Síntesis nacional

Compilación de las Columna de Columnas, portadas del día, y notas políticas de México.



Foto del día: 50 aniversario del 2 de octubre en Tlatelolco.


Editorial Centenarios-Kiosco de la Historia

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2 de octubre no se olvida



Por Fidel Ramírez Guerra


Pedro Castillo Salgado, José Jaques Medina y Raúl León de la Selva, ya extinto este último, líderes ellos del movimiento estudiantil del 68 estuvieron en Guanajuato en la década de los 80, en una cruzada para conformar cuadros de izquierda, bases, para la toma del poder. Su ideal fue la creación de sociedades cooperativas para que esta sociedad civil organizada tuviera los recursos para la Revolución.


En un informe secreto de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) estos tres estudiantes fueron considerados en su momento como los ideólogos del movimiento estudiantil, que extendió sus relaciones con el sector campesino, obrero y popular. Por esas fechas el periodista Humberto Aranda, del periódico Excélsior, desplegó a ocho columnas la intención de la toma del poder, e declaraciones adjudicadas a Jaques.


Tras la represión del movimiento estudiantil del 68 los jóvenes estudiantes en general, los participativos, tuvieron como alternativa de participación la vía armada; la política partidaria con la reforma política de Fernando Gutiérrez Barrios y de Jesús Reyes Heroles o la organización social.


Mientras algunos estudiantes se fueron a las montañas para preparar la lucha armada, unos más crearon partidos políticos pero dependientes del centro. Es decir, de la añeja Secretaría de Gobernación, que a su vez controlaba el consejo electoral, el organizador de las elecciones y otorgante de las prerrogativas.


El tercer segmento fue el de Pedro Castillo, de Pepe Jaques y de Raúl León de la Selva.


Los tres conocieron a Enrique Velasco Ibarra en la Facultad de Derecho de la UNAM. Más tarde, cuando EVI llega a Guanajuato como gobernador, sostiene una férrea lucha contra el entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, que finalmente pierde el guanajuatense.


Antes de su caída, y para contrarrestar el sabotaje a su gobierno a través del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), Velasco Ibarra trajo “caballos de allá mesmo”: activistas profesionales.


Finalmente el poder central se impuso y el gobernador Enrique Velasco Ibarra fue desterrado. De los tres, Raúl León de la Selva fue asesinado a balazos por la espalda. José Jaques, junto con César Chávez, se dedicó a organizar a los migrantes. Pedro Castillo reactivó maquinaria para impresos.


La última vez que vi a León de la Selva fue en México. Con Jaques me vi en Morelia y con Castillo en la selva de Chiapas, durante el levantamiento zapatista.

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Columna de Columnas

2 de octubre no se olvida / USMCA / El mundo encima

02/10/2018


2 de octubre no se olvida

El 2 de octubre de 1968 tuvo lugar un suceso que marcó la historia de las movilizaciones estudiantiles en el país, la matanza de estudiantes ocurrida en Tlatelolco se convirtió en el emblema de la represión por parte del gobierno mexicano a las protestas. A 50 años de este suceso, los sobrevivientes siguen demandando justicia y los estudiantes siguen saliendo a manifestarse a las calles para conmemorar la fecha. Al respecto en Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “el mitin de aquella tarde se convocó sobre todo con pintas en el internet del movimiento: el transporte urbano de pasajeros. Era miércoles. Decenas de camiones acabaron incendiados por grupos de jóvenes que libraron los cercos militar y policiaco a Tlatelolco tras la estampida que provocó la primera balacera. Excepto algunos que se bajaron y acomodaron en la escalinata […], ningún delegado al Consejo Nacional de Huelga que estuviera en la terraza de oradores escapó al Batallón Olimpia, que llevó a los detenidos a la Dirección Federal de Seguridad y al Campo Militar Número Uno. Como demostró en su documental Óscar Menéndez 25 años después, es una mentira contumaz que la tropa llegara disparando […]. Y es que también el Ejército fue entrampado por francotiradores desde las ventanas superiores, ala sur, del edificio Chihuahua. No al olvido. Y no a la superchería que tanto ensucia la memoria de la matanza con que quiso sofocarse el aire de libertad que hoy se respira”.


El número de víctimas de la masacre del 68 va más allá los estudiantes fallecidos, también están los heridos y hoy sobrevivientes de ese día, y por supuesto las familias de los estudiantes y maestros involucrados. Por ello en Milenio, el periodista, novelista e historiador Héctor Aguilar Camín, escribe que: “’2 de octubre no se olvida’, dice la consigna. Cabe preguntar medio siglo después qué es lo que se recuerda, de qué se trata lo que no se olvida. La consigna se refiere, desde luego, a la matanza de Tlatelolco: el hecho violento que clausura y se come la memoria del 68 mexicano. Recuerda la fecha fúnebre y funesta. No la fiesta, no el fuego juvenil del movimiento, que siempre reivindicó Luis González de Alba, sino la balacera que le puso fin. La consigna no recuerda los días de la euforia sino la noche de Tlatelolco. Hay mucho que corregir en nuestra memoria de aquellos hechos […]. Podríamos seguir corrigiendo con el número de muertos de aquella tarde. Incluso yendo más allá, como ha hecho Susana Zavala en su investigación puntillosa de aquel año: no solo cuántos muertos hubo sino también cuántos heridos vinculados al movimiento de aquel año. Más aún: cuántos agraviados […]. El saldo total de víctimas de aquel año asociadas al movimiento estudiantil, según Zavala, es de 78 muertos y mil 638 agraviados […]. Las nociones de Matanza y Masacre han llevado siempre nuestra imaginación más allá. El hecho es que la cifra documentada de muertos del 68 no ha hecho sino descender y debemos corregirla en nuestra memoria, no porque los 78 registrados por Zavala sean pocos muertos, sino sencillamente porque no son 325, como reportó The Guardian, ni entre 150 y 200, como calculó la embajada. Porque cada vida cuenta”.


Las placas alusivas a la inauguración del Metro que tienen el nombre de Gustavo Díaz Ordaz, fueron retiradas hace unos días debido al papel que jugó el ex Presidente en la matanza del 68, sin embargo, este acto es considerado por algunos como un acto de populismo y no de justicia. Por ejemplo, en el Excélsior, su director, el periodista Pascal Beltrán del Río, escribe que: “José Ramón Amieva no llegó a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México por la vía de las urnas […]. Pese a que los ciudadanos no votaron por él y le quedan sólo dos meses en el cargo, Amieva quiso dejar su marca. Y por eso, en vísperas del cincuentenario del 2 de octubre de 1968, mandó quitar las placas alusivas a la inauguración del Metro que tienen el nombre de Gustavo Díaz Ordaz. Todos los días, cientos de miles de personas pasaban frente a esas placas y nadie, que yo recuerde, sintió la necesidad de vandalizarlas. Pese a que el papel jugado por Díaz Ordaz en el 68 es muy claro, las placas no parecían molestar a nadie. ¿Qué se logra quitando esas placas? Desde el punto de vista de la historia, absolutamente nada. Díaz Ordaz no será más o menos culpable de los hechos de 1968 y no dejará de