Carlos Fuentes, referente de la literatura universal


Carlos Fuentes nació el 11 de noviembre de 1928. Su padre era un diplomático mexicano, por lo que pasó su niñez y juventud viviendo en diversas capitales del continente americano, como Montevideo, Buenos Aires, Río de Janeiro, Washington D.C., Quito y Santiago de Chile.


Para que aprendiera la historia de su país y estuviera en contacto con su cultura, solía pasar los veranos en México.


En una entrevista con el crítico italiano Massimo Rizzante, Fuentes recordó el momento en que tomó conciencia de su nacionalidad.


Me di cuenta de que yo era mexicano. En casa hablaba español con mi padre y mi madre. Nunca abandoné esa lengua. Incluso en las embajadas hablaba español. Sin embargo, descubrí mi nacionalidad mexicana gracias a la nacionalización del petróleo. Recuerdo un titular de la prensa norteamericana de esa época: Mexican bandits steal our oil. Me rebelé. Fui a ver una película sobre Sam Houston (el político del siglo XIX y tercer presidente de la República de Texas). De repente, yo tendría nueve o diez años, me levanté y grité ‘¡Viva México! ¡Muerte a los gringos!’. Mi padre me sacó inmediatamente de la sala: ‘Vas a conseguir que pierda mi puesto de diplomático. No digas ese tipo de cosas’. Desde entonces, alimenté un fuerte sentimiento de pertenencia a mi país. Fueron los norteamericanos los que me hicieron sentir que yo era mexicano”.


No fue hasta que cumplió 16 años, cuando su familia se estableció definitivamente en la Ciudad de México. Luego de terminar el bachillerato en El Colegio México, empezó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. A la par de sus estudios, empezó a colaborar con textos políticos en algunas revistas.



Sus obras más destacadas



La región más transparente del aire


Cuando en 1803 el explorador prusiano, Alexander Von Humboldt, llegó a la Ciudad de México y observó en el horizonte las montañas y los ríos fluyendo, dijo que esa era “la región más transparente” que había visto en su vida.

Más de un siglo después, esta frase le sirvió a Carlos Fuentes para darle título a La región más transparente.


Publicada en 1958, esta obra es una radiografía de la Ciudad de México, donde las historias de personajes de diversos extractos se van cruzando entre sí, teniendo como hilo conductor a Ixca Cienfuegos, quien es una especie de encarnación del pasado prehispánico de la capital.


Detrás de la figura de Cienfuegos, está la idea del constante conflicto del mexicano entre su pasado y su condición de mestizo. Esta superposición entre la herencia prehispánica y española, que en cierta forma es un reflejo de la forma en la que Fuentes concebía a la ciudad.


Aunque La región más transparente fue un éxito inmediato y actualmente es vista como una de las primeras novelas del boom latinoamericano, no quedó exenta de comentarios desfavorables. Por ejemplo, algunos reprochaban su afán extranjerizante y su estructura “caótica”.


Con el paso de las décadas se han publicado otras novelas que hablan de la Ciudad de México, pero ninguna pudo abarcarla en su totalidad como hizo Fuentes.


Aura


En 1962, Carlos Fuentes publicó Aura, una novela corta que en apariencia es diametralmente opuesta a La Región más transparente, pero que también está situada en la Ciudad de México, para ser más específicos, en una vieja y oscura casa de la calle de Donceles.


De una extensión considerablemente menor (no supera las setenta páginas), y alejada de la temática social e histórica, Aura tiene la particularidad de estar narrada en segunda persona.


En esta historia de corte fantástico, Felipe, el protagonista acude a ese inmueble atraído por un anuncio del periódico donde solicitan un historiador. Ahí se encuentra con una anciana y su nieta Aura, una joven poseedora de una belleza fascinante y misteriosa que lo cautiva y lo llevará a vivir varios sucesos sobrenaturales.


Fuentes sitúa la historia desde una perspectiva de abandono, el mismo que tienen las viejas edificaciones del primer cuadro de la ciudad, donde la oscuridad se ve interrumpida solo por algún rayo de sol que tímidamente se fuga entre los vidrios llenos de polvo, el olor a humedad, o los jardines con hierba seca y flores marchitas.


Esa Ciudad de México mística y oscura, donde únicamente tiene cabida la melancolía, nunca había sido escrita con la pasión y exactitud con la Fuentes lo hizo.



Otras de sus obras y Premios



La muerte de Artemio Cruz (1962), obra que lo consolidó como un escritor de gran renombre, esta pieza presenta una visión panorámica de la historia del México contemporáneo bajo la remembranza de un industrial y político agonizante.


Aura, de 1962, le valió a Fuentes ganar el Premio Cervantes; a esta publicación le siguieron los cuentos de Cantar de ciego (1966) y la novela corta Zona sagrada (1967).


Por Cambio de piel (1967), prohibida por la censura franquista, Carlos Fuentes obtuvo el Premio Biblioteca Breve y por su extensa novela Terra nostra (1975), que le llevó seis años de escritura y con la que se dio a conocer en el mundo entero, recibió el Premio Rómulo Gallegos de 1977.


Orquídeas a la luz de la luna (1982), obra de teatro que se estrenó en Harvard y criticó la política exterior de EU. Dos años después recibió el Premio Nacional de Literatura de México y finalizó su novela Gringo viejo, que había comenzado en 1948.


En 1987 el autor se alzó con el Premio Miguel de Cervantes, también fue electo miembro del Consejo de Administración de la Biblioteca Pública de Nueva York.


Valiente mundo nuevo (1990). En los años posteriores fue condecorado con la Legión de Honor francesa (1992), la Orden al Mérito de Chile (1993) y el Premio Príncipe de Asturias (1994), entre otros honores.


El 2004 fue el año en el que Carlos Fuentes recibió el Premio Real Academia Española de Creación Literaria y posteriormente publicó Todas las familias felices (2006), La voluntad y la fortuna (2008) y Adán en Edén (2009).


Premio Internacional Carlos Fuentes


Después de su lamentable muerte, en 2012, se instauró el Premio Internacional Carlos Fuentes, el cual es uno de los mejor dotados del mundo y de su propio género; los postulantes escritores expresan en sus obras publicadas un enriquecimiento en el patrimonio literario en español para la humanidad, y su manuscrito deberá pertenecer a uno de los géneros literarios: narrativa, dramaturgia, poesía y ensayo.


Carlos Fuentes declaró que para crear sus majestuosas obras se basó partir de tres elementos que le caracterizan a la perfección: un lenguaje construido por encuentros y desencuentros culturales, un tratamiento histórico a partir de los fondos míticos, y una estructura narrativa que amplía las regiones de lo real y lo fantástico, haciéndolo incansable el mejor explorador de la novela en su totalidad.


Fuentes: Televisa News, NVI Noticias, Infobae, El Siglo de Torreón

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