El Amo Torres



General José Antonio Torres Mendoza  (San Pedro Piedra Gorda 2 de noviembre de 1760-Guadalajara 23 de mayo de 1812), más conocido como “El Amo Torres”. (No confundir con el Padre José Antonio Torres originario de Cocupao, Michoacán, que también fue combatiente en la guerra de Independencia).


Nació en Monte Redondo, jurisdicción de Frías, San Pedro Piedra Gorda, Guanajuato (hoy Manuel Doblado). Sus padres Miguel de Torres y María Encarnación Mendoza.


Se casó con doña Manuela Venegas, española. Engendraron 5 hijos, tres varones y dos mujeres. José Antonio y José Manuel también se sumaron al movimiento Independiente. A pesar de tener pocos estudios se ganó el respeto y admiración de sus semejantes.


Trabajó como arriero recorriendo los caminos del centro del virreinato: Michoacán, Querétaro, Zacatecas y Nueva Galicia, en esos recorridos hizo muchos amigos que posteriormente aportaron para la causa. Fue un militar insurgente, Hidalgo lo nombró Coronel, intervino en varias batallas independentistas en contra de los realistas españoles.


Se asentó en San Pedro Piedra Gorda donde llegó a ser administrador de la Hacienda de Atotonilquillo. Radicando dentro del territorio de la hacienda.


Al enterarse del levantamiento de Miguel Hidalgo en septiembre de 1810, “El Amo Torres”, junto con un grupo de trabajadores de su hacienda, se presentó ante el cura el 4 de octubre siguiente en la recién tomada ciudad de Guanajuato, con el objetivo de pedir su autorización para encender la mecha de la insurrección en las intendencias de Guadalajara y Zacatecas. Hidalgo lo nombró coronel y le brindó cien hombres que fueron el núcleo del ejército que Torres se encargaría de engrosar con sus victorias, ante el descontento de este nombramiento de parte de algunos jefes insurgentes, Hidalgo dijo “hallándome tan comprometido y con mi vida en peligro, me veo en la necesidad de valerme de todos los que se presenten a ayudarme, sean los que fueren, pues éstos son los que me importan y no los que me censuran”.


Participó en la toma de Nueva Galicia


Para el 1 de noviembre había llegado sin mayor oposición a Zacoalco (hoy Zacoalco de Torres en su honor), a unos setenta kilómetros al sur de la actual capital de Jalisco.


A solo un mes de haber recibido la comisión de apoderarse de la Nueva Galicia “El Amo Torres” el 04 de Noviembre realiza la proeza. Se le unieron muchos inconformes, contrarios a los actos de los españoles, gente convencida y resuelta a luchar por la independencia. En esa batalla en que se enfrentaron los ejércitos de Villaseñor y de Torres; éste para evitar derramar sangre, dirigió una intimación al jefe realista que era mexicano, diciéndole que se retirara a Guadalajara con todos los “americanos” que llevaba, a quienes no pretendía ofender, y que dejara solamente a los europeos que gustaran batirse, pero instado por estos, le contestó con una rotunda negativa. “El Amo Torres” en prevención de la batalla había hecho proveer de gran cantidad de piedras a sus dos mil infantes que colocó en el centro, su caballería armada con lanzas, formando una larga doble fila muy grande. Villaseñor se formó con sus cañones al centro y sus flancos cubiertos con la caballería pero esta al grito de “Viva la América” “viva la Virgen de Guadalupe”, se pasaron a las filas independientes, al primer disparo los insurgentes avanzaron velozmente en forma de semicírculo sobre los realistas, que los recibieron con un vivo cañoneo; a cada descarga echaban pecho a tierra, y luego seguían corriendo hacia el enemigo, y llegaron hasta los cañones y se apoderaron de ellos; los realistas huyeron despavoridos, los jóvenes voluntarios pertenecientes a las familias más distinguidas de Guadalajara, quedaron tendidos en el suelo por la terrible pedriza; y después de casi una hora de lucha los independentistas celebraron la victoria.


Entre los prisioneros se encontraban, don Salvador Batres, don Leonardo Pintado y el mismo coronel don Tomás Ignacio Villaseñor, jefe orgulloso a quien “El Amo Torres” no solo le salvó la vida, sino que lo trató con la mayor consideración.


