De Celaya a León: una historia vandalizada


Unos kilómetro antes de llegar a León procedentes de Silao, hoy casi en los límites de la mancha urbana, hay una carretera comarcal perpendicular a la ruta principal. Sobre ese viejo camino vecinal hoy asfaltado se estableció la línea defensiva del Ejército de Operaciones, del general Álvaro Obregón, cuando el 2 de mayo de 1915, salió con su Estado Mayor, su escolta y parte de sus fuerzas de Silao para establecerse en la Estación Trinidad. Durante los siguientes 32 días, esa Estación fue el Cuartel general obregonista, en la fase final y a la postre definitiva de una serie de acciones de guerra iniciadas el 6 de abril de ese año, cuando los soldados de la División del Norte, al mando directo de Francisco Villa, arrollaron las fuerzas del obregonista Fortunato Maycotte en Estación Guaje (hoy Villagrán) y atacaron Celaya.


Del 6 de abril al 5 de junio, en los llanos del Bajío, se libró la batalla más sangrienta de nuestra historia, en la que participaron más de 70,000 mexicanos y que, a la postre, definió el futuro del país, el México del siglo XX, muchas de cuyas instituciones, políticas y costumbres siguen vigentes. ¿Qué queda de eso? Prácticamente nada:


Si uno recorre la línea defensiva establecida por Obregón a partir del 2 de mayo, encontrará en el centro, muy próxima a la carretera, la abandonada y vandalizada estación Trinidad. Unos kilómetros más adelante, en la plaza de Santa Ana del Conde, a unos metros de donde una granada villista arrancó el brazo de Obregón, hay un pequeño busto en honor del caudillo de Sonora erigido hace más de medio siglo por algunos supervivientes de la batalla. Y eso es todo: si recorremos la línea de su extremo sur (Santa Ana del Conde) encontraremos ruinas, restos, sombras, ni una indicación de que en Trinidad, Los Sauces, San José del resplandor y la hacienda de La Loza (o Loza de Barrera), se plantaron las fuerzas carrancistas y defendieron la línea frente a ataques intermitentes y furiosos.


Nada que nos haga imaginar el camino de las caballerías carrancistas el 5 de junio, hasta la estación de León; nada que nos diga por dónde cortaron la vía los villistas, entre Trinidad y Silao, para encerrar a sus enemigos durante la última semana de la batalla. Nada en la hacienda de Duarte ni en la de Otates que recuerde que desde ahí lanzaban los villistas sus ataques. Nada, casi nadie ahí, salvo una señora que nos mostró el mirador de Otates, y recordó que desde ahí disparó Felipe Ángeles el cañonazo que mutiló a Obregón. No fue así, pero esa es la idea.


En Celaya es aún peor: algún mapa, algunas cédulas y fotos en un museo que nadie visita. Algún mural francamente espantoso, una estatua de Obregón en lo que en mi niñez era la salida hacia Salamanca (y hoy debajo de una suerte de distribuidor vial, uno de tantos hechos por estos gobiernos para los cuales obra pública son puentes para vehículos, y las ciudades se destruyen a base de arrinconar al peatón y al pequeño comercio en beneficio de los automóviles y los centros comerciales).


Lo demás, son ruinas: San Juanico, La Internacional, La Favorita, Trojes, Crespo… he hecho el experimento de preguntar a quienes caminan por las calles de los Girasoles que si saben que hoyan con sus pasos las improvisadas tumbas de cientos de mexicanos que ahí murieron y no, no lo saben, pero la mayoría se muestra muy interesada en saberlo.


A veces me parece que la historia de México está tan olvidada y vandalizada como la estación Trinidad o la fábrica La Favorita. Pero también sé que por más que ese parezca el objetivo de nuestras clases gobernantes, el olvido de la historia, muchos ciudadanos combatimos en su defensa. Por eso, he lanzado dos propuestas: he estado haciendo llegar (y si me ayudan y presionen quizá tengo éxito) a las autoridades de León, la propuesta de crear un museo destinado a presentar, recordar, la mayor batalla de la historia de América Latina. Sería el primer museo en México dedicado a exponer y explicar una batalla y sus resultados, temática muy exitosa en Europa y los Estados Unidos. La propuesta consiste en recuperar el sitio donde estableció su Cuartel General el jefe victorioso: la hoy vandalizada y en desuso Estación Trinidad, muy cercana al núcleo comercial y financiero de León, así como al aeropuerto y la zona hotelera.


Con el museo como base o eje, puede abrirse un eje de turismo histórico-cultural como los que existen en otros países, que detone el rescate de puntos como Santa Ana del Conde, Loza de Barrera, el Mirador de Otates y puntos intermedios.


Entre tanto, y para remarcar el hecho, filmaremos un documental que por un lado explique aquellas batallas y, por el otro, muestre cómo son hoy los sitios en que se combatió e impulse su rescate. Para ello, les pido que entren a esta página, y que donen cinco pesos como ahí se explica:


https://www.indiegogo.com/projects/Donar para el documental El Perfumao y el Bandolero


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