Mario Barajas Pérez

“… Nada más personal puede ofrecer el periodista que su propio estilo…”.



Reporteros de El Heraldo durante la inundación de Irapuato en 1973. (Foto publicada en el libro conmemorativo del 50 Aniversario de “El Sol de Irapuato” en el año de 2004).


Conflicto michoacano


“… Antes de que concluyera el gobierno del presidente Adolfo López Mateos, las cosas se tornaron difíciles para el entonces gobernador de Michoacán, Agustín Arriaga Rivera, quien comenzó a afectar los intereses caciquiles de algunos políticos; vieron en él un peligro para su futuro político”.


“Estos comenzaron a movilizar al estudiantado nicolaita para derrocar al gobernador Arriaga Rivera, quien solicitó el respaldo del ejército y prácticamente se impuso el toque de queda”.


“Durante la revuelta estudiantil, hubo acciones del gobierno estatal contra algunos medios informativos y la amenaza de querer atacarlos con sicarios, entre ellos, al “Noticias”, donde yo trabajaba”.


“Un grupo de estudiantes lanzaba consignas contra el periódico que, según ellos decían, estaba al servicio de gobierno. Salimos a la calle para tomar nota del acontecimiento. Había otra manifestación en la Plaza de Armas y caminamos con rapidez por la calle Allende”.


“De pronto, aparecieron soldados de caballería buscando estudiantes, nos confundieron con ellos y se lanzaron contra nosotros. Cuando uno de los soldados, con sable en ristre, venía por mí, me escondí en el quicio de una puerta. Luego me levanté rápido y corrí al periódico que estaba a la vuelta de la esquina”.


La situación estaba muy tensa y ya no había tranquilidad para los periodistas. A mí me seguían constantemente elementos de la Policía Judicial. No me molestaban, pero sí me tenían muy vigilado, desde que salía del periódico hasta llegar a mi casa, y de mi casa rumbo al periódico.


Sus memorias


Así escribió Mario Barajas Pérez, en sus inconclusas memorias, la etapa en Morelia, Michoacán, previa a su arribo a Irapuato, donde plasmaría una huella periodística a finales del siglo XX en los periódicos “El Heraldo”, “Diario” y “El Pueblo”, de Irapuato todos.


Barajas Pérez nació en la ciudad de México, el 28 de septiembre de 1939, donde pasó su primera infancia. De la capital, Mario, su hermana María Eugenia y su madre, se fueron a vivir a Morelia, Michoacán.


Ahí, llegaron a la casa de su tía abuela Felícitas, quien vivía a cincuenta metros de donde posteriormente sería su hogar, bajo la protección de David Barajas Farfán, quien les dio no solamente su apellido, sino su apoyo y cariño al casarse poco después con su madre, María Ramona, “con todas las de la ley”.


De acuerdo a la redacción autobiográfica “Mis Recuerdos”, Mario menciona su instrucción primaria en la escuela “Jesús M. Olvera”, donde participó en una pequeña obra de teatro escolar haciendo el personaje de un niño voceador, que le marcó el inicio de su destino.


Fue casi un “milusos” en su infancia. Ayudaba a su abuelo materno primero, y a su padre después, en el sostenimiento familiar. Pero llegó el día en que sus padres decidieron enviarlo a la ciudad de México a estudiar la secundaria, misma que no terminó por sus inasistencias, pues casi siempre se iba “de pinta”.


Por ello, lo regresaron a Morelia y fue perdiendo el interés por estudiar. Anduvo de oficio en oficio y de aventura en aventura, pero sentía ya el gusanito de “la reporteada”, hasta que se topó con un anuncio donde escuelas argentinas ofrecían cursos; mandó un cupón y se inscribió para estudiar Periodismo por correspondencia.


Llegó después, por su cuenta, al periódico “El Heraldo Michoacano”, donde le dieron chamba de ayudante de prensista, de formador, de linotipista, hasta llegar a jefe de Circulación. Incursionó en el área de Publicidad, desde donde además, entregaba algunas notas de Sociales y Deportes.


Sus primeras fuentes, ya en Primera Plana, fueron la CTM, la CROC y el FAT. Le agregaron las fuentes campesinas y fueron llegando las demás. Al comenzar la circulación de un nuevo periódico llamado el “Diario de Michoacán”, decidió irse a probar suerte en él, donde llegó a ser jefe de Redacción.


Invitación a Irapuato


Posterior al “conflicto michoacano”, Mario recuerda: “Fue por esos días que recibí una llamada telefónica de un periodista que conocí cuando trabajaba en El Heraldo Michoacano. Se trataba de Benjamín Montemayor Gómez, quien había laborado por varios años en Uruapan y Zamora. Su llamada fue para pedirme que le sugiriera a algún periodista que se fuera a trabajar a Irapuato”.


