Maximiliano en Irapuato



Aportación de Alberto Alvarado.


Irapuato tuvo la visita del Emperador Maximiliano por 15 días. Estuvo grave y salió adelante de la enfermedad.


En el siglo XIX tuvimos la visita de Maximiliano de Hamburgo y en su estancia se enferma, obligadamente tuvo que estar algunos días en esta localidad por cuestiones de salud. Fueron 15 días los que estuvo en Irapuato.


La junta de notables convino en elegir como candidato emperador de México al archiduque Maximiliano de Habsburgo y designó a una comitiva encabezada por José María Gutiérrez de Estrada, para ofrecer el trono de México a Habsburgo; tras varios meses y cumplidas las previas condiciones, Maximiliano aceptó oficialmente la corona mexicana el 10 de Abril de 1864, en Miramar, ese mismo día fue firmado el Tratado de Miramar por el ministro Velázquez de León, plenipotenciario del imperio mexicano y Charles Herbert, representante autorizado de Napoleón tercero.


La pareja imperial, conformada por Maximiliano y Carlota partió del castillo de Miramar el 14 de abril de 1864, en una fragata austríaca llamada Novara, la cual después de mes y medio de viaje, apareció el 26 de mayo de 1864 en las costas de Veracruz, en donde la población recibió de manera glaciar a la pareja. Después de pasar por Orizaba y Puebla, los emperadores llegaron a la Ciudad de México un domingo 12 de junio, en medio de una gran recepción festiva.


Emprende excursión


Maximiliano resolvió emprender una excursión con el objetivo de conocer personalmente las condiciones en que se encontraba la nación y sus necesidades, así como demostrar a las potencias europeas que en México imperaba la tranquilidad.


El 5 de agosto, el Monarca anuncio que emprendería un viaje, a través del ministro de Estado Velázquez de León, quién mandó una circular oficial:


México agosto 5 de 1864. Queriendo Su Majestad el emperador examinar por sí mismo el estado actual de los departamentos del Imperio, conocer sus necesidades en estos momentos en que más se hace sentir en los del interior la gran carestía y miseria; tratando de ser accesible su autoridad Suprema a los pueblos, cuyo gobierno le ha sido confiado, y poder realizar mejor la protección y fomento, que tanto desea para México, saldrá aproximadamente en unos días de esta capital. Ordenándome prevenga a todas, que deseando evitar gastos y considerando el estado en que han estado las poblaciones por los horribles sufrimientos de la guerra, no se preparen recibimientos, adornos y diversiones que originan desembolsos siempre gravosos para el pueblo: de lo que cuidarán especialmente los perfectos, así con Igualmente cuidarán de tener preparadas y pronta las listas de las cárceles y establecimientos públicos de instrucción beneficencia e industria, de manera a poderlas presentar inmediatamente a la llegada de Su Majestad.


El Monarca decidió hacer un viaje por el centro del país, sin duda, es una buena elección al emprender una excursión que duró 80 días.


Los emperadores bajaron del castillo de Chapultepec el miércoles 10 de agosto de 1864, a las 9 de la mañana, a la salida del Bosque, Maximiliano se despidió emotivamente de Carlota, una vez que montó en su carruaje la comitiva Imperial partió con rumbo a Tlalnepantla. Tras una semana de viaje la comitiva Imperial arribó a la ciudad de Querétaro entre las 4 y 5 de la tarde. Pernoctó en la casa de la familia Rubio ahora conocida como la casa de los 5 Patios, situado en la calle del Biombo, actualmente 5 de Mayo, en el inmueble lo esperaban varias autoridades, el señor subsecretario de Guerra, el prefecto político superior, el señor Desiderio de Samaniego, el prefecto municipal y algunos empleados del gobierno.


Para celebrar su llegada los vecinos iluminaron la ciudad.


Ahí estuvo seis días en Querétaro.


Maximiliano en el departamento de Guanajuato


A las 5 de la mañana del martes 23 de agosto de 1864, la comitiva Imperial partió de Querétaro al estruendo de las salvas de artillería, entre una valla que formaban hasta la salida de la ciudad las tropas francesas y mexicanas ahí reunidas.


A las 9 de la mañana ya estaba en Apaseo, donde el Emperador visitó tanto las escuelas como la iglesia, almorzó en el lugar y continuó su ruta hacia Celaya. Una legua antes de llegar a esta población, los celayenses salieron a recibirlo junto con las autoridades locales. Aquí le dieron alojamiento a Maximiliano en la casa de la señora Guadalupe Herrera viuda de Villaseñor.


El jueves 25 de agosto la comitiva salió a las 5:00 de la mañana de Celaya antes de hacerlo el Emperador se despidió de su anfitriona y fue acompañado en su partida hasta 3 leguas de distancia. Ese mismo día, el Monarca entró a la 1:30 a Salamanca. Cabe destacar que en este día el emperador se enfermó ligeramente de disentería, lo mismo que varias personas que formaban parte de su comitiva; tal vez por esto, al día siguiente Maximiliano empezaría sus visitas muchos más tarde de lo acostumbrado.


