José María Velasco, máximo exponente del paisajismo mexicano




El Cerro de Guadalupe, el Valle de México, la Barranca del Muerto, San Ángel, la Alameda y la cañada de Metlac, son lugares que inspiraron a José María Velasco para enriquecer su obra paisajista de los siglos XIX y XX.


José María Velasco y Gómez-Obregón, nació el 6 de julio de 1840, en Temascalcingo, Estado de México. Se le reconoce como el mayor exponente del paisajismo mexicano del siglo XIX.


En su formación artística destaca su ingreso a la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la cual fue alumno de Santiago Rebull, Pelegrín Clavé, Manuel Carpio y del italiano Eugenio Landesio. A los 18 años ingresó como profesor de Perspectiva en la Escuela Nacional de Bellas Artes y cuatro años después ya era titular de la clase de Paisaje. Además fue inspector de Dibujo y Escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes (1910).


Se estima que durante 44 años creó cerca de 300 pinturas al óleo, así como acuarelas, litografías y pinturas en miniatura, obra en la que destacan sus paisajes del Valle de México y con la que logró que la pintura mexicana alcanzara reconocimiento internacional.


Algunos de los reconocimientos que obtuvo son:


Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (1874 y 1876); medalla en la Exposición Internacional de Filadelfia (1876), primer premio de la Academia Nacional de México (1878), la medalla de la Exposición Universal de París (1889), la Medalla de Oro del Centenario de Colón (Madrid, 1893) y la medalla de la Exposición de Bellas Artes de Puebla (1900).


Sin embargo, el legado del artista no se limita al género del paisaje, también comprende las ciencias naturales y sociales. Velasco tuvo inclinación por materias como arquitectura, antropología, botánica, geología y paleontología, además de crear una serie de estampas sobre la evolución de la flora y fauna terrestre y marina, que convirtió en fuente de estudio de la ciencia en México, por lo que en 1881 fue nombrado presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural.


Fue profesor de gran cantidad de artistas y el espejo en el que se fijaron (en sus primeros años) los muralistas José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, quienes luego seguirían caminos propios dentro de la llamada pintura nacionalista al servicio de la Revolución.


Su obra fue declarada como Monumentos históricos


El Diario Oficial de 8 de enero de 1943 decretó como ‘Monumentos históricos’ a toda clase de obras plásticas de José María Velasco, debido al excepcional valor artístico que la Comisión de Monumentos del INAH otorga a la obra pictórica del pintor mexiquense.


Con su extraordinaria producción artística, Velasco hizo realidad el sueño de tantos artistas al lograr que la pintura mexicana alcanzara el reconocimiento universal, poniendo a México a la par con Europa en el ámbito cultural. Entre sus obras destacan: Patio de una casa vieja (1861), El valle de México (1875), Catedral de Oaxaca (1887) y una serie de ocho cuadros sobre el Valle de México (1894-1905).


José María Velasco falleció en la Ciudad de México el 26 de agosto de 1912.


La obra de Velasco, fue descrita por grandes:


En 1942, Octavio Paz escribió acerca de la obra de José María Velasco: “El equilibrio, la sobriedad arquitectónica, los ritmos austeros recuerdan la precisión de ciertos poemas mexicanos. Si Velasco hubiera sido poeta, su forma predilecta habría sido el soneto. Sus paisajes poseen el mismo rigor, la misma arquitectura desolada y nítida…


“Como Othón, logra recrear el paisaje de México sin ninguna concesión, sin ningún adjetivo. No necesita vestir la desnudez de lo que pinta con atavíos más o menos regionales para expresar que este paisaje frío y altanero, más desolado que triste, sólo pertenece a México. Frío, riguroso, insensible y lúcido, JMV sólo es una mitad del genio. Pero es una mitad que nos advierte de los peligros de la pura sensualidad y de la sola imaginación”.


El poeta Xavier Villaurrutia describió así la obra de este pintor costumbrista: “El azul del cielo del valle tiene una pureza de esmalte. Las nubes que en el cielo navegan, una consistencia de mármol. Los crepúsculos alcanzan variedades increíbles, pero raramente y sólo por excepción surgen colores inesperados. Aun entonces, una cortina de polvo finísimo atenúa los colores que de otro modo serían demasiado cálidos. Esa cortina de polvo se formó, silenciosa e insensiblemente, en los lagos de la vieja Anáhuac, hoy desecados”.


Al calificarlo como “arquitecto del aire”, el escritor Adolfo Castañón afirma: “En Velasco se da una convergencia de monumentalidad y de capacidad para reproducir en el grano más fino el detalle de las rocas, plantas y cielos.


“Esto no podría haberse dado sin una formación de dibujante científico, pero la sed, la necesidad de horizontes vastos y la convivencia constante con la grandeza y con la sencillez hacen de este artista un guía espiritual y moral que, en nuestros tiempos, tan socorridos por las diversas variedades de la cursilería, se vuelve imprescindible (…) José María Velasco es, por todo esto, uno de los padres fundadores del espacio pictórico mexicano e hispanoamericano”.





Fuentes: Secretaría de Cultura, INAH, INBAL.

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