“Aquella la consideré como una llamada salvadora. Le dije que yo estaba dispuesto a irme y le platiqué de la situación que estábamos viviendo. Estuvo de acuerdo y solamente le pedí algunos días para arreglar los asuntos pendientes y poderme ir sin que nadie se enterara de mi viaje, lo que aceptó”.


“A partir de ese momento comencé a preparar mi salida, la que realicé una madrugada después de dejar el cargo en el periódico”.


Luis Alfonso Méndez Lara, su compadre y colega, contaba que Mario, por la crítica situación en su tierra natal, arribó a esta ciudad escondido dentro de la cajuela de un carro.


El Heraldo de Tresguerras


En 1978, cuando quien esto escribe llegó como aprendiz de reportero a “El Heraldo de Irapuato”, Mario ya fungía como jefe de Información. Quien estaba a cargo en la subdirección, era Luis Alfonso Méndez Lara, luego de la salida de Benjamín Vázquez Ramírez, su anterior jefe de Redacción.


Entre el tecleo de las máquinas mecánicas y el parloteo del personal, destacaba la voz grave y fuerte de “El negro” Barajas con llamadas de atención, que bien encajaban con su perfil.


Casi cuarentón, de cuerpo atlético, tez morena, cabello ondulado -y como lo describió el colega michoacano Macario Ramos-, Barajas “era firme, decidido, No había medias tintas: O estaba bien redactada, o la nota se iba al cesto de la basura. “¡Póngase vivo!, el buen reportero se forma a conciencia y no hace pendejadas”, decía.


A mí nunca me trató como a esos compañeros, a quienes diariamente regañaba casi a gritos, ya que él revisaba y “esquemaba” las páginas de las secciones Salamanca y Policiaca, con la información de Abel Ramírez Rodríguez, Daniel Castro del Valle y Rosita Alonso García; las fotos eran de Andrés Gutiérrez Gallardo (QEPD).


De él y de Luis Alfonso, sabía una y mil anécdotas chuscas contadas por ellos mismos. En pareja, hicieron un trabajo excepcional durante la inundación de Irapuato, pues ellos y sus familias también vivieron esas trágicas escenas.


Teníamos una competencia interna para llevarnos la nota principal (la de ocho columnas) en la portada de la edición cotidiana: Luis Alfonso Méndez Lara y Mario Barajas Pérez (los jefes) contra Guillermo Zenteno Krissanto y Felipe Canchola González (los reporteros). Los resultados siempre estuvieron muy reñidos.


Mario editó mi primer reportaje de investigación publicado en tres partes, sobre el lugar exacto del nacimiento de Miguel Hidalgo y Costilla, por el que me felicitó sinceramente, lo que me significó una gran motivación.


La Redacción en la calle Tresguerras de principios de los ochentas, la integraban también Rosy Campos Hernández y Ana Macías Noriega en Sociales; Arturo Luna Ortega y Lalo Macías Noriega en Deportes; Edgar Sandoval Contreras en Policía; y como reporteros gráficos estaban Andrés Gutiérrez Gallardo (QEPD), Juan Cervantes Gutiérrez, Jorge Cervantes Gutiérrez (QEPD) y Jesús Landín Landín “el tigre”.


El Diario y El Pueblo


Don Mario, como le decían algunos, fue de los primeros contratados por don Carlos Loret de Mola y su hijo Rafael, para iniciar las ediciones del nuevo periódico “Diario” de Irapuato, a donde se llevó a Lalo Macías, Rosita Campos y Juan Cervantes, entre otros.


En 1985 fue galardonado con el premio de periodismo “José Pagés Llergo”, cuando se le conocía como “Periodista del año”, y se asignaba por votación del Ayuntamiento. Era, por supuesto, entregado en Sesión Solemne.


Supe que Barajas Pérez se fue, después del “perezchowellazo” en el periódico “El Pueblo” de Eulogio Rodríguez -donde era subdirector-, a El Sol de Morelia, rotativo que dirigía Armando Palomino Sr., y donde fungió como jefe de Redacción hasta el final de su vida laboral.


El 13 de noviembre de 2016 por la tarde, Luis Carlos Manzano, amigo de la familia Barajas, me confirmó su muerte en esta ciudad de Irapuato. En Morelia, ese mismo año de su deceso, quedó oficialmente instituido el máximo galardón para los comunicadores michoacanos: El premio estatal de periodismo “Mario Barajas Pérez”.


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