El sábado 27 de agosto de 1864, a las 6 de la mañana, el soberano salió de Salamanca en compañía de su comitiva, pasaron por la hacienda de Buenavista y llegaron a las 8:00 a la Villa de Irapuato.


Debido a los excelentes caminos, aseguró Maximiliano a Carlota como las anteriores poblaciones que había visitado el Emperador, en Irapuato las fuerzas francesas y mexicanas salieron a recibirlo, en la entrada de la población que estaba muy adornada por cierto, se encontraba una fuerza de caballería que formaba una valla. La gente asistente radiaba mucho entusiasmo cuando ingresó Maximiliano y las autoridades civiles lo estaban esperando en la casa del señor don Vicente Vargas, lugar en donde se le dio alojamiento al monarca. A esta persona, el Emperador, le concedió la medalla al mérito civil.


Debido a que una comisión de vecinos, a nombre de la población, le había suplicado que permaneciera un día más, el Monarca aceptó y fue a visitar el hospicio, la cárcel, el hospital y las escuelas; encontrando el hospicio en un estado lamentable, pues no había nada de utilidad en este local porque todo estaba destruido y arruinado. Compadecido el emperador de estos pobres infelices hospicianos, ordenó que se buscase inmediatamente otro local para trasladarlos lo más pronto posible.


En la tarde se realizó una comida a la cual estuvieron invitados el teniente coronel de Courzy y tres oficiales del batallón de cazadores a pie, que iba de paso para la Ciudad de México; la música durante la comida estuvo a cargo de dicho Batallón por lo que se tocaron varias piezas.


A las 9:00 de la mañana del domingo 28 de agosto, el emperador asistió a misa en la parroquia; a las 12 se fue a la trasladación de los hospicianos que había ordenado el día anterior, por lo que presenció la entrada de estos a su nueva casa y vio la comida que les dieron. En este acto concedió la medalla del mérito civil al Señor Don Francisco González, director del hospicio para premiar los grandes esfuerzos que hizo y recompensar su notable filantropía, misma que era bien conocida en la población.


En este día, para su desgracia el soberano enfermó gravemente.


Del 29 de agosto de 1864, al 11 de septiembre mucho más tiempo de lo previsto, Maximiliano y su comitiva permanecieron en la Villa de Irapuato debido a una fuerte inflamación de garganta que los atacó.


Gran número de personas, entre ellas 3 de la comitiva, también fueron afectados por esta enfermedad. Este incidente dio ocasión para qué los pobladores de esta Villa, así como de otras cercanas, mostraran su afecto hacia el emperador, pues, apenas se supo que estaba enfermo, numerosas personas de todas las clases empezaron a llegar a su alojamiento para informarse de su salud, por lo que fue preciso crear un registro para anotar todos los días los nombres de la multitud de vecinos que asistían.


Las autoridades por su parte acudían dos o tres veces al día para informarse del estado de salud de su Majestad.


Las señoras del lugar ofrecieron varias veces con empeños sus servicios, otros vecinos sabiendo que se iban a aplicar sanguijuelas al emperador enviaron a sus criados a buscar las mejores en distintos lugares cercanos.


Diariamente se recibían comunicaciones de las Autoridades de Guanajuato, León, Salamanca y otros puntos preguntando por el estado de salud del soberano; de igual manera algunas comisiones de poblaciones aledañas fueron manifestando un gran interés por él.


Durante el periodo que estuvo enfermo Maximiliano, la Emperatriz Carlota estuvo muy angustiada y temerosa por la salud de su esposo y se lo hizo saber a través de la correspondencia, misma que escribió entre el 4 y 8 de septiembre de 1864 en ésta se refleja claramente sus más sinceros sentimientos al respecto:


«Alabado sea Dios porque te encuentras de nuevo bien, he pasado unos días amargos por mi angustia acerca de tu preciosa salud… todavía ayer me preocupé mucho por la noticia de que tu sufrimiento continuaba. No eres como los otros hombres. Por ello temo siempre que te enfermes de modos diferentes, más de lo que se dice es más, ya ni siquiera sé si tienes cuerpo. Pues el relato de tu viaje me llena de tanta admiración que te tengo por un ángel. Tengo verdaderos celos de todo lo bueno que haces solo, en especial de los pensamientos elaboras tan rápida y prácticamente”.


