Si el TLCAN acaba y si la economía aguanta, México estabilizará sus exportaciones… en unos 10 años


Los mexicanos que nacieron en 1982, y hoy tienen 35 años, vivieron sus primeros años de vida en un país sumergido en una crisis con hiperinflación y estancamiento económico que desembocó en desempleo y la adopción de la política neoliberal.


Los mexicanos nacidos en 1994, junto con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y hoy tienen 23 años, durante la próxima década vivirán el proceso de reorientación de exportaciones que México tendrá que realizar, ante la posible desaparición del acuerdo por petición del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.


Cuando los nacidos en la crisis tengan 45 años y los nacidos con el TLCAN tengan 33, si se logra implementar una serie de modificaciones, habitarán un país por completo diferente: uno en el que Estados Unidos ya no será el principal cliente ni inversionista, pero también y previo a eso tendrán que sobrevivir a las turbulencias económicas que sucederán durante el complejo proceso. Un panorama “mucho más complejo” que el que se vivió en la década de los ochenta, prevén economistas.


“Es significativo saber qué pasaría sin un tratado de libre comercio con América del Norte, a donde se dirigieron en 2016 el 81.01 por ciento de nuestras exportaciones [de las cuales el 70 por ciento son del sector manufacturero]”, planteó el economista de la Universidad Iberoamericana, Jesús Amador Díaz Valdés, en su artículo “¿Qué sería de México sin el TLC”.


La Secretaría de Economía (SE) reporta que con el TLCAN las exportaciones mexicanas a Estados Unidos y Canadá se dispararon 627. Pasaron de 13 mil 458 millones de dólares en 1993, a 97 mil 909 millones de dólares. Amador Díaz documentó que 355 empresas, la mayoría del sector manufacturero, concentran el 78 por ciento del ingreso por exportación dentro del país.


Del trío de naciones que conforman el agonizante acuerdo, Estados Unidos es el principal cliente. La relación comercial entre México y su vecino del norte vale mil millones de dólares al día y 580 mil millones de dólares al año. El 81 por ciento de los 115 mil millones de dólares que México exportó en 2016 los compró ese país vecino. Y así ha sido durante más de dos décadas.


Aunque con Europa, Asia y Centroamérica, México también tiene flujos comerciales, la diferencia es abismal si se compara con ese 81 por ciento: el 5.1 por ciento de las exportaciones mexicanas van a la Unión Europea, el 2.9 por ciento a Canadá, el 1.4 por ciento a China, el 1.3 por ciento a Centroamérica, el 0.9 por ciento a Japón y el 0.8 por ciento a Colombia, según la Subsecretaría de Comercio Exterior de la SE.


De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en los últimos 17 años la dependencia de México con Estados Unidos sólo disminuyó 8 por ciento, al pasar de 88.7 por ciento de exportaciones en 2000, a un 81 por ciento en el periodo de 2017. Pero, tomando en cuenta sólo las cifras de la administración de Enrique Peña Nieto, desde 2013 la tendencia a la baja se revirtió, y pasó de 78.6 por ciento a 81 por ciento en 2016.


Ante este panorama de alta dependencia comercial con el país gobernado por Donald Trump, “México puede quedar inmerso ante una fuerte crisis mientras se reorientan las exportaciones nacionales y se generan políticas públicas para el desarrollo del mercado doméstico”, determinó Amador Díaz.


En concreto, la inversión extranjera se iría, el peso perdería más terreno, la inflación subiría más y con ello aumentaría el desempleo, expuso el académico del Departamento de Estudios Empresariales. “Sería un proceso que juzgaría la falta de visión en políticas públicas orientadas al desarrollo nacional”, añdió.


El economista Diego Castañeda expuso en su artículo “El TLCAN no vale la dignidad de México” que el fin del acuerdo sí tendría efectos “adversos” sobre nuestra economía.


“Una recesión y una escalada de precios no sería descabellada”, escribió. Pero “no representa el fin del comercio para México ni mucho menos el fin de la globalización”.


Los retos de los 10 años


El proceso de diversificación comercial a otros países puede tardar alrededor de una década, de acuerdo con economistas consultados. Y será complicado.


Voltear al mercado interno no es una alternativa suficiente porque el consumo interno está desacelerado y hay 55.3 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza, dijeron.


En esta redirección de bienes, los retos que tendrá el país estarán alrededor de las cadenas de valor, principalmente en el sector manufacturero, la inversión en infraestructura para exportar, en la generación de una política industrial y en buscar los mercados potenciales que demanden productos mexicanos.


“De tiempo, serán tres o cuatro años. Esto requiere de todo un proceso de reorientación y reordenamiento de las estrategias de las empresas nacionales […] ¿Qué tan complicado? Primero hay que mirar hacia otros mercados, conocer nuevos clientes por secciones. Hacer un estudio de cuestiones culturales en el ámbito de los negocios. Eso es un proceso de interculturalidad que requiere tiempo”, comentó Amador Díaz.


La reorientación es un proceso que no se logrará a corto plazo y se complica por la condición geográfica de la manufactura mexicana, coincidió en entrevista el economista de la Universidad de London, Diego Castañeda. “Tener a lado al mercado más grande del mundo disminuye mucho los costos logísticos”, dijo.


Por otro lado, es un problema de cadenas de valor: distintas fases del proceso de producción se llevan a cabo en varios países, por lo que no es sencillo que las exportaciones mexicanas se vayan a otros destinos. Gran parte de estas son “bienes intermedios” se usan para producir otros bienes finales, generalmente en Estados Unidos.


“[Se logrará] en la medida en que los bienes intermedios que México manufactura sean demandados por los sectores industriales de otros países para transformarlos en bienes finales. No se puede de forma unilateral, requiere una integración de otras industrias, lo cual es muy dinámico. Como puede pasar en 2 o 3 años, o en 5 o 10 años”, especificó Castañeda


Desde su perspectiva, los destinos alternativos son Europa y Asia, pero para abrirse a esos mercados se necesita invertir en la infraestructura en los puertos.


“La Unión Europea es el cliente potencial. De hecho, como México no tiene la infraestructura en puertos (barcos o conectividad) para exportar directo a Europa, primero se exporta a Estados Unidos y luego se reexporta hacia allá. Una parte importante del déficit de México con Estados Unidos (63 mil 200 millones de dólares) no son bienes que se consumen ahí, sino solo pasan rumbo a Europa”, explicó.


El el otro problema es nuestro mercado doméstico, “que es estrecho”, añadió en entrevista Díaz Amador. “Si el producto no se puede dirigir a otro mercado, nosotros no tendríamos capacidad para captar esos niveles de producción porque el consumo interno es bajo y hay 50 millones de pobres, lo que implicaría que las empresas tuvieran un efecto de recesión y despidieran trabajadores. Esto traería un panorama de incertidumbre y de crisis hacia el interior de la economía nacional”, sostuvo.


Las opciones “salvavidas”