Restauran el pañuelo funerario de Hernán Cortés

Reportaje y fotografías tomadas de La Crónica de Hoy.

En el Museo Nacional de Historia se conserva el textil donde fueron envueltos los restos óseos del español Hernán Cortés (1485-1547). Dicho objeto se llama pañuelo funerario y se depositó en una inhumación secreta que ordenó en 1836 el entonces ministro del Interior y de Relaciones Exteriores, Lucas Alamán, para evitar la destrucción de los huesos del conquistador.


Crónica presenta el detalle de los trabajos de restauración y conservación que realizaron investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para que el pañuelo se preservara.


Además, los expertos señalan que actualmente buscan las letras “H.” y “C.” que en algún momento estuvieron bordadas en el textil, así como una sábana sobre la que también se depositaron parte de los restos.


Tejido fino


El pañuelo funerario de Hernán Cortés mide 75 por 76 centímetros, está bordado, tiene deshilado y presenta un rematado de encaje negro en la periferia. De acuerdo con el Archivo Histórico del Museo Nacional de Historia, el objeto tuvo el siguiente registro: pañuelo que envolvía el cráneo de Cortés, desprendidas de él iniciales H. C. de lino, bordado en blanco, blonda negra en la orilla.


En entrevista, la investigadora Verónica Kuhliger Martínez explica que el pañuelo no fue colocado con los restos al momento de la muerte de Hernán Cortés, en 1547, sino después de varias exhumaciones.


“Este pañuelo no se empleó cuando murió Cortés porque después de ser enterrado, lo exhumaron, regresó a México, lo enterraron y lo volvieron a exhumar. En una de esas tantas extracciones se decidió que los restos estuvieran envueltos en alguna manta o textil para que los cubriera”, comenta la restauradora.


El pañuelo, añade, se relaciona con el político del siglo XIX: Lucas Alamán, ya que fue él quien describió el textil y ordenó el resguardo de los restos del español que yacen en el Templo de Jesús Nazareno (República del Salvador 119, Centro Histórico de la Ciudad de México) desde 1946, incluso, muy probablemente, desde 1836.


“No sabemos si este pañuelo es el que estuvo ahí, si se limpió y si se le hicieron algunas adecuaciones o fue cambiado. Por eso, toda la investigación en cuanto a la técnica y materiales está básicamente relacionada con que el pañuelo pudo haberse hecho a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX”, aclara Kuhliger Martínez.


“¿Que es especial?”, sí —añade—, “¿que se mandó a hacer específicamente para Cortés?”, sí, responde.


La investigadora detalla que el pañuelo tiene un tejido muy fino de lino y sobre éste hay unos bordados con hilo grueso.


“Todos los bordados en blanco son hechos con hilo de algodón sobre una base de lino, además tiene un adorno alrededor de un encaje negro hecho en seda. El decorado son bordados y algunos deshilados de flores”, detalla.


—¿Quién realizó este pañuelo?


—Muy posiblemente religiosas, monjas, gente dedicada a la iglesia. Claro que las mujeres del ámbito civil sabían realizar este tipo de objetos, sin embargo, por la característica de ser un pañuelo funerario es muy posible que lo hayan hecho religiosas.


Los bordados del pañuelo funerario de Cortés se realizaron con base en una técnica europea o inspirada en ella, agrega. Dicha hipótesis nace por la similitud visual que tiene con los bordados de Ayrshire, Escocia, que se aprecian con el tejido ligero y en la delicadeza de las puntadas de satín.


“Esta técnica —desarrollada por las mujeres de Ayrshire a comienzos del siglo XVIII para producir grandes volúmenes de bordados blancos— se distingue porque los hilos que se cortan o sacan para formar el deshilado deben estar contados para generar, por medio de las costuras, pequeños diseños florales u hojas similares a un encaje”, detalla.


Objeto perdedizo


Para contestar la pregunta ¿cómo llegó el pañuelo al Museo Nacional de Historia? Es necesario contar la historia de las múltiples inhumaciones y exhumaciones por las que pasaron los restos de Hernán Cortés como resultado del odio que durante el siglo XIX despertó este personaje entre los mexicanos.


Laura Gisela García Vedrenne y Verónica Kuhliger Martínez explican, en el informe escrito en la Revista Intervención (julio-diciembre 2015), que cuando Cortés murió en España fue sepultado en Sevilla, donde permanecieron sus restos durante 11 años hasta que los removieron a otra cripta.


En 1566 se trajeron al país, donde se inhumaron y exhumaron al menos en tres ocasiones. “Siendo 1794 la fecha decisiva cuando, por autorización del virrey conde de Revillagigedo, se indicó que descansaran en la capilla del hospital de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora del Patronato del Marqués del Valle, actual hospital de Jesús”, indican.


En ese momento, detallan, se solicitó que el escultor Manuel Tolsá modelara un busto para honrar la memoria del conquistador.


A partir de 1823, agregan las investigadoras, la clase política mexicana optó por mostrar a Cortés como un villano y, de acuerdo con lo documentado por el historiador Salvador Rueda Smithers, los restos de Cortés se resguardaron en la iglesia de Santo Domingo.


Empero el 12 de marzo de 1827 los restos “regresaron al hospital de Jesús por temor de que se profanaran y en 1836, en medio de incitaciones públicas que demandaban su destrucción, los escondió Lucas Ala