Crónica en el aeropuerto; Asalto de película al camión de valores


Era una noche ordinaria la del miércoles 10 de abril en el Aeropuerto Internacional del Bajío. Apenas había pardeado el día y los pasajeros, con diversos destinos, se acomodaban en los asientos de la sala de espera que lucía un piso reluciente, tipo mármol.


A las siete de la noche el personal de vigilancia del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP) atendía sus labores cotidianas de listados de control y bitácoras de seguridad. Los aviones se ordenaban en la plataforma y la noche prometía ser apacible.


Afuera, el clima cálido. Se notaba el flujo de vehículos particulares que pasaban frente a unas patrullas de la Policía Federal, con elementos jóvenes que se mantenían de turno, como cualquier otro día.


Cerca de las ocho y cinco minutos luego de un llamado de alerta de roja, el personal de vigilancia empezó a intensificar su actividad, aunque de manera discreta. Los pasajeros, algunos revisando sus chats, otros leyendo el periódico del día, permanecían ajenos a cualquier situación anormal con sus maletas de viaje a un costado.


Apenas hacía unos minutos una camioneta Suburban negra había acelerado y tirado la cerca de un acceso lateral del aeropuerto. Un comando de al menos seis sujetos portando armas largas huían a bordo de dos vehículos con al menos 20 millones de pesos y valores.


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Ingresan subrepticiamente


La camioneta Suburban bajó la velocidad para entrar al área del estacionamiento, luego ingresó por el área de bodegas del aeropuerto, precisamente en donde un avión de Aeroméxico transportaría a la Ciudad de México 121 millones de pesos y valores: moneda nacional, libras esterlinas y onzas de plata.


El vehículo de valores entró a la plataforma del aeropuerto de acuerdo a un procedimiento regulado por las autoridades mexicanas, para depositar valores en una aeronave.


Subrepticiamente y aparentemente sin someterse a los controles de acceso de extrema seguridad del aeropuerto, la unidad con el potente comando ingresó y esperó de acuerdo al plan diseñado.


El reloj marcaba casi las ocho de la noche, cuando, de manera sorpresiva el comando descendió de la unidad amagando con notoria táctica al personal de seguridad del Servicio Panamericano. En una acción rápida sustrajeron del camión blindado los morrales con los valores. El botín que tenían los asaltantes como objetivo y que transportaría la aeronave era de 121 millones de pesos. Sólo obtuvieron 20 millones.


Enseguida aún dentro del área de bodegas, los hombres encapuchados y armados interceptaron una unidad de Aeroméxico y obligaron a sus tres tripulantes a salir del vehículo para abordarlo rápidamente y huir custodiada a bordo de una camioneta Suburban negra y una unidad de Aeroméxico.




Tiran reja y se pierden


En menos de tres minutos el comando inmovilizó a los guardias del Servicio Panamericano de traslado de valores y al personal de Aeroméxico. Salieron en las dos unidades, con la Suburban negra como avanzada derribando la malla perimetral de lado de bodegas del aeropuerto.


Personal del Grupo Aeroportuario del Pacifico conoció de inmediato de la noticia por el reporte de los guardias del servicio Panamericano y del propio personal de seguridad. En la sala los pasajeros ajenos en espera.


Mientras el comando escapaba rumbo a Lagos de Moreno, Jalisco, se inició el reporte a las autoridades de la Fiscalía General del Estado, quien de inmediato enviaron Agentes de Investigación Criminal. Destacaba la presencia, discreta, de elementos del Ejército Mexicano. Notoria la ausencia aparatosa siempre de la policía federal.


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Todo en paz


Pasadas las nueve de la noche la sala de espera del aeropuerto estaba con cierta quietud. Los vuelos programados sin cambios y las vialidades del estacionamiento se mantenían como si nada hubiese ocurrido, salvo la presencia de algunos reporteros que, de incognito, tomaban el reporte.


No se puso en riesgo la seguridad de pasajeros ni elementos de seguridad. Pocos se dieron cuenta del asalto y la huida del comando armado: la presencia de miembros del ejército parecía normal en un estado donde la rampante delincuencia ha hecho de las suyas.


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