Historia del calzado en León en la época colonial (Parte I)

La Villa de León fue fundada el 20 de enero de 1576, tuvo como antecedente inmediato las estancias del Valle de Señora, caracterizadas más por su ganadería, en la cual sus mejores conductores fueron los negros o mulatos, traídos a las estancias del Valle.


Una vez fundado, en la Villa se continuó con la cría de ganado y el consecuente curtimiento de pieles; y así, por la actividad conexa, también hubo dedicación en la manufactura del zapato. Se concentró principalmente la actividad, en el primer barrio leonés, establecidos por negros y mulatos libres a partir de 1598, por disposición legal dictada desde el año anterior.


El proceso antiguo del curtido era vegetal; es decir, tradicional. En él se utilizaban como productos curtientes el cascalote, el salvado, la sal y la canina (excremento de perro que se empleaba para secar la cal); para la depilación del cuero se usaba cal viva y para el engrase del cuero se ocupaban los sesos de los animales, que se hacían emulsionar con jabón a fin de suavizar los cueros. El proceso de curtido era muy tardado y difícil: duraba de 30 a 45 días.


Un método común para el curtido de la suela, era el siguiente: El remojo se hacía en encalado; luego se depilaba el cuero con cal viva y para quitar el “encañonado” se extendía en el piso y con una pala de madera se depilaba, después se metía nuevamente a las pilas para aumentar la hinchazón. Una vez quitada la cal del cuero se descarnaba con cuchillo; de ahí pasaba al rendido donde se hacía la bota. En esta parte del proceso los trabajos eran aún más rudimentarios y muy tardados; todo a base de sal y cascalote…


Curtiduría de pieles y elaboración de zapato actividades antiguas


Durante siglos ha sido la principal fuente económica de la población. De ellas surgieron en su desarrollo, giros o ramos conexos, todos con importancia mercantil y significativa ocupación para numerosos leoneses.


Los leoneses no sólo se dedicaron a la agricultura, ganadería, alfarería y comercio en general; por los antecedentes también lo hicieron al curtimiento de pieles y a la manufactura del calzado, requerido por una comunidad, aunque pequeña en principio, debían satisfacer las necesidades de sus miembros de diferentes oficios. Se desconoce quiénes fueron los primeros curtidores y zapateros de la Villa de León, actividades generalmente realizadas por el mismo individuo.


Lo que sí consta en documentos es que, a 32 años de distancia de la fundación de la Villa, había existido en ésta, un individuo identificado con esa dedicación.


Consigna en un documento del 30 de mayo de 1608, en una comparecencia en la que se refiere su muerte, causada por otro indio de nombre Baltazar, hijo de Antón Guizagua, natural de Aramútaro, de la provincia de Michoacán; homicida que pagó muy caro el haber dado muerte al zapatero, pues ello fue condenado a que se vendiese el servicio de su persona por el tiempo de 10 años, tal y como se contenta en la correspondiente sentencia y proceso de su causa, a la que se hace alusión en un instrumento levantado por el escribano público Juan Ramírez, con los testigos: Juan Bernal, Juan de Busto y Martín García, vecinos y estantes en la Villa de León, para dejar constancia de la petición, mediante intérprete, que hizo Antón Guizagua ante el Alcalde Mayor, Juan Alonso de Castañeda, relativa a una licencia para otorgar escritura y fianza, a fin de garantizar a Pedro Calderón el trabajo de los 10 años que debía prestarle a su hijo Baltazar, por haber comprado sus servicios, mediante remate en 200 pesos de oro común.



A continuación reproducimos información documental custodiada por nuestro repositorio municipal:


En la Villa de León en treinta días del mes de mayo de mil y seiscientos y ocho años ante Juan Alonso Castañeda, Alcalde Mayor de la dicha Villa y su partido por el Rey Nuestro Señor e por ante mí Juan Ramírez Escribano Público de la dicha Villa y de los testigos aquí contenidos, pareció presente un indio que mediante Agustín Rodríguez, intérprete nombrado del juzgado de esta dicha Villa; y nuevamente nombrado para esta causa, que juró t aceptó en forma de derecho, usar el dicho oficio bien y fielmente, y por el dicho Alcalde Mayor se le dio poder, para el uso del cual de derecho se requiere; dijo llamarse Antón Guizagua y que es natural de pueblo de Aramútaro de la provincia de Michoacán, de nación tarasco y que reside en la estancia de Santa Ana de esta jurisdicción, en servicio de Don Juan Matia Villaseñor, dueño de la dicha estancia, y para otorgar la escritura y fianza que de suso irá declarada, pidió licencia al dicho Alcalde Mayor, como protector que es de los naturales en esta provincia; y el dicho Alcalde Mayor le concedió la dicha licencia, y de ella usando mediante el dicho intérprete, dijo: que por cuanto a pedimento y querella de María Cananea, india, se procedió en contra Baltazar indio, su hijo, sobre y en razón, de ser culpado en la muerte de Miguel, indio zapatero, marido de la susodicha, sobre lo cual fue preso en la cárcel pública de esta Villa por el dicho delito; y habiéndose seguido la causa, conforme a derecho, y conclusa definitivamente la dicha causa, se dio y pronunció en ella sentencia definitiva por el dicho Alcalde Mayor, contra dicho Baltazar indio, su hijo, comparecer de asesor letrado, en que fue condenado a que se vendiese el servicio de su persona por tiempo de diez años, como se contiene en la dicha sentencia y proceso de la causa, a que se remite; y estando en este estado y andando en pregones el servicio del dicho Baltazar, no había persona que quisiera comprar él, por no ser conocido y entender que se había de huir; y el susodicho padecía trabajo en la dicha prisión, y a instancias y ruego suyo, Pedro Calderón vecino de esta Villa puso el servicio del dicho Baltazar doscientos pesos de oro común por el tiempo de los dichos diez años, y fue con cargo de que le asegurase, que si se hiciese en él el remate, le serviría los dichos pesos de oro, y no se ausentaría del dicho servicio, hasta tanto que se los pagase conforme le fuera rematado; y parece que se le remató a dicho Pedro Calderón, en los dichos doscientos pesos, por el tiempo de los diez años, porque se mandó vender por el dicho delito por más cincuenta y cuatro pesos, que declaró el dicho Baltazar, deberle al dicho Pedro Calderón de resto de cuenta de ropa y otras cosas que le había dado, para que le sirviera como su criado que era cuando cometió dicho delito, como consta de su declaración hecha en el proceso de la causa, y ahora le ha pedido el dicho Pedro Calderón le otorgue esta escritura y fianza en forma…


