Andrés Manuel López Obrador, el gran farsante


Asqueado de los gobiernos del PRI, y espantado por lo que habían podido hacer en solo un sexenio desde que retomaron el poder, comencé a buscar opciones que apoyar activamente para las elecciones de julio de 2018.


A pesar de ser de ideología de derecha, 20 años de educación en escuelas jesuitas me han hecho sensible a las necesidades del prójimo y a ver más allá de mi propio beneficio para alcanzar el bien común. Esto en más de una ocasión me ha hecho voltear a partidos de izquierda, dada la falta de humanidad en el resto de los movimientos políticos en México.


Este fue el caso cuando comencé a seguir de cerca los movimientos de Morena y del PRD, sobre todo en Guanajuato, mi estado natal y en donde vivo, gobernado por la derecha tantos años que pudiera ya presentarse (tanto en los gobernados, como en los gobernantes) una ceguera de buró, ya que a pesar de ser una isla de crecimiento y prosperidad en el país, tenemos serios problemas de los que poco se hace eco, y como sociedad poco exigimos.


Lo primero que noté fue una falta de representantes de las izquierdas en el estado. Ni un solo líder de opinión pertenecía a esos partidos, y no habían tenido (ni aspiraban a tener) puestos de representación popular en los últimos lustros, excepto por algunas regidurías y alcaldías en pequeños municipios del sur del estado.


Varias veces apelé a las dirigencias nacionales de los partidos de izquierda para que voltearan a ver a Guanajuato, comenzaran a trabajar en sus bases, a fin de lograr sanos contrapesos como oposición al gobierno del estado (panista desde 1991, a través de la primera concertacesión política en la historia de México), pero siempre la respuesta era que tenían que enfocarse en otras zonas o que la gente con la que contaban era la suficiente, lo que a todas luces era un acto de conformismo.


El movimiento que Andrés Manuel López Obrador venía representando desde hacía más de 10 años representaba para muchos una esperanza de cambio a nivel nacional, y conforme la época electoral fue acercándose, el movimiento de Morena fue creciendo y fortaleciéndose, incluso en Guanajuato, donde como ya mencioné, poco caso habían hecho los partidos de izquierda.


Me llamó la atención que para finales de 2017 se envió al estado una comitiva de intelectuales y dirigentes de Morena a fin de fortalecer u revivir el movimiento en Guanajuato. Me ilusionó ver por llegar por fin un sano contrapeso a los eficientes (pero no perfectos) gobiernos panistas, y comencé a seguirlos de cerca.


Dos personas sobresalían entre las demás, el reconocido historiador Pedro Salmerón, y la michoacana de extracción perredista Antares Vázquez. Iban de municipio en municipio, a la usanza del Peje, hablando de su movimiento, buscando simpatizantes, y semblanteando (sic) la situación particular del estado y de cada municipio por donde pasaban.


Todo esto me parecía muy interesante, incluso al grado de pasar por mi mente acercarme a ellos, a fin de apoyar el frente más fuerte en contra del nefasto PRI a nivel nacional. Mi decepción llegaría pronto a través de los medios, que generan rumores, y que en aquel momento comenzaron a publicar supuestas reuniones de gente importante de Morena con líderes del PRI en el estado. Y no cualesquiera, sino los peores entre los peores priistas de Guanajuato. Y DEL PRI!!!! De esa gente que nos había hecho tanto daño y que nos había robados por décadas, de esos contra los que decían luchar fervientemente, de esos que eran la “mafia en el poder” y que para Morena eran apestados políticos.


Inmediatamente, vía Twitter, me puse en contacto con Pedro Salmerón, con Antares Vázquez y con la dirigencia de Morena en el estado para advertirles que con la gente que estaban negociando eran pájaros de cuenta y que irían a perjudicar a su movimiento, asumiendo yo (ilusamente) que los morenos no conocían la realidad del estado por tener poco tiempo aquí haciendo activismo.


La respuesta de TODAS las partes fue que no me preocupara, que de ninguna manera juntarían a gente non grata a Morena y que seguramente eran figuraciones mías, porque la moralidad de Morena estaba a toda prueba y a ese tipo de personas sin calidad moral, el líder Lopez Obrador nunca las permitiría entre sus huestes.


A los pocos días se hicieron oficiales las negociaciones entre los dirigentes de Morena (y AMLO mismo) y grupos priistas de lo más nefasto de la entidad, tal es el caso de Bárbara Botello, cuyo nombre se barajó para ser candidata a gobernadora de Guanajuato por Morena, aún a sabiendas que ella ha sido la alcaldesa más deshonesta que León había tenido en décadas (muy cerca había quedado de la deshonestidad de Ricardo Sheffield, que con su mala actuación y sus públicos malos manejos había logrado que el PAN perdiera la alcaldía de León en 2012, lo que pareciera imposible).


Volví a apelar al historiador Salmerón y a las cúpulas de Morena en Guanajuato y me aseguraron que solamente eran charlas políticas, y que así como se estaba hablando con Botello se estaba hablando con más gente, pero que ya se tenía candidata a gobernador y que está sería la antes citada Antares Vázquez, cuya carrera política era desconocida para mí, pero que como en todos los casos tenía detractores y gente que la apoyaba. Para mi era una persona del montón y esto hacía que el peso de Morena en el estado volviera a ser el de siempre, nulo. Punto positivo es que era mujer y que al parecer tenía algunas ideas interesantes, aunque su chamba como precandidata oficial no duró mucho.


