadez.

 

Ruiz Miranda leyó un poema, en el que se refirió al sentido de aquella conmemoración, con su contenido de dolor y de gloria.

 

“Yo no vengo a llorar una elegía: vengo a exaltar tu noble gallardía”, dijo refiriéndose al alma leonesa. Y, pensando en el valor trascendente de Ia lucha, exclamó:

 

“No pongas coto a su actitud cimera”.

 

Luego, dirigiéndose a la Patria, dijo que León le ofrece

 

“un pedestal: el Municipio libre, y una fecha inmortal: el dos de enero”.

 

Y, sin olvidar que en la ciudad de León

 

“hay pobres corazones lacerados... sitios, en el taller, abandonados”,

 

exaltó ante todo la promesa que nace del sacrificio heroico, y concluyó:

 

“Sepamos ser cristianos y leoneses”.

 

El Dr. J. Guadalupe Valadez pronunció un discurso intenso y breve, del cual entresacamos algunas frases:

 

“Hay muertos ante cuyo recuerdo no se debe llorar. Esos muertos son los que han ofrendado su vida por el bien de sus semejantes, por el bien de su patria, por el bien de la humanidad.

 

“A los héroes y a los mártires no se les llora: se les admira, se les venera, se les contempla en toda la magnitud de su holocausto y se les prodiga algo mucho más alto que el dolor, algo que no puede traducirse en lágrimas.

 

“Por eso yo, en está ocasión solemne, no os invito a llorar por nuestros muertos, porque ellos han sido héroes y han sido mártires. No os invito además a que lloréis por ellos, porque ellos están aquí con nosotros, junto a nosotros, inspirando nuestros actos; porque ellos están aquí, a nuestra vera, guiando nuestros pasos por el sendero que con su sangre sacro santa rubricaron.

 

“Muy al contrario, ciudadanos de León, yo os convido a que inundemos nuestros corazones de inmenso júbilo y demos infinitas gracias a Dios por habernos concedido el privilegio de pertenecer a un pueblo que rudo engendrar a tales hijos”.