Nacimiento del Pbro. Don José Ignacio Basurto



Nació en Salvatierra el 9 de abril de 1755, hijo de don José Ignacio Basurto y doña María Luz Aguilar.


Hizo sus primeros estudios en esa ciudad y los continuó en el seminario Conciliar de Morelia, donde adquirió una gran fama literaria que alcanzó como humanista.


Se encargó del curato de la ciudad el 10 de noviembre de 1805, cargo que desempeñó hasta su muerte sucedida el 8 de enero de 1810.


Durante su presbiterio terminó el actual Santuario Diocesano el 8 de septiembre de 1808.


Lejos de las grandes ciudades de México y Puebla, se dio cuenta de que los niños pasaban su tiempo escuchando “los cuentos de Pedro de Urdemalas, el Príncipe Lagarto y otras innumerables fruslerías”, según él calificó esas obras. Por ese motivo, decidió escribir, en sus pocos ratos libres, unas fabulas como “ejercicio de utilidad y diversión”, las leyó a sus oyentes y las guardo en un estante.


Su obra literaria está comprendida en un libro de lectura para niños titulado: Fábulas morales para la provechosa creación de los niños que cursan escuelas de primeras letras, (1802).


El Cronista de la Ciudad de San Andrés de Salvatierra, Miguel Alejo López, señala que:


La obra original del padre Basurto fue editada en la Imprenta de la Calle de Santo Domingo y esquina con Tacuba en la Ciudad de México. Mide 15 cm. de altura por 10 cm. de ancho. Su encuadernación es en pasta dura, además de la portada, en las primeras páginas está el dictamen de Fray Ramón Casaus y Torres, de la Orden de los Predicadores, y Calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y el parecer del Provisor de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de México, R.P. don Ramón Fernández del Rincón, contiene 24 fábulas, entre ellas: “El Perico”, “La Culebra y el Sapo”, “La Ardilla”, “Las Abejas, joven y vieja”, “El Caballo y el Buey”, “El Rústico”, “La Luciérnaga, el Grillo y el Ratón”, “Las Hormigas buxilera, y arriera”, “El Pajarillo Preso”, “La Araña y la Tejedora”, y muchas más.


El valor pedagógico de la obra se refleja, además de su perfecta redacción, en la descripción del contexto y paisaje del Bajío, en lugar de encontrar animales extranjeros como el león o la jirafa, o plantas como la vid o el pino, nos muestra animales más nuestros, como: el coyote, el tejón o la ardilla, y plantas como el puchote, el casahuate o el huisache. En su lenguaje utiliza, por ejemplo, la palabra zacate en lugar de pasto.


En el mismo título de la obra se refleja que está dirigida a las escuelas de primeras letras, no a una escuela en particular, esto nos habla de su vocación docente y su gran preocupación por la formación en valores, dentro de el adecuado contexto curricular de espacio y tiempo de los educandos, como es la niñez en la escuela de primeras letras, tema de moda en la educación hoy en día que él abordó hace un poco más de doscientos años. Critica también, en su prólogo, las lecturas consideradas en su tiempo como vanas, sin ningún sentido didáctico y de entretenimiento ligero, como Pedro de Urdimalas y el Príncipe Lagarto. (Fragmento tomado de Arcadia Salvaterrense, Blog editado por Pascual Zárate Avila)


Fuente: Monografía de Salvatierra / Ediciones de la Universidad de Castilla – La Mancha / Arcadia Salvaterrense.

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