Octava Edición del Festival Internacional Cervantino

#MemoriaDelCervantino



Año de 1980


El octavo Festival Internacional Cervantino, que se realizó del 26 de abril al 18 de mayo, fue muy brillante y el boletaje estuvo muy codiciado por los entusiastas del arte, debido a la presencia de instituciones de la dimensión de la New York City Opera, dirigida por Beverly Sills, de origen ucraniorumano, quien había vivido sus mejores épocas de soprano en esta compañía en las dos décadas precedentes; en Guanajuato se presentó con El barbero de Sevilla, una de las obras maestras de la ópera bufa, del italiano Gioacchino Rossini.


Por otra parte, la Real Ópera Flamenca de Amberes, ubicada en la segunda ciudad más importante de Bélgica, dirigida por Frits Celis y Sylvain Deruwe, interpretó El rapto de Lucrecia, ópera de cámara de Benjamin Britten cuyas fuentes textuales se remontan a Tito Livio y Ovidio, representantes ambos de la época de oro de la lengua latina. También se presentaron el Coro Académico de la UNAM; la Orquesta de Filadelfia; el Cuarteto de Cuerdas de Tokio, formado por los violinistas Martin Beaver y Kikuei Ikeda, el violista Kazuhide Isomura y el violonchelista Clive Greensmith; el Cuarteto Madrigalistas de Madrid; el Cuarteto Tel Aviv; la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, una de las instituciones musicales alemanas de más amplio reconocimiento en el mundo, y la Orquesta Sinfónica Nacional.


También brillaron en escena el Trío México, integrado por el pianista Jorge Suárez, el violinista Manuel Suárez y el violonchelista Leopoldo Téllez; los pianistas Claudio Arrau de Chile, Martha Argerich de Argentina, el soviético Lazar Berman, el francés-chipriota Cyprien Katsaris, Ewa Osinska de Polonia y Alexis Weissebberg de Bulgaria; la cellista estadunidense Christine Walevskade; el pianista y saxofonista Ray Charles; el actor y contador de corridos Ignacio López Tarso, y el cantante Pedro Vargas, originario del estado de Guanajuato, intérprete de música vernácula que despertó el entusiasmo entre los asistentes mexicanos y extranjeros, sobre todo con canciones de su coterráneo José Alfredo Jiménez, de sobra conocido en países de habla hispana.


A los anteriores se sumaron con luz propia el Ballet Folclórico de las Américas, el Ballet Nacional de Canadá, el Ballet Nacional Folclórico de Hungría, el Ballet Nacional de México, el Conjunto Folclórico Dimitrovec de Checoslovaquia, el Ballet Folclórico de la Universidad de Guadalajara y Nikolais Dance Theatre de Estados Unidos.




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