Así, mientras el grueso de las tropas insurgentes se dirigía a la capital del virreinato, el Amo y sus gentes emprendieron la marcha hacia Guadalajara. El 10 de Noviembre Torres avanzó sobre esa ciudad, ahí la situación era de desconcierto, el Gobernador Abarca se retiró a la comunidad de San Pedro, y dejó el mando en manos del ayuntamiento; los españoles huyeron hacia Tepic y San Blas, sin fuerzas para enfrentar al Ejercito Insurgente, el Ayuntamiento no tuvo más que pactar con el enemigo.


Para estas fechas las autoridades de la Nueva Galicia estaban desconcertadas el gobernador Abarca difícilmente reunió un ejército de doce mil hombres que pronto se deshizo. Después de muchas vacilaciones decidió enviar contra los alzados dos secciones: una de 500 hombres al oriente por el rumbo de la Barca, comandados por don Juan José Ricacho; y otra, al sur hacia Zacoalco con igual fuerza a las órdenes del Teniente Coronel don Tomás Ignacio Villaseñor.


Ahí se enfrentaron los ejércitos resultando vencidos los realistas. Fortalecido por la victoria, el Amo avanzó sobre la plaza, la cual fue rendida sin resistencia el 11 de noviembre. Su ejército, iniciado con cien hombres, había llegado a casi veinte mil en sólo un mes.


Logradas las condiciones aceptables para ambas partes, entró el ejército liberador de manera pacífica y ordenadamente, causando admiración a la ciudadanía.


Rindió parte de la toma a Allende


Ese mismo día “El Amo Torres” rindió parte de la toma de la Nueva Galicia, bajo su mando, y la de Colima por su hijo mayor José Antonio Torres Venegas, también sin resistencia, a don Ignacio Allende, Teniente General de los ejércitos americanos.


Prácticamente con estos hechos toda la Nueva Galicia quedaba en poder de los liberadores gracias al valor y audacia de don José Antonio torres.


Otra muestra de honradez y humanitarismo, fue el modo como cumplió la orden terminante de Hidalgo, de que se confiscasen o interviniesen los bienes de todos los españoles; pero lejos de hacerlo como motín o saqueo, se dirigió al ayuntamiento para que nombrara una comisión que legalmente practicara el embargo. Efectivamente se nombraron seis vecinos honorables a quienes se los dotó de credencial.


Ignacio Allende llegó a Guadalajara el 12 de diciembre. Reunidos los jefes insurgentes hicieron frente al ejército virreinal comandado por Félix María Calleja en la batalla del Puente de Calderón el 17 de enero de 1811. Torres fue el responsable de la artillería. A pesar de tener una ventaja numérica, los insurgentes fueron vencidos por los realistas, al caer un petardo en el carretón de pólvora y municiones, originando una terrible explosión.


Acompañó el ejército insurgente diezmado hasta Saltillo, mientras los jefes insurgentes continuaron al norte en busca de ayuda, “El Amo Torres” permaneció en el lugar teniendo a López Rayón como jefe.


Propuso una expedición para liberar a los insurgentes

capturados en Acatita de Baján


Al enterarse de la aprehensión de los jefes insurgentes en Acatita de Baján, Coahuila, Torres propuso una expedición para liberarlos, pero Anaya y López Rayón se opusieron a dicho plan para salvaguardar al resto del ejército insurgente y mantener vivo el movimiento de independencia.


A mediados de 1811, tras el fusilamiento de los principales jefes de la insurrección, mantuvo viva la llama de la revolución por un tiempo, junto a Ignacio López Rayón y José María Morelos.


Fue nombrado segundo de López Rayón. Sus acciones siempre estuvieron marcadas por la suerte y situación de los ejércitos libertadores y siempre se destacó por su valor, audacia y honorabilidad, tanto en los éxitos como en los fracasos. Torres solicitó a Rayón víveres, este le contestó que los consiguiera del enemigo. La noche del 14 de abril atacó a Zambrano y lo despojó de víveres, armamento, cañones, quinientas barras de plata y todo su ejército. Al día siguiente con López Rayón entró a Zacatecas, posteriormente avanzó sobre La Piedad y a Tacámbaro en mayo. A pesar de ser miembro formal de la Junta de Zitácuaro, nunca asistió, Remigio Z