Esas negociaciones que mencioné antes y que se llevaban por debajo de la mesa, incluso de la misma gente de Morena, incluso del mismo Pedro Salmerón y la precandidata a gobernadora Antares Vázquez, seguían dándose en CDMX y en el mismo estado en algunas de las visitas de López Obrador.


La primer compra de Morena en Guanajuato fue Miguel Ángel Chico, a quien el PRI no quiso darle la candidatura al gobierno del estado, y quien de un día para otro, y como buen político, pasó de ser priista activo a ferviente admirador de López Obrador y militante de Morena. Ante este hecho se comenzó a hablar de la posibilidad de sustituir a Antares Vázquez como candidata al gobierno de Guanajuato, lo cual pensé que no podría ser posible, dado lo aguerridos que son algunos militantes de Morena y lo avanzado de las precampañas.


Pocos días después, cual sería la sorpresa de los guanajuatenses al enterarnos que quién estaba negociando con López Obrador era Ricardo Sheffield, el mismo panista corrupto que mencioné antes, y del que se dice, saqueó las finanzas del municipio de León y pactó con el PRI para que no ganara Miguel Salim, quien en su momento fuera candidato a alcalde de León por el PAN, entregando en bandeja de plata la alcaldía a otra hampona, la hoy exdiputada Bárbara Botello.


Cuando las negociaciones con Sheffield fueron más que evidentes y públicas, apelé por tercera vez a la razón de Pedro Salmerón, los dirigentes de Morena y la misma Antares Vázquez, cuya candidatura evidentemente estaba en riesgo. La respuesta fue la misma de la vez anterior: que eso en Morena no ocurría, que estaban libres de pecado y que gente de esa calaña nunca haría equipo con ellos, y que si Chico había sido aceptado fue porque era un priista “honesto” (existen los priistas honestos??). Pero antes de lo que canta un gallo la verdad salió a flote, don Sheffield le había llegado al precio a López Obrador (o López Obrador le había llegado al precio a Richard Sheffield) lo cual era grave.


Se anunció con bombo y platillo la morenización del aún panista, aunque todavía no se confirmaba para que lo habían reclutado. Antares Vázquez era cuestionada por todos los medios y ella rechazaba tajantemente la posibilidad de dejar su candidatura. No contaba con que en Morena se hace únicamente “lo que diga mi dedito”, y que López Obrador ya había vendido la candidatura de Guanajuato a un pudiente Ricardo Sheffield, cuya fortuna a todas luces provenía de sus gestiones como alcalde de León.


Imaginé una eminente ruptura dentro de Morena en el estado, al aguerrido Pedro Salmerón gritando y mentando madres a diestra y siniestra, y a la antipática Antares Vázquez defendiendo su candidatura como gato boca arriba. Cuál sería mi sorpresa que no hubo ni una mentada de madre, y menos una queja por parte de la ya entonces ex-precandidata.


Antares declaró lo siguiente: “Hay gente que me acusa de haberme vendido, me acusa de haber traicionado y eso nunca, yo no traiciono, no me vendo, no tengo precio. Lo que sí, es que estoy por principios. Tuve que reconocer ante los resultados de la encuesta, que Ricardo Sheffield puede ayudarnos muchísimo en Guanajuato”.


La venta de la candidatura al gobierno de Guanajuato se había consumado. Esto inmediatamente me hizo recordar la triste historia de Delfina Gómez y la manera como Morena pactó con el PRI de Atlacomulco para dejar a Alfredo del Mazo como gobernador del Estado de México, donde me esperaba una férrea defensa por parte de Morena ante fraude del que habían sido objeto, pero que misteriosamente optaron por tomar un bajo perfil y retirarse sin chistar, evidenciando lo que a la postre llamaríamos “PRIMOR”. Y que a posterior sabemos que fue parte de la negociación que López Obrador tuvo con el PRI para que le permitieran llegar al poder.


Es así como en pocos meses la imagen que tenía de Morena como ciudadanos de a pie, comprometidos con el cambio, pasó a la de políticos de siempre, aves de rapiña buscando sacar el mejor provecho de las situaciones, y tan o más corruptos que los que ellos mencionaban como “la mafia en el poder”. A partir de ese momento, y dándome cuenta de su inminente triunfo en las elecciones federales de 2018, me propuse hacerles un seguimiento puntual y constante, mismo que hasta la fecha continuó y me propongo continuar mientras le gobierno de López Obrador este en funciones.


Como ven, mi férrea crítica a López Obrador no es producto de una ocurrencia y tampoco nace por generación espontánea. Es resultado de analizar su operación política de cerca, frente a mi, y de ser testigo de sus dobleces, de sus incongruencias, de las traiciones a sus propios discursos y a su propia gente, y entre su propia gente. Andrés Manuel López Obrador, el gran farsante, y Morena su obra maestra.

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