Síntesis Nacional

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Chairos, fifís, sirvientas con derechos y pobres al Palacio Nacional


Por Fidel Ramírez Guerra


Todos estamos tratando de identificar el momento país y el rumbo. Estos días estaremos concentrados en el tema del presupuesto: qué tanto con la ideas de Andrés Manuel se puede ahorrar y dónde y cuánto se va a invertir, pero también alrededor hay tres debates: los pobres tienen derecho de ir a Los Pinos y de visitar Palacio Nacional para sus peticiones al presidente; la apuesta del presidente al sur del país y la película Roma, con la extensión de los derechos de las sirvientas.


Y el país sigue entre chairos y fifís.

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Columna de Columnas

Sigue el debate por sueldazos / Los otros problemas de la Corte

Los sindicatos independientes en México son en realidad paleros y botín de caciques: especialistas


El 42 por ciento (1 mil 501 de 3 mil 579) de los sindicatos de trabajadores en México, según cifras oficiales, son independientes (porque no están afiliados a una federación o confederación). Sin embargo, la independencia sindical va más allá de eso. Requiere de procesos democráticos internos que aseguren la participación de la base laboral, sin influencia de intereses políticos y económicos particulares. Pero en México, dijeron sindicalistas consultados, estas condiciones rara vez se cumplen “y los administradores hacen negocios con los sindicatos”.

Ciudad de México, 12 de diciembre (SinEmbargo).- Uno de cada tres sindicatos en México es “independiente”, según los registros de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). Pero las libertades colectivas (para organizar sindicatos) e individual (para afiliarse o no) de los trabajadores mexicanos son, en muchos casos, coartadas por la injerencia de grupos mayoritarios con intereses políticos y económicos, destacaron analistas y líderes de gremios independientes.

Con la entrada en funciones de la nueva administración federal, el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) prometió que durante su mandato, el Gobierno “no va a intervenir a favor de ningún grupo” porque “va haber democracia sindical”.

Inclusive, durante su conferencia matutina del 11 de diciembre, AMLO mencionó que luchará para eliminar el “charrismo sindical” (o la presencia de caciques) y a los sindicatos de gobierno (CTM, CROC, CROM, entre otros) a través de una reforma a las leyes “antes de que finalice el periodo ordinario [31 de diciembre de 2018] del Congreso [de la Unión]”.



La independencia sindical implica una estructura en que los dirigentes y la base laboral están organizados, de tal modo que los beneficios se traduzcan en mejores condiciones de trabajo, a la vez que la productividad se ve incentivada. Así, la independencia sindical es garantía de un contrato colectivo que no responde a intereses privados, sino más bien, a intereses colectivos.

De acuerdo con Víctor Ortega, abogado del Sindicato Independiente de Trabajadores del Nacional Monte de Piedad, la independencia de un sindicato parte, en primera instancia, de la falta de pretensiones políticas de los trabajadores; y nace, por contrario, del acuerdo colectivo para impulsar a la gente, y no para controlarla a través de estructuras corporativas.



Un elemento imprescindible de la independencia, explicó el litigante, es el principio de no reelección de los dirigentes, que por un lado asegura la libre competencia dentro de la estructura sindical; y por otro, genera incentivos de participación sindical, sin el agravante de la influencia que ejercen jerarcas y patrones en las organizaciones laborales, ya sea de manera directa (estructural) o indirecta (a través de los diferentes órdenes de Gobierno).

De acuerdo con el Artículo 2 del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) –que ratificó el Senado de la República en septiembre de este año– se consideran actos de injerencia “las medidas que tiendan a fomentar la constitución de organizaciones de trabajadores dominadas por un empleador o una organización de empleadores, o a sostener económicamente, o en otra forma, organizaciones de trabajadores, con objeto de colocar estas organizaciones bajo el control de un empleador o de una organización de empleadores”.

Cuando la independencia de los sindicatos es cuestionable, el sustento de las libertades laborales, también lo es.

En la actualidad el problema en México es, “sin lugar a dudas, el control político en los sindicatos” y el enriquecimiento ilícito de los dirigentes, dijo a SinEmbargo la doctora María Xelhuantzi López, investigadora del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).



Para la experta en materia sindical, el sindicalismo independiente es mínimo. Mientras que las cifras oficiales refieren que hay 1 mil 501 sindicatos independientes, la realidad sugiere que son pocas las organizaciones que en verdad están desligadas de centrales sindicales tradicionales como la CTM, la CROC y la CROM, que concentran al 43 por ciento de los sindicatos registrados ante la STPS.

El mayor problema, explicó Xelhuantzi, son los “registros fantasma que se utilizan para extorsionar a patrones y trabajadores”. De este modo, la tasa real de sindicalización nacional –de entre ocho y 11 por ciento, según cifras oficiales– no sólo “es menor al uno por ciento” de la población económicamente activa (PEA) sino que, los sindicatos independientes, en muchos casos, no lo son.


El 1 de mayo pasado, durante la celebración del Día Internacional del Trabajo, representantes de varios sindicatos mexicanos protestaron en Morelos para exigir mejora salarial, más prestaciones económicas y castigo a los políticos que impulsan políticas en detrimento de la clase trabajadora. Foto: Margarito Pérez, Agencia Cuartoscuro.

“En este país, no son más de 10 familias las que controlan cerca del 60 por ciento de los registros sindicales”, lamentó la también asesora del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana. “Si el Gobierno realmente quiere dar autonomía y libertad sindical, tiene que empezar con un sistema de fiscalización, con base en los registros locales y federales, para revisar la organización y a los dirigentes”, abundó.

La simulación y el control sindicales, son un grave problema en México. Según Xelhuantzi, “hay una infinidad de membretes, de registros sindicales que se han dado a dirigentes y abogados patronales y sindicales, donde realmente no hay trabajadores” (o los hay pero no saben que tienen un sindicato).

En 2009, por ejemplo, el Consejo de Evaluación del Desarrollo Social del Distrito Federal (CEDSDF) advirtió que la contratación colectiva en la capital del país, era “corporativa y de escasa o nula integración de bases”, con “evidencia [de] que la voluntad que domina es la de la dirección sindical”.

Entonces, como ahora, la Ciudad de México concentraba la mayor parte de los sindicatos del país (19 y 37 por ciento en 2009 y 2018, respectivamente). Y entonces, como ahora, la falta de autonomía sindical vulneraba los derechos de los trabajadores.

Casos como el del Sindicato Independiente de Trabajadores del Nacional Monte de Piedad –que acusa hostigamiento y trato discriminatorio por parte de su sindicato nacional– o el del Sindicato Disidente de Bomberos de la Ciudad de México –que este año denunció presiones por parte del sindicato mayoritario de bomberos capitalino para apoyar a políticos de la Delegación Benito Juárez– evidencian lo que también ocurre en todo el país:

“El cáncer de la simulación contractual [que] afecta a porcentajes altos de los contratos colectivos” en la Ciudad de México, permite concluir que el problema “está presente en todas las federaciones sindicale