En otra misiva con fecha 8 de septiembre de 1864, la Emperatriz dice lo siguiente a su esposo:


Tesoro entrañable amado que angustiada estuve de nuevo por tu recaída, hubiera querido estar contigo pero sabía muy bien que era imposible. Bombelles, siguiendo el impulso de su corazón, casi habría hecho el viaje cabalgando hasta Irapuato, pero sin duda hubiese desfallecido y yo también se lo desaconseje, lo único que me tranquilizó fue que Almonte dijo que las anginas son muy frecuentes aquí, pero nunca peligrosas como en Europa, tanto más cuánto que duran tanto. A pesar de todo tienes que tomar precauciones; Tesoro mío cómo te habrá dolido. Te aseguro que pensé sin cesar en ti.


Se debe subrayar que la prensa fue el medio que utilizó la autoridad para dar a conocer y difundir el estado de salud del emperador, durante su permanencia en Irapuato. En ese sentido el secretario del gabinete el emperador mandó un comunicado explicando el motivo de la enfermedad y su evolución al órgano periodístico La Sociedad, con la intención de que fuese publicado de la siguiente manera:


Damos publicidad a la siguiente comunicación:


Gabinete del Emperador. Irapuato Septiembre 5 de 1864. Excelentísimo señor según se ha anunciado a V.E. en mis partes telegráficos al día siguiente se llegar a esta Villa, fue atacado Su Majestad el emperador de una inflamación de garganta, que aunque al principio empezó ligera y cedió a las medicinas empleadas contra ella, volvió después con nueva fuerza y lo ha hecho sufrir algunos días.


La invasión y la exacerbación del mal se explican por las variaciones bruscas de temperatura que han desarrollado aquí una epidemia de esta enfermedad.


En efecto muchos de los habitantes de este lugar, y además tres personas de la comitiva Imperial, han sido afectados por ella. En su Majestad el emperador que es de constitución robusta y ha padecido otras veces esta misma enfermedad, se desarrolló con violencia y lo ha hecho padecer el tiempo que ha tardado en formarse la supuración, pero afortunadamente hoy a las 4 de la mañana se ha abierto la angina, con lo que esperamos termine el mal y dentro de pocos días encuentre S.M.I. en estado de poder continuar su viaje.


Lo que participo a V.E. en cumplimiento de mi deber, y para que el público de México, alarmado ya por la noticia de esta enfermedad, esté al tanto del estado que guarda.


Dios guarde a V.E. muchos años. El secretario del gabinete del Emperador Ángel Iglesias, excelentísimo señor ministro de Estado.


Para el sábado 10 de septiembre llegó de León a Irapuato el general Uraga, quién tenía poco tiempo de adherirse al imperio, el general arribó a las 12 del día y a esa hora lo recibe el emperador. Una vez que terminó su entrevista con el militar, Maximiliano lo describió a través de una carta la Emperatriz Carlota su experiencia en Irapuato, mencionando Los sufrimientos que padecía por su enfermedad y como, de alguna manera, aprovechó esté tiempo leyendo sobre historia; asimismo, le comentó las impresiones que lo dejó el conocer al general Uraga, en la epístola el soberano se expresó con estas palabras:


Por fin puedo escribirte unas cuantas líneas, mi vida, y agradecer de todo corazón tus cartas infinitamente cariñosas a interesantes. Hace ya 14 días que estoy en este desdichado Irapuato, pero si Dios quiere mañana saldremos con rumbo a Dolores Hidalgo para festejar ahí el día de la independencia. Estuve verdaderamente muy enfermo y padecí muchísimo, durante 3 días no pude hablar y casi muero de hambre y de sed; y tan lejos de ti, mi consuelo, tan solo y abandonado fue lo más terrible, tuve una nostalgia tan tremenda por México. Las noches fueron especialmente penosas, pues tenía ahogos continuos y por tanto no podía dormir. Durante ese tiempo leí mucha historia y encontré gran consuelo en ello, me hizo mucho bien ver que también otros hombres tuvieron que luchar con grandes dificultades. Además la infinita amabilidad y cordialidad que me mostró toda la gente fue otro gran consuelo, me trataron con mucho amor profundamente conmovedor…


Hoy vi por primera vez al general Uraga, me cayó muy bien, aunque es muy pequeño, pero tiene una cabeza hermosa y maneras muy agradables.


Al día siguiente, el domingo 11, una vez recuperado, el emperador determina seguir su camino, por lo que escuchó misa a las 7:30 en su alojamiento, acompañado tanto de su comitiva como por el general Uraga; enseguida dio audiencia a 4 o 5 personas que la habían solicitado. A las 8:30 monto en su carruaje y emprendió la marcha pasó por la hacienda de Doña Rosa, donde almorzó la comitiva. Cruzaron varias haciendas en donde Maximiliano y sus acompañantes ingerían sus alimentos o pernoctaban, hasta que a la 1:30 de la tarde del día 13 arribaron a San Miguel Allende.


Fueron 15 días los que estuvo Maximiliano de Habsburgo en Irapuato, debido a su prolongada enfermedad.

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