La monjita Cecylia Maria Roszak salvó a judíos durante el Holocausto


La hermana Cecylia nació el 25 de marzo de 1908 en el pueblo de Kielczewo, en la zona centro-occidental de Polonia. Fue hija de Jan Roszak y de Maria Hofmann. Luego de graduarse de la escuela de comercio a los 21 años, ingresó al convento de clausura de las hermanas dominicas en Cracovia.


Realizó sus primeros votos el 7 de febrero de 1931, tomando el nombre monástico de Cecylia, y los votos perpetuos en 1934.


En 1938 viajó con un grupo de hermanas a Vilnius (ahora en Lituania, pero entonces en Polonia) donde buscaban fundar otro convento, un plan que no se pudo concretar completamente por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.


Ocultaron a 17 judios


Durante dos años Vilnius sufrió la ocupación soviética y luego la de los nazis. En ese tiempo la hermana Cecylia y las demás religiosas de su convento arriesgaron sus vidas para esconder a 17 miembros de la resistencia judía, entre los que se encontraban Abba Kovner, Arie Wilner, Chaja Grosman, Edek Boraks, Chuma Godot y Izrael Nagel, que más tarde formarían parte de la resistencia judía de los Guetos de Vilna y Varsovia.


El plan para esconder a estos judíos fue una idea de la superiora, Sor Bertranda Anna Borkowska, y su desarrollo no estuvo exento de dificultades, empezando por las grandes diferencias entre ambos grupos: un grupo de monjas católicas contemplativas y un grupo de judíos seculares, pero finalmente se formaron entre ellos vínculos muy estrechos. Los judíos ayudaban a las monjas a trabajar en el campo e incluso se referían a la superiora como «Ima», que significa «madre» en hebreo.


En 1941 los judíos refugiados decidieron salir del convento y volver al gueto para ayudar a establecer la resistencia en ese lugar. La superiora, la hermana Anna Borkowska, les rogó que se quedaran, pero su pedido no tuvo éxito.


En septiembre de 1943 la superiora fue arrestada, el convento de Vilnius fue cerrado y las religiosas se dispersaron. La hermana Cecylia Roszak volvió a Polonia.



El reencuentro con uno de los refugiados


Un día sonó el teléfono del monasterio. La hermana Cecylia fue la que contestó. Un hombre empezó a hacerle preguntas sobre «las hermanas que vivían en Vilnius en la década de 1930». Por entonces Polonia se encontraba bajo una dictadura comunista y Cecylia se mostró muy cautelosa, pero llegado un momento, la monja, movida por la curiosidad, dijo: «Disculpe, ¿podría darme su nombre?» Tras algunas dudas, el hombre contestó: «Mi nombre es Abba Kovner». Era el poeta judío al que Cecylia y sus hermanas habían salvado en Vilna.


Cuando la monja le dijo que ella era una de las monjas de Vilna, Kovner, conmovido, contestó: «Hermana, he estado buscando contactar con alguien de su comunidad durante mucho tiempo. ¡Gracias por salvarme la vida!» Kovner le dijo que le llamaba desde Israel, a donde consiguió huir tras el fracaso del Levantamiento del gueto de Vilna. Hablaron un rato, el poeta le pidió la dirección del monasterio y se despidieron.


Unas semanas más tarde llegó al monasterio un pequeño paquete dirigido a la hermana Cecylia y enviado desde Israel. En él había un pequeño crucifijo de bronce con la palabra «Jerusalén» en su base. Una curiosidad: antes de la guerra, y debido a su numerosa población judía, Vilna era conocida como «la Jerusalén de Lituania».


En 1947 la hermana Cecylia y las otras dominicas regresaron a la casa madre, donde sirvió como portera, organista y cantora. También fue priora en varias ocasiones.


En 1984 las religiosas que protegieron a los judíos de la resistencia en Vilnius recibieron el premio “Justo entre las Naciones”, que reconoce a los no judíos que arriesgaron la vida o la libertad para ayudar al pueblo judío durante el Holocausto.


Falleció el 16 de noviembre de 2018, a la edad de 110 años.

Fuentes: ACI Prensa, Contando Estrellas.

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