En 1608 debieron existir otros zapateros en la villa de León, además del indio Miguel ya referido. Sin embargo no se han encontrado datos para su demostración.


Es en junio de 1611 cuando se sabe de otro artesano dedicado al mismo oficio, cuyo nombre fue Amaro Hernández, residente de la Villa en una labor de Andrés González Cabello, donde vivió antes de ausentarse de León, posiblemente agobiado por sus deudas, principalmente la de Lorenzo Martín, a quien debía 76 pesos y 4 tomines de oro común.


El acreedor pidió el embargo de los bienes que dejó don Amaro, que se detallan en el acta de ejecución del 1° de julio del mismo año:


Sesenta hormonas de hacer zapatos grandes y chicos.

Una maleta y enbos.

Un estira empeines de cuero.

Dos maletas de picar.

Una escofina, dos pares de tijeras.

Cuatro alesnas encabadas y una por encabar.

Seis cuñas de desahormar, en una petaquilla.

Dos tranchetes, uno encabado y otro por encabar.

Diez hierros de picar y cortar, anejos –anexos- y pertenecientes al oficio.

Catorce moldes de cortar, de vaqueta y cordobán.

Dos banquetas en que se sientan.

Un tablón de picar.

Tres libras de hilo de coser, castellano.

Medio cuero y otro (s) dos pedazos de suela, pequeños.


Concretamente sobre el curtimiento de pieles y elaboración de zapato, impacta la información sobre el barrio de Arriba distinguido por las numerosas generaciones ocupadas preferentemente en dichas artesanías y en la sillería.


Otra información sobre zapateros es la de Gregorio López Hermoso, español de nacimiento, quien en 1645 además de obtener el cargo Regidor, junto con su hermano Cristóbal poseían una tienda y un taller de zapato en el patio posterior.


Con el tiempo se multiplicaron los artesanos curtidores y zapateros, a tal grado que en 1719, cuando León contaba apenas con tres mil habitantes, por orden del Virrey Baltazar de Zúñiga y Guzmán, se levantó un censo en el que se consignaron 36 casas en las que se manufacturaban zapato, indios, mulatos y españoles. No obstante tal información, en el Barrio de Arriba, desde el siglo XVI, predominó sobre otros lugares de la Villa la actividad curtidora, casi siempre unida a la zapatera, pero con cierta separación de ambas y preferencia de la primera, desde el siglo XIX.


Durante la Colonia, en la producción del calzado, se incorporó el uso de hebillas y adornos hechos de marfil, concha nácar, chaquiras, lentejuelas, seda y lama de plata u oro; también se utilizaron los bordados y cáñamos, y se prefirió el uso de cueros de res para las vaquetas, timbres y suelas.


Don José Vicencio Miranda, uno de los curtidores del Barrio Arriba, en su testamento otorgado en 1797, declaró que en su casa tenía pilas, molinos y demás necesarios para su oficio; 88 arrobas de lana en bruto, 99 baquetas que estaban por salir de pilas, 118 baquetas en estado de yerba, 110 en salvado y 111, de las cuelas 12 que estaban en maquila.


Declaró así mismo por sus bienes 42 docenas de zapatos de baqueta, de éstas las 16 están aviadas y las otras cortadas nomás; 50 aderezos aviados de jarcia y 2 docenas de cojinillos, 13 docenas de gurupeas, 21 corazas, 13 alaqueras, 10 pares de caballerías de cojinillos y 20 bastos.

Fuente: Crónica Leonesa “El calzado en León” Número 15, diciembre de 2016. Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra, Cronista Municipal de León, Gto.

Entradas destacadas

1/2
  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon