Síntesis nacional


Foto del día: Carlos Urzúa, próximo secretario de Hacienda, que Jonathan Heath será la propuesta de López Obrador para Banxico.


Editorial Centenarios-Kiosco de la Historia

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La campaña es una, el gobierno es otro: el pueblo es el mismo


Por Fidel Ramírez Guerra


Todas las condiciones están dadas para que este lunes primero de octubre se reúnan en León el presidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo.


López Obrador tiene visita como parte de la jornada de agradecimiento por su triunfo. Diego Sinhue ya es gobernador y en el último mes ha tenido tres encuentros con él, en eventos, nada formal.


En el proceso de transición varios gobernadores han entregado sus paquetes de obras al presidente. Hasta esta fecha no se ha generado información pública de una serie de propuestas del gobernador de Guanajuato.


La fecha para la reunión es inmejorable. Al día siguiente se desarrolla en la misma ciudad de León el foro de paz, un programa que por cierto, ha perdido el interés.


Sobre estos foros Alfonso Durazo, el futuro titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, ha insistido en que de estos foros saldrán elementos para una nueva política nacional.


Diego Sinhue tiene todas las condiciones para ese golpe de timón ofertado y que, en principio, será la marca de su sexenio… golpe de timón, se le recordará cada día, en cada acción fallida, muy lejos del reconocimiento del lema gubernamental La Grandeza de México.


Fatídico el fin de semana, lleno de violencia… inicio de semana con posibilidades de grandes salidas, de luces, de un acuerdo fundamental en materia de seguridad entre presidente y gobernador.


Las campañas son de promesas. En el gobierno la acción dista mucho del discurso por el voto, pero, desgraciadamente para la propia sociedad, el pueblo es el mismo.


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Columna de Columnas

Caso Duarte: justicia que no es justicia / Asuntos de medios / ¡Auxilio!

29/09/2018


Caso Duarte: justicia que no es justicia

A pesar de que el ex Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, fue sentenciado en el caso en su contra por presunto lavado de dinero, la sentencia que le fue impuesta parece muy poco al considerar todo lo que robó de las arcas del estado; estamos ante un caso en el que la justicia perece no serlo, lo que podría provocar el enojo de la ciudadanía. En El Universal, el periodista Salvador García Soto, escribe que: “como la mujer del César, la justicia, para que lo sea, no sólo debe serlo sino parecerlo. Y la sentencia que un juez federal le dictó al ex Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, parece todo menos justicia. Porque aprovechando las ‘ventajas’ del nuevos Sistema de Justicia Penal Acusatorio, el protagonista del mayor escándalo de corrupción de la era reciente de este país, cuyos desvíos millonarios de recursos públicos se han llegado a estimar hasta en 60 mil millones de pesos, obtuvo una pena mínima de cárcel y una multa tan ínfima, que lejos de reparar el grave daño que hizo al erario federal y de su estado, es más bien una ofensa, una burla que indigna, enoja y lástima a una sociedad ya de por sí harta y agraviada por la corrupción de sus políticos […] detrás de la apariencia de “legalidad” y “justicia” de este fallo judicial, es inevitable pensar que la amenazas y advertencias que Javier Duarte mando reiteradamente desde la cárcel, e incluso la sospecha de una negociación en su momento cuando fue capturado en Guatemala, en abril del 2017, estén detrás de su cómoda sentencia […] Así que como en la historia que cuenta Plutarco, en sus Vidas Paralelas, Cayo Julio César se divorció de su esposa Pompeya Sila, al poco tiempo de ser ungido emperador, al enterarse de que ésta había acudido a una “Saturnalia” u orgía sexual, y cuando otras damas de la aristocracia le pidieron disculparla porque ella había acudido sólo como observadora, pero no había participado, el emperador pronunció la frase de que ‘La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino además parecerlo’. Y la justicia impartida en el caso de corrupción de Duarte ni es ni parece justicia y, en una de esas, la indignada y ofendida sociedad mexicana termina también divorciándose tempranamente de su flamante sistema de justicia penal acusatorio”.


50

En Reforma, el escritor Jorge Volpi, escribe que: “imaginemos a aquellos jóvenes. La mayoría estudian en la UNAM o en el Politécnico, en Chapingo o el Colegio de México, y unos cuantos en universidades privadas. Desde hace semanas han participado en distintas manifestaciones y marchas, han sido golpeados o insultados por granaderos y otros cuerpos de seguridad, han recibido el apoyo del rector Barros Sierra, de muchos de sus maestros, amigos y familiares. Han caminado alzando el puño o haciendo la V de la victoria, han coreado consignas y lemas o han peregrinado en silencio. Conocen de memoria el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga, los embarga tanto el miedo como la ira -y, también, la esperanza- y, tras haber estado en el Casco de Santo Tomás o el Zócalo, hoy se congregan poco a poco en la Plaza de las Tres Culturas. Aunque han sido víctimas tanto de la policía como de las descalificaciones de la prensa oficialista, ninguno imagina que esa tarde del 2 de octubre vaya a ser distinta a otras. Pero, a diez días de las Olimpiadas -el espacio en el cual México se mostrará como nación moderna y orgullosa ante el mundo-, el poder ya no está dispuesto a tolerar su desafío. El régimen autoritario no duda en convertirse, ante la amenaza, en dictadura. La decisión ha sido tomada y ya nada evitará la mano dura, el fuego cruzado, los muertos y los cientos de detenidos: el precio que Díaz Ordaz y su partido están dispuestos a pagar a cambio de sepultar, de una vez y para siempre -o al menos por mucho tiempo-, cualquier sublevación […] Lo que esos jóvenes no imaginaron, no podían haber imaginado, es que cincuenta años después México iba a estar devastado por una violencia infinitamente superior a la que ellos sufrieron. Que tanques y carros de combate -el horror del 68 en la ocupación de la UNAM y el IPN- iban a ser parte del paisaje habitual del país. Que habría 170 mil muertes derivadas de la absurda guerra contra el narco. Entre 40 y 70 mil desaparecidos. Y que de nuevo un grupo de jóvenes estudiantes, en Iguala, iban a ser víctimas de la sinrazón de criminales aliados con las fuerzas de seguridad del Estado. En 50 años, la derrota del 68 se transmutó en el triunfo de los derechos y la ciudadanía que hoy gozamos, pero también en una derrota aún peor: la de una nación hecha añicos, donde prevalecen la injusticia y la impunidad, y donde millones zozobran ante un Estado incapaz de protegerlos -o, peor, que los veja o somete igual que cinco décadas atrás-. Por ello, hoy más que nunca hace falta volver al “espíritu del 68”: ese talante crítico, democratizador e incluyente que se necesita, sobre todo entre nuestros jóvenes, para cambiar radicalmente este estado de cosas. Nos urge recuperar la esperanza que entonces permitía vislumbrar un futuro mejor, y construirlo a través de la memoria y la justicia que merecemos, hoy, a 50 años del 68”.


Asuntos de medios

En Milenio, el columnista Liébano Sáenz, escri