Síntesis Nacional

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Foto del día: Reunión del Gobernador de Guanajuato, Diego Sinhue con el Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo: “Con @diegosinhue, gobernador de Guanajuato, sumamos esfuerzos para la recuperación de la seguridad en el estado. Me acompañan el secretario de la Defensa Nacional, @Luis_C_Sandoval ; el secretario de Marina, @AlmiranteSrio, y el titular de la PGR, Alejandro Gertz.”

Editorial Centenarios-Kiosco de la Historia

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Kiosco

Acciones coordinadas y responsabilidades compartidas


Por Fidel Ramírez Guerra


López Obrador anunció el plan contra el huachicol. Durazo recibió a Diego Sinhue. El ejército toma la refinería de Salamanca y ayer durante todo el día se mantuvieron retenes en diferentes partes de la ciudad de Irapuato y en otras ciudades del estado. Hay acciones coordinadas con la Marina y con las policías locales. Hay responsabilidades compartidas.


El estado de Guanajuato cierra con más de tres mil asesinatos. De esta cifra el 85 % de los casos es por tema relacionado con el robo de combustible. Por lo menos dos grupos se disputan las zonas por los ductos de Pemex y los clientes. El mercado. El mercado negro del huachicol ocupó la prioridad de los grupos criminales, más que las drogas, más que el asalto a bancos y a secuestros. Aquí se trata de dinero líquido. Inmediato.


Con este acuerdo del presidente y del gobernador no caben las críticas de panistas al gobierno federal no de morenistas al gobierno estatal. Hoy son acciones coordinadas y responsabilidades compartidas. Las campañas ya pasaron. Hoy la sociedad reclama resultados, no posiciones políticas facciosas de grupos políticos. Hoy los responsables con el presidente y el gobernador.

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Columna de Columnas

El año de la ruptura / Buenos pagadores / La comunicación de la tragedia

29/12/2018


El año de la ruptura

En Reforma, el escritor Jorge Volpi, escribe que: “hemos vivido años de desencanto, años de frustración, años de rabia y furia. En diversas partes del mundo, estos estados de ánimo más o menos comunes, ligados casi siempre a la actuación de la clase política y su incapacidad para resolver los graves problemas de nuestras sociedades, dieron paso a reacciones diversas y a veces encontradas, desde el ascenso del neofascismo representado por Trump o Bolsonaro hasta la victoria de unos cuantos gobiernos de izquierda que representan tímidas formas de esperanza y sensatez, como la inesperada llegada al gobierno español de Pedro Sánchez o la continuidad progresista en Uruguay. En México, el triunfo de López Obrador debe ubicarse como uno de los hitos de este segundo bloque. En pocos lugares podrían detectarse más motivos para el desencanto y la rabia que en México: una incipiente democracia, nacida en el 2000, que en apenas 12 años fue capaz de traicionar todas sus expectativas. Si el periodo de Vicente Fox puede caracterizarse por su falta de resultados, es en los años posteriores que se concentró la debacle. Primero, por las consecuencias de la irresponsable guerra contra el narco: el capricho de Felipe Calderón, lanzado sin la menor prevención y sin la menor consulta, destruyó al país. Los 250 mil muertos ligados a la violencia desde entonces son el mayor testimonio en el planeta de la perversidad e inutilidad de dos políticas conjuntas, dictadas ambas desde Estados Unidos: la prohibición de las drogas y el combate militar al crimen organizado. El fracaso de estas medidas ha sido espectacular: las drogas no han cesado un segundo de ser transportadas, distribuidas y consumidas por doquier, sin que sus precios siquiera hayan aumentado, y en cambio la espiral de violencia no ha hecho más que incrementarse. De ahí que la legalización sea el único camino: Uruguay, varios estados de la Unión Americana y Canadá han comenzado ya con la mariguana, un primer paso que el gobierno de AMLO ha prometido y no debería tardar en aprobar. Por si fuera poco, el gobierno de Enrique Peña Nieto fue -hay que subrayarlo- una auténtica cleptocracia. Como demuestran investigaciones como la Estafa Maestra y la acumulación de procesos contra distintos gobernadores, la corrupción no fue una falla en el sistema, sino una política de Estado. Desde el poder se diseñó un cúmulo de estrategias para desviar recursos públicos hacia las campañas electorales o directamente a los bolsillos de los políticos en turno en esquemas de triangulación que abarcaban a toda la administración pública. Si algo sorprende e indigna es que nadie, de los cientos de operadores en este inmenso esquema de robo de recursos públicos, se encuentra siquiera sujeto a proceso. De modo que cualquiera que se atreva a mostrar ahora la menor nostalgia hacia este pasado reciente es presa de la hipocresía o de la ceguera voluntaria. Aplastada por la violencia y sometida a una corrupción y una impunidad monumentales, nuestra democracia -fuera de su parte meramente electoral- estaba hecha añicos desde antes de las elecciones de este año. Si AMLO consiguió una victoria tan apabullante, y si su respaldo sigue siendo tan amplio, se debe a que supo hacer el diagnóstico correcto sobre este estado de cosas. Ello no significa que sus propuestas de solución sean siempre inteligentes o correctas -sobre todo en el caso de la violencia- pero al menos se aprecia una genuina voluntad de ruptura. El Presidente ha insistido en que estamos ante un cambio de régimen, y muchas de sus propuestas van, simbólica y prácticamente, en este sentido: la austeridad, la falta de boato, la reducción de sueldos y privilegios, incluso la cancelación del aeropuerto. La rectificación, así sea insuficiente, en el caso de los recortes a cultura, ciencia y universidades permite ver que quizás haya espacio para una todavía más importante: el mando militar de la Guardia Nacional, punto clave que, en vez de dirigirse hacia el cambio prometido, solo profundizaría la catástrofe humanitaria de estos años. Esperemos que 2019 sea el año en que este lastre del pasado quede atrás y comencemos a recorrer nuevos caminos”.


Buenos pagadores

En El Universal, su Editorial, asegura que: “en momentos en que en el Congreso de la Ciudad de México se define el Paquete Económico 2019 para la capital, y que el tema del impuesto predial es el principal punto de estira y afloja que ha detenido y prolongado su aprobación, reconforta saber que los capitalinos son los mexicanos más cumplidos en el pago de sus deberes tributarios. Una consigna que por décadas se ha venido repitiendo a lo largo y ancho de la República es la de que los estados que la componen son los que subsidian a la capital del país. Nada más falso […] los habitantes de la ahora llamada CDMX son no solo los mexicanos más cumplidos sino además los que más pagan impuestos, de hecho casi el triple que el promedio nacional. En contraparte, Oaxaca es el estado que paga menos. Comparados con los oaxaqueños, los chilangos entregan a su tesorería local poco más de ocho pesos por cada peso que aquéllos aportan a las arcas de su estado. La disparidad es en este caso apabullante. Tras los capitalinos, los quintanarroenses se distinguen como los segundos más cumplidos en el pago de sus obligaciones con las entidades locales, lo que se comprende por la intensa actividad turística de la Riviera Maya, misma que exige instalaciones adecuadas a la importancia de su atención al turismo y que demanda una sólida industria constructora, la cual requiere como requisito básico para operar, haber realizado el pago del predial si se quieren obtener los permisos necesarios para proceder a levantar o modificar cualquier estructura por mínima que sea. En el listado de los buenos pagadores también resaltan estados del norte de la República, cuya bonanza empresarial explica gran parte de su cumplimiento. Pero ante esto y la comprobación de que también hay entidades incumplidas en su actividad tributaria, se ve que son varios algunos estados los que propician el centralismo -del que tanto se quejan al interior de la República- al no favorecer la recaudación fiscal en sus territorios, solicitando al gobierno federal el otorgamiento de recursos para atender sus necesidades y subsanar sus carencias más apremiantes. Cobrar y pagar impuestos no ha sido una práctica común en este país. Los contribuyentes cautivos son los principales aportadores de recursos para los arcas públicas, por esa razón la autoridad federal ha tenido que recurrir a impuestos para proporcionar los servicios que requiere la población. La situación solo podría cambiar en el momento que la ciudadanía perciba que sus contribuciones son bien utilizadas en seguridad y en servicios públicos de calidad”.


La comunicación de la tragedia

En Milenio, el columnista Liébano Sáenz, escribe que: la muerte trágica de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y de su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, abre un ciclo de indeseable desencuentro, más allá de lo que es común en la política, y deja en claro que las “benditas” redes sociales no lo son tanto cuando dan curso a la maledicencia y a la mala entraña. No parece ser una campaña articulada, con medios y recursos, para desprestigiar al gobierno y a su presidente asignando una responsabilidad a todas luces precipitada, y seguramente inexistente. Pero tampoco el presidente puede recriminar a un auditorio dolido por la pérdida, por sus expresiones poco amables con la titular de Gobernación, durante los funerales. En la tragedia lo más aconsejable es la serenidad y, desde luego, la información precisa. La experiencia nos enseña que la humildad y el estoicismo en este tipo de situaciones son del todo aconsejables. Aunque es una vieja tradición en ocasión de muertes de personajes de la política en activo, en este y todos los casos debe indignar la especulación y todavía más que haya quien reparta culpas sin fundamento alguno. En los meses previos a la tragedia, el presidente de la República tuvo una conducta poco comedida con la gobernadora fallecida, por decir lo menos. Lo hizo como candidato, como candidato ganador, como presidente electo y después como presidente en funciones. Eso, sin embargo, no lo hace responsable de manera alguna, pero en el agravio por el deceso sus adversarios le echan en cara, por emoción o por interés, el infortunio de su conducta. Es lamentable tal actitud, pero eso no los hace ni conservadores, neofascistas o lo que sea. Lidiar con ello es ingrato, pero hay que hacerlo con la prudencia a la que obliga la circunstancia, y especialmente la investidura. Como contrapunto está la declaración de Morena de que no hará uso de su mayoría en el Congreso local para definir unilateralmente quien sería gobernador interino. Bien que los funcionarios del más alto nivel informen a la opinión pública