Templo de Nuestra Señora de la Salud, en San Miguel de Allende




Esta capilla tiene una historia muy interesante: se coloca la primera piedra el día 8 de abril de 1717, por el Visitador del Obispado D. Mateo Espinoza e Hijar. Se terminaron los trabajos y se bendice en 1723 por el R.P. Propósito D. Maciel Betancourt, C. O., gracias entre otras cosas, a los trabajos y desvelos del P.D. Juan de Dios Arcila y Velasco, Oratoriano, quien recorre la Diócesis de Valladolid, pidiendo limosna para este fin.


A partir de ese momento se convierte en el Oratorio Parvo, cuyos miembros dan origen al rezo cantado del rosario que mensualmente el día 19 recorre las calles de la villa.


En 1734, once años después de terminado el Templo, el P.D. Luis Felipe Neri de Alfaro, recién ordenado sacerdote es nombrado Prefecto del Oratorio Parvo, el cual movido por su piedad y entusiasmo viendo la pobreza e incomodidad de la capilla (era estrecha y techada de viguería y tejamaní) aprovechando la presencia del arquitecto Custodio Durán, le solicitó aceptara hacer los planos y dirigiera el humilde trabajo solicitado por el Padre Prefecto, consistente en una nueva capilla.


La permanencia en la Villa del arquitecto fue breve e irregular. Terminando su contrato con el Sr. De la Canal a fines del año de 1735 no regresa a San Miguel. El padre Alfaro se quedará con el plano o “mapa” de su capilla para terminarla por su cuenta.


De esta manera, sin que mediera milagro alguno, ni que el R.P. Luis Felipe pagará la totalidad del costo de la construcción de su patrimonio personal, fue terminada la capilla de la Salud y dedicada solemnemente el 5 de octubre de 1737. Precedida por un solemne Novenario y un Octavario, en donde participaron además del pueblo de la villa con sus invariables fiestas callejeras, lo más selecto de los oradores sagrados, pertenecientes a las comunidades religiosas residentes en San Miguel: Franciscanos, Dominicos (su convento estuvo anexo a la capilla de San José) y el clero Diocesano, amén de los propios padres filipenses, todos los cuales predicaron las glorias de María.


Curiosamente, y en contraste con la gran mayoría de iglesias latinoamericanas, se trata de un templo alegre. En sus paredes podemos encontrar imágenes de banquetes y comidas campestres. Fue construida en el siglo XVIII y servía como capillas para el vecino Colegio de San Francisco de Sales.


Su principal encanto emana de la simplicidad y el uso de colores alegres. Su mayor atractivo, la pequeña capilla de la Virgen de las Tres Aves, se encuentra prácticamente escondida en una de las esquinas del edificio, como si esperara a ser descubierta por los curiosos. La fachada tiene como elemento diferente de las obras del Arquitecto Custodio Durán realizadas en México, el empleo de pilastras estípites en lugar de las pilastras con fustes de estrías ondulantes o zigzagueantes, al modo guariniano, como referencia al estilo salomónico supremo, que tanto le gustaba usar a este Arquitecto.


Fuente: La Villa de San Miguel el Grande y la Ciudad de San Miguel de Allende; José Cornelio López Espinoza; Conaculta.


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