Domingo “Negro” de Celaya



El "Domingo Negro" sigue vigente en el recuerdo de los sobrevivientes, una explosión que ocurrió un 26 de septiembre de 1999 en el municipio de Celaya en un almacén de pirotecnia en la Central de Abastos, el cual dejó un saldo de 72 muertos y más de 300 heridos.


Aquí la historia:


“Domingo Negro”, fue llamado cuando estallaron toneladas de pólvora y material pirotécnico en dos locales de la calle Antonio Plaza, que dejó 72 personas muertas y 350 heridas, produciéndose la peor catástrofe sufrida por Celaya en la época contemporánea.


En ese lapso, decenas de afectados, entre lesionados, viudas y huérfanos aún buscaron la justicia en contra de los responsables, pero sólo hubo una persona sancionada, la dueña de la Abarrotera Celaya: Angélica Vargas Bocanegra, quien fue condenada a 10 años y 4 meses de prisión, los cumplió en 2018 y quedó libre, no hubo reparación del daño a los afectados luego de agotarse las instancias legales, tanto en lo penal como en lo civil.


Como se recuerda, serían aproximadamente las 10:15 horas del domingo 26 de septiembre cuando una llamada alertó al entonces Cuerpo de Bomberos Voluntarios sobre un incendio en un negocio cercano a la esquina de las calles Antonio Plaza y Felipe Ángeles; frente a la Central Camionera, había una vitrina que exhibía fuegos artificiales y estalló (la primera explosión) al parecer por el efecto lupa que causó el sol de la mañana.


Acudió una unidad de ataque rápido y en pocos minutos arribaron paramédicos de Cruz Roja en una ambulancia, luego acudieron elementos de la Policía Preventiva y Tránsito para participar en las labores de ayuda, y con ellos decenas y cientos de curiosos.


Menos de media hora después, ignorantes de lo que había en el interior, los cuerpos de auxilio hacían su labor cuando vino la segunda explosión.


Un testigo la describió como el ruido de una puerta al cerrarse de golpe, demolió los locales en la esquina y los negocios que había frente a ellos, la onda expansiva lanzó esquirlas y escombro que mataron instantáneamente a 72 personas y lesionaron a otras 350, el humo negro que levantó se vio a kilómetros a la redonda.


Los automóviles estacionados en las calles mencionadas volaron o volcaron con la segunda explosión, incluida la unidad de acción rápida de Bomberos y una ambulancia de Cruz Roja.


En el lugar murieron los socorristas Juan Rodríguez Corona, Cristina Camarena Laguna y Jesús Revilla Sánchez, así como el bombero Juan Manuel Segoviano, y Rafael Santoyo, de Rescate SOS, con ellos también falleció el fotógrafo Matías Niño y resultó lesionado el fotógrafo de El Sol del Bajío, Leonicio Lira, quien murió horas después.


La onda lo lanzó varios metros


Raúl Domínguez Serret, artista plástico, en esa época tenía un negocio de cremería en Antonio Plaza, refiere que vio las maniobras y algo presintió, pero cuando trataba de retirarse sobrevino la explosión y la onda expansiva lo proyectó varios metros y fue a caer al interior de una sucursal bancaria que estaba frente a Felipe Ángeles.


Durante su rehabilitación hacía largas caminatas y comenzó a recoger tuercas, tornillos, y cuanta pieza metálica encontraba en la calle y así inició sus obras con estos materiales.


Aquel día fatal, acudieron cuerpos de auxilio de todos los rumbos del estado a atender a los lesionados, los primeros en llegar fueron los del SUMAA, de Apaseo El Alto, porque acababan de dejar un traslado, y los sanatorios particulares abrieron sus puertas para recibir a los más de 300 heridos.


Los 72 cuerpos de los fallecidos, muchos de ellos mutilados, fueron canalizados a un gimnasio en la Unidad Deportiva Miguel Alemán, habilitada como morgue. El entonces Obispo de la Diócesis de Celaya, ya fallecido, Humberto Velázquez Garay, comentó posteriormente que eran más de 100 cuerpos.


Los escombros fueron removidos en las siguientes semanas y en menos de un año se habían repuesto los locales comerciales, con apoyo de la Secretaría de Desarrollo Económico Sustentable del Estado, como si nada hubiera pasado, la Abarrotera Celaya por años quedó como un terreno baldío, pero recientemente se habilitaron nuevos locales y en el lugar, año con año, familiares celebran una misa de aniversario, pero poco a poco esto ha ido decreciendo.


Luego más de 60 lesionados, viudas y huérfanos, se integraron al Movimiento Ciudadano Celayense (MCC) para pedir ayuda y reclamar justicia, y durante algunos años lograron apoyo para atención médica, medicamentos y prótesis, no así las operaciones que aún requieren algunos.


El gobierno municipal les ha venido dando trato especial en el pago de servicio como el agua potable e Impuesto Predial. Su vocero y líder moral era el maestro Florencio López Ojeda, quien falleció el 4 de noviembre del 2017.


Tomada de El Sol de León.

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