Tomasa Esteves y Salas “La Friné Mexicana"



Era conocida como "La Friné Mexicana", título que se le dio por una muy merecida razón: su belleza.


Tomasa Esteves y Salas nació en Salamanca, Gto., en el año de 1788. Mujer de gran hermosura y carácter simpático. Su marido había caído víctima de las balas realistas, y ella también anhelaba la Independencia de México.


El 24 de septiembre de 1810, el Padre de la Patria, Miguel Hidalgo llegó a Salamanca con su Ejército Insurgente, acompañado por Allende, Abasolo y Aldama, se alojó en una casa propiedad de su amigo el padre Fray Agustín Salvador Perea, Prior Agustino (ubicada actualmente en la esquina de las calles Juárez y Albino García). Ante la muchedumbre allí reunida habló don Miguel Hidalgo, desde el balcón. Destacan de entre la multitud Tomasa Estévez y Salas junto con los salmantinos Andrés Delgado "El Giro" (quien apenas tenía 18 años cuando se presentó ante el cura Hidalgo), Albino García y el Padre Rafael Garcilita, quienes fueron comisionados para conforman el primer frente insurgente, para que como jefes guerrilleros revolucionen por distintas partes del país, con la venia del cura Hidalgo.


Como insurgente se dedicó a auxiliar a los enfermos y heridos caídos en la lucha, atraer soldados realistas al bando insurgente, así lo señaló el parte de Agustín de Iturbide al Virrey "fue la principal agente en procurar la deserción que considerablemente se ha verificado”; además de conseguir información secreta de los realistas a favor del ejército insurgente, siendo famosa por su astucia y valor.


En una noche tempestuosa del mes de agosto de 1814, cerca del pueblo de Valtierrilla, Salamanca, Tomasa Esteves fue capturada junto a los patriotas Miguel Yáñez, José Esquivel y Eustaquio Hernández, "Emisarios de la mayor confianza de los rebeldes".


El 9 de agosto de 1814, en la Villa de Salamanca, Tomasa Esteves fue pasada por las armas de las fuerzas realistas. Para escarmiento de su sexo fue colocada su cabeza en la plaza pública de esa Villa.


En la Independencia, todo reo condenado a muerte tenía derecho a solicitar una gracia o deseo. La heroína insurgente salmantina Tomasa Esteves, pidió cuatro, después de ser aprehendida por los realistas al mando de Agustín de Iturbide:


· ​En su primer deseo, pidió no le dispararan a su bello rostro para que no la desfiguraran.

  • En el segundo de sus deseos, solicitó le llevaran un sacerdote para confesar sus culpas.

  • En su tercer deseo, pidió que le vendaran los ojos, para no ver el momento de las armas apuntando hacia ella.

  • En su cuarto y último deseo, solicitó que le prendieran con alfileres en todo lo largo y lo ancho de su falda, para que al caer su cuerpo, no se le descubriera ni siquiera el tobillo, y su postura se viera decorosa con toda delicadeza que siempre la distinguió.​


El sentir de su madre

A Tomasa Esteves le sobrevivió su madre como refiere un escritor, y ella con el mismo temple de las almas grandes, es acompañada en su casa por numerosas amistades, cuando oyó las detonaciones que cortaron la existencia de su hija, sin derramar una lágrima dijo: “¡ Ahora sí, ya es tiempo de elevar a Dios nuestras oraciones!”.


Fuentes: Galería de Héroes y Heroínas de la Independencia